La Doctrina Monroe 2.0: El anglo ha vuelto sobre América Latina
diciembre 11, 2025
Después de que se publicara, en
noviembre de 2025, la National Security Strategy of the United States of
America, queda clarísimo que Estados Unidos no está jugando: está mostrando sus
cartas de mafioso global, la pistola ya no está debajo de la mesa, está sobre
la mesa, y nos recuerda, sin vergüenza, quién manda en el barrio. Asia y Europa
pueden esperar; América Latina, en cambio, aparece como “prioridad” no por
respeto, sino por conveniencia: lo que buscan no es alianza ni bienestar, sino
extorsión, chantaje y control total.
Durante años nos vendieron la
ilusión de la distancia. Que la guerra en Ucrania era un problema europeo. Que
el pulso entre Taiwán y China era un drama asiático. Que lo de Gaza era horror
lejano y ajeno. Error. La distancia era y es mera propaganda. La lógica es la
misma en todas partes: asediar, desestabilizar, imponer. La mafia ya no está
lejos. Está en el patio. Está en la puerta.
Venezuela no se “desangra” sola:
está cercada, asfixiada, rodeada de presión militar y financiera diseñada para
quebrarla lentamente. Honduras no es una anomalía: Trump metiendo las manos en
procesos internos, presiones diplomáticas, operadores políticos alineados.
Argentina tampoco es ajena a la coreografía: condicionamientos financieros,
tutela encubierta, castigos económicos a la desobediencia. No son accidentes:
esto va diseñado.
Mientras tanto, nosotros, los
latinoamericanos, seguimos en lo de siempre: resignación, distracción y esa
peligrosa costumbre de normalizarlo todo. Discutimos migajas mientras nos
arrebatan el pan completo. Nos indignamos por episodios menores mientras nos
vacían la estructura por dentro. Incapaces de levantar la mirada más allá del
ombligo.
Este documento no es un papel
más. Debería provocar alarma, estudio y sacudida. Y, sin embargo, seguimos
subestimando a un gigante que no nos ve como vecinos, sino como su patio
trasero, como su bodega de recursos, como esa reserva de cuerpos baratos. Mientras
nos entretenemos con buenas intenciones y debates estériles, el mafioso se ríe,
planifica y avanza.
Todo esto debería despertarnos
del mito de la lejanía. Las guerras, las intervenciones, las maniobras
geopolíticas que creíamos ajenas ya están tocando a nuestra puerta. Mientras
nosotros seguimos distraídos, el mafioso global ajusta su plan, alinea gobiernos
dóciles y elimina obstáculos sin pedir permiso. América Latina ya no es
periferia para ellos: es parte central del tablero. Y nosotros, si no rompemos
el juego, seguimos siendo las fichas sacrificables.
Estados Unidos ha decidido dejar de jugar al benefactor y abrazar sin pudor el papel que siempre le calzó mejor: el del mafioso con corbata. El apartado del “Western Hemisphere” no es una estrategia; es una nota de cobro. Después de años vendiendo el cuento de la democracia, ahora pasan directamente a la técnica del garrote: “reafirmar” la Doctrina Monroe, negar la entrada a competidores, quedarse con los activos “estratégicos” y repartir premios solo a los gobiernos obedientes. Es el manual del padrino: o estás conmigo o tu puerto, tu mina y tu red eléctrica “empiezan a tener problemas”.
Lo más obsceno no es la
intención, sino la franqueza. Ya ni siquiera sienten la necesidad de simular
elegancia. Hablan de “enlistar campeones regionales” como quien recluta matones
de barrio para vigilar calles que no les pertenecen. Centroamérica no es una
comunidad de pueblos; es un cinturón de seguridad barata, una muralla viva que
detiene migrantes, drogas y cualquier idea de autonomía que les incomode.
Honduras, Guatemala, El Salvador no aparecen como países, sino como
herramientas: filtros humanos, escudos logísticos, parcelas de soberanía en
remate.
La lógica es tan primitiva que
asusta por su sinceridad. Temen a China, pero no con el miedo racional del
estratega, sino con el pánico del imperio viejo que siente que alguien más sabe
fabricar cosas mejor, más barato y más rápido. Y cuando el imperio no sabe
competir, no innova: extorsiona. Como todo mafioso torpe, en lugar de mejorar
su negocio, decide secuestrar a sus clientes. “Serás nuestro socio preferente”,
dicen, mientras apuntan con la pistola bajo la mesa. “Tendrás acceso al
mercado”, repiten, mientras te exigen contratos exclusivos, expulsión de
terceros y sumisión tecnológica.
El documento es una oda al saqueo
elegante. Quieren puertos, quieren minerales, quieren rutas comerciales,
quieren redes de datos blindadas con su propia encriptación, quieren que las
empresas de su país tengan contratos sin competencia. Y encima lo adornan con
el lenguaje de la seguridad. Es el típico ladrón que te vende un sistema de
alarmas después de romper la ventana. Primero generan la sensación de amenaza
global, luego ofrecen la jaula como refugio.
Y lo peor: no es solo violencia
externa, es nuestra fragilidad interna. Porque este proyecto solo funciona si
hay élites locales dispuestas a firmar. Y las hay. Gobiernos felices de cambiar
soberanía por préstamos, partidos cómodos con ser capataces de la finca en
nombre de la estabilidad. Nos venden la fantasía de que ser colonia “segura” es
mejor que ser país pobre pero soberano y bloquearnos las opciones de mejores
socios en Eurasia y China. Nos educan para agradecer la bota siempre que venga
pulida.
El uso de la migración es
especialmente nauseabundo. Ellos destruyen economías, imponen modelos,
promueven dependencia, y luego convierten a los migrantes en amenaza que
justifica más control. Honduras no es una sociedad con heridas históricas: es
un “riesgo de desborde” que debe ser contenido. Nos reducen a estadística
incómoda, a río humano que hay que desviar, a problema logístico. La dignidad
no entra en sus ecuaciones.
La multipolaridad ha despertado a
los pueblos y a la vez le ha sacado la careta a la mafia anglosajona. Durante
años se vendieron como árbitros del mundo. Ahora se comportan como viejas
paranoicas con un revólver en la mano: todo es amenaza, todo es infiltración,
todo es complot. China ya no es solo la competencia, es también una obsesión.
Mientras no pueden detener su avance industrial, deciden encerrar el barrio. Es
el abuelo que no puede competir en la carrera y decide romperle la pierna al
rival.
Y ahora viene la parte incómoda
para nosotros: si seguimos en la lógica de mendigar inversión, aceptar
contratos leoninos y celebrar cada base militar como “seguridad”, no somos
víctimas, somos cómplices de nuestra propia domesticación. Nadie te secuestra
si tenés la puerta blindada. Nadie te extorsiona si no dependes de su caridad.
Pero seguimos celebrando migajas, firmando tratados como si fueran favores y no
trampas.
Este “Festung América” no es
ninguna protección: es un corral. No es ninguna cooperación: es captura de
nuestros pueblos. No hay alianzas: es la máxima subordinación. Y solo un
neandertal entusiasta puede creerse el cuento de que esto es “bueno para la región”.
Lo que es, es un imperio viejo oliendo su propia decadencia, endureciendo el
perímetro porque ya no puede mandar en el mundo como antes.
Si América Latina sigue soñando
con ser “socio preferente” de su verdugo, estamos perdidos. Si seguimos
creyendo que nos van a desarrollar por caridad, también. Lo único sensato es
construir músculo propio: productivo, tecnológico, financiero, político. Dejar
de mendigar padrinos y empezar a pensar como bloque. Porque el mafioso no te
respeta cuando le sonreís: te respeta cuando sabe que no te puede tocar.
El imperio ya habló. Ya no pide
permiso. Ya no disimula. Ahora nos toca decidir si vamos a seguir aplaudiendo
mientras nos construyen la jaula o si, de una vez por todas, aprendemos a
fabricar nuestras propias llaves.
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