Últimamente se ha armado un
pequeño escándalo entre Honduras y Nayib Bukele, y conviene aclararlo: todo
comenzó desde Honduras, primero a través de medios de comunicación, luego
escaló por los ministros de seguridad, y finalmente toda la cúpula del partido
en el poder se volcó a atacarlo. Hablamos de una cúpula de la derecha más
rancia, pro-gringa, sionistoide… y cualquiera con un mínimo de sensatez se
preguntaría: ¿qué hace la denominada derecha atacando otro gobierno de derecha?
Y aquí seguimos, usando todavía esos términos de “derecha” e “izquierda” como
si definieran algo. No señor: lo que está pasando es un globalismo hondureño
financiado por las élites occidentales, pagando a las cúpulas locales para
atacar al presidente Bukele. Lo casual es qué se pusieron todos en sintonía a
despotricar contra el Gobierno Salvadoreño. Bukele, por su parte, intentó
mantener la reserva, pero la mediocridad de estos políticos hondureños no le
dejó otra.
Definitivamente, el mejor consejo
que le puedo dar a Bukele y a todo su gabinete es simple: desconfíen de
absolutamente todo y todos en Honduras. No importa el color político, si se
dicen de izquierda o de derecha, no confíen. Lo que ha pasado recientemente,
que un partido de la llamada derecha liberal y sionistoide se lanzó contra
Bukele sin que siquiera hubiera un conflicto real, tiene una sola explicación:
la cúpula gobernante en Honduras es globalista, sin más.
Que hayan atacado a Bukele casi
al unísono, usando a todos sus esbirros en el aparato estatal y los medios de
comunicación, es el reflejo perfecto de que alguien pagó por esto. Y, oh
casualidad, la oposición en El Salvador también se lanzó contra Bukele justo
hace unos días. Qué sincronización tan... “natural”, ¿verdad?
Y ahora aparecen unos pastores
evangélicos en Honduras diciendo que “Dios lo castigará”. Sí, esos pastores que
tratan a Dios como si fuera una tarjeta mágica que les da superpoderes, como si
tuvieran línea directa con el cielo. Que quede clarísimo: alguien está soltando
billetes para difamar a Bukele, y viene del globalismo occidental, esa Europa
liberal que es la última trinchera de todas esas ideologías ridículas.
Ah, y no me hagan empezar con los
anglosajones, que cuando Bukele deje de ser útil, lo van a devorar sin
pestañear. Pero la clave es clara: Bukele no debe confiar en absolutamente nada
de lo que ocurre en Honduras. Ni por un segundo.
Aquí, en esta Honduras que a
veces parece un laboratorio de las peores aberraciones, se gestó el golpe de
Estado contra Jacobo Árbenz en 1954. No lo olviden. Honduras ha sido durante
décadas el patio trasero de la CIA. Desde aquí se entrenaron contras para
derrocar al gobierno sandinista de Nicaragua. Desde aquí se planearon golpes y
se conspiró contra gobiernos legítimos una y otra vez. No hay un ápice de
fiabilidad en estas cúpulas.
Ese es el consejo: no confíen, no
bajen la guardia, no crean ni una palabra de estos personajes ridículos.
Todos estos cábulas, crápulas,
criaturas que desatan sus horrendas cabronadas, prefirieron estar del lado de
las pandillas antes que de su propio pueblo. ¿Se dan cuenta? Sepa Dios qué
entidad satánica gobierna Honduras para que prefieran defender a los asesinos
antes que proteger a familias que quieren salir a la calle sin miedo.
Atención, liberal-libertarios de
América Latina: su querida derecha, la misma que aplaudían hace un mes en redes
por Donald Trump, aquí se puso del lado del crimen organizado. Sí, defendiendo
los “derechos humanos” de los sicarios. Que quede clarito, que no haya
confusiones.
Y qué curiosos son los
hondureños, con su maldito hábito de ser hocicones, diciéndole a Bukele que no
se meta, mientras ellos fueron los que iniciaron todo el relajo. Fueron los
medios hondureños los que se entrometieron, los que empezaron a atacar a Bukele,
y luego tienen la cara dura de decirle “no te metas en Honduras”. ¿De qué están
hablando, hocicones? ¿Quién tiró la primera piedra y luego se hace la víctima?
Le están diciendo a los salvadoreños cómo vivir sus vidas, ellos que eligieron
a Bukele con aprobación histórica, ellos que decidieron que querían seguridad
de verdad y no discursos vacíos.
Todavía no distingo bien cuál es
el ardor que tiene el Partido Nacional. ¿Será porque Bukele no reconoció a su
títere de turno, a su monigote de turno? ¿O alguien está pagando por este circo
para atacar a Bukele de un día para otro? Porque todo comenzó de la nada. Qué
raro, qué conveniente, qué sospechoso.
Pero los hechos son tercos: las
autoridades de Honduras prefieren a las pandillas sobre su propio pueblo. Que
alguien entienda: algo siniestro y oscuro gobierna Honduras, el más repugnante
de los globalismos, esa mezcla de cinismo, corrupción y entrega a intereses
extranjeros. Ni el pueblo hondureño ni Bukele y su gabinete deberían confiar en
esta élite. Ni ahora, ni nunca.
Porque ya se demostró: cuando hay
que elegir entre proteger a los ciudadanos o quedar bien con ONGs y organismos
internacionales, estas élites siempre eligen a los segundos. Y eso, en lenguaje
llano, se llama traición a tu pueblo.