Profecía y supervivencia: Lecciones de Dawn of the Planet of the Apes
marzo 09, 2026
Soy un gran fan del séptimo arte, y pocas cosas me interesan más que aquellas películas de ciencia ficción que logran ir más allá del espectáculo para plantear preguntas incómodas sobre la naturaleza humana. Dentro de ese tipo de obras se encuentra Dawn of the Planet of the Apes, la segunda entrega de la moderna revitalización de Planet of the Apes. Aunque mi versión favorita sigue siendo la icónica película de 1968 protagonizada por Charlton Heston, esa que vi por primera vez siendo adolescente y que me dejó obsesionado con la ciencia ficción filosófica, esta saga contemporánea me causó una impresión inesperadamente profunda.
Esta entrega, dirigida con una precisión visual notable por Matt Reeves, me hizo pensar constantemente en un libro que leí hace años: The Way of Men, de Jack Donovan.
No es que vaya buscando conexiones ideológicas en cada película que veo. De hecho, suelo ser escéptico cuando el cine contemporáneo intenta sermonearme sobre política. Pero Dawn opera en un registro diferente: es una película sobre supervivencia pura, sobre cómo se reorganizan las sociedades cuando se retiran las comodidades de la civilización, y sobre qué significa realmente ser un "hombre", o en este caso, un macho, cuando ya no hay estructuras institucionales que definan el valor. Tanto machos como hembras son importantes para la supervivencia: los primeros cargan con la responsabilidad de asegurar la tribu desde afuera y la caza, y las segundas cargan con la responsabilidad de asegurar la tribu desde adentro y la recolección. Forma y función, es decir, una comunidad orgánica conducida por un macho alfa. A través de este ensayo revisaré la película antes mencionada, haciendo un contraste entre la esencia de la película y las ideas desarrolladas en The Way of Men.
Aviso de spoilers: Antes de seguir, advierto que en la reseña mencionaré algunos detalles claros de la película, por lo que, a menos que esté interesado en verla y sorprenderse, no siga leyendo. Ahora bien, si al leer el artículo termina despertando su interés, pues mejor. A veces las mejores películas son aquellas que ves sabiendo de qué tratan, porque puedes apreciar la ejecución más allá de la trama.
Una nota metodológica: ignoraré la demonización de los bonobos que suele aparecer en estos debates, ya que como no soy ni liberal ni feminista, esta controversia es completamente irrelevante para mí. En este ensayo, los chimpancés y los bonobos serán tratados todos como chimpancés, simplificando la taxonomía para centrarnos en la dinámica social que la película presenta.
El colapso económico y social de la civilización occidental se ha hecho realidad: la naturaleza ha reclamado su lugar, su papel, su trono, y, en San Francisco, la humanidad es ahora sólo una pequeña colonia de aquéllos que son inmunes al virus. Pero también hay una comunidad de simios, una comunidad diversa (ya que no hay sólo chimpancés, más bien también gorilas, bonobos y orangutanes) regida por chimpancés machos, los que se valen de su fuerza y capacidad organizativa.
Lo fascinante de esta película, y aquí es donde Reeves demuestra su talento como director, es cómo logra hacernos empatizar con ambos bandos sin caer en el moralismo fácil. No hay "buenos" y "malos" en el sentido tradicional del cine de Hollywood. Hay dos grupos luchando por la supervivencia, cada uno con su propia lógica interna, cada uno con su propia forma de entender el mundo.
Aunque podríamos hablar de cuán diversa es su comunidad simia, la verdad es la siguiente: tienen una sociedad de castas funcional, no una democracia liberal. Los gorilas son los encargados de las fronteras, son las patrullas fronterizas, utilizando su fuerza extrema donde más se necesita. Los orangutanes, dirigidos por Maurice, tienen una posición similar a la casta de los brahmanes en la India tradicional, con Maurice estando a cargo de enseñar a leer y escribir en la comunidad, preservando el conocimiento. Como he mencionado anteriormente, los chimpancés son los gobernantes, al igual que la casta kshatriya son los guerreros y los cazadores. Es una jerarquía que no necesita explicarse a sí misma porque funciona.
"El primer trabajo de los hombres ha sido siempre mantener el perímetro, para enfrentar el peligro, para cazar y luchar."
-Jack Donovan, 2012, «A Check To Civilization», The Way of Men
Esta cita resuena en casi cada escena de la película. Cazan por carne, matan por carne, comen carne. No hay vegetarianismo ético en el mundo post-apocalíptico de los simios. Usan pinturas de guerra en sus rostros con el fin de asustar a su presa, pero también para compartir los rituales de caza y lucha, con cicatrices, lanzas y sangre. Es una estética que evoca a las tribus guerreras de la antigüedad, pero también a algo más primordial: la necesidad de marcar la diferencia entre cazador y presa, entre miembro de la tribu y extraño.
Cuando Ojos Azules (el hijo de César) es herido por un oso durante una caza, la escena funciona como un momento de iniciación truncado. Koba (o César, no lo recuerdo con exactitud quién pronuncia la línea) le dice: «Las cicatrices te hacen fuerte». No es una frase consoladora de padre a hijo herido. Es una declaración de principios sobre cómo funciona el mundo.
"(…) para ponerlo en palabras de Tyler Durden, «¿Cuánto puedes saber sobre ti mismo, a menos que nunca hayas estado en una pelea?» Hombres modernos no sólo carecen de la iniciación a la edad adulta (…), carecen de pruebas significativas de fuerza y coraje."
-Jack Donovan, 2012, «What is the best in life?», The Way of Men
Ojos Azules estaba molesto debido a su cicatriz, avergonzado quizás de aparecer débil ante la tribu. Pero, aunque él luchó y fue derrotado por el oso, en ese momento fue reconocido como un miembro de la banda. No por ganar, más bien por enfrentarse al peligro. Un verdadero cazador, portador de una cicatriz. La diferencia entre la sociedad simia y la humana en la película es precisamente esta: los humanos han olvidado el valor de estas pruebas, mientras que los simios las han recuperado por necesidad.
La comunidad es pacífica, pero no por naturaleza bonobo. Descargan la extremaidad y la violencia a través de la caza, canalizando agresiones hacia objetivos externos. La paz dentro de la comunidad está asegurada por la fuerza y poderío de su macho alfa, César, el chimpancé más inteligente, interpretado con una sutileza asombrosa por Andy Serkis. Koba es violento y extrema, tal vez incluso más que César, pero Koba carece de la inteligencia y la perspectiva que caracterizan a César. Esta cualidad hace a César más fuerte que cualquier simio: comprende la forma y función de la comunidad, y deja a un lado sus propios intereses para dar a la comunidad lo que necesita.
Aquí la película se vuelve
genuinamente trágica. César no es un líder perfecto porque sea moralmente
superior en el sentido moderno. Es superior porque puede ver más allá de su
propio resentimiento, más allá del deseo inmediato de venganza. Cuando Ojos Azules
y Ash (hijo de Rocket) tienen un encuentro con un ser humano y Ash es herido,
César es empujado por la comunidad para demostrar su fuerza. Los simios no
quieren la guerra, pero lucharán para defender su hogar. Es una tensión
constante entre la racionalidad estratégica y las demandas emocionales del
grupo.
"En una banda de supervivencia, es tácticamente ventajoso el mantener la reputación de ser fuertes, valientes y dominantes como grupo."
-Jack Donovan, 2012, «Honor», The Way of Men
Aunque la humanidad se ha visto reducida a su mínima expresión, viviendo en las ruinas de San Francisco, dependiendo de una represa hidroeléctrica para su supervivencia, los seres humanos están preocupados por necesidades inútiles, buscando reconstruir su antiguo mundo de comodidades y vicios urbanos. Ellos lo saben y reconocen en su falta de resignación, su condena. Hay una escena particularmente reveladora donde los líderes humanos debaten a menos que intentar la comunicación con los simios o simplemente exterminarlos, y la vacilación misma demuestra cuán lejos han caído de la claridad de propósito que caracteriza a César.
Mientras tanto, los simios se han
fortalecido por su simplicidad: cazan y matan por carne, y han logrado una vida
pacífica luchando contra la naturaleza. No contra sí mismos, más bien contra el
mundo exterior. Su conflicto interno surge precisamente cuando esta claridad se
ve amenazada.
"Antes de que puedas tener iglesia y filosofía, tienes que ser capaz de sobrevivir. Tienes que triunfar sobre la naturaleza y sobre otros hombres (…)".
-Jack Donovan, 2012, «Mastery»,
The Way of Men
En su cultura de nosotros contra ellos [1], la comunidad ha creado un perímetro y ha establecido la seguridad. De hecho, podemos ver cómo el "demonismo" masculino, ese conjunto de características que la civilización moderna intenta suprimir, está desafiando a la sociedad de masturbación bonobo, es decir, los restos de la civilización humana que no se rindieron a su condición actual y aún luchan contra su propia naturaleza animal.
"Bandas de hombres con identidades separadas e intereses comunes propios son siempre una amenaza para los intereses establecidos."
-Jack Donovan, 2012, «Of Being A Good Man», The Way of Men
La banda tenía sus propios intereses, entonces, ¿por qué falló la comunidad de los simios? La respuesta es tan antigua como la tragedia griega: egoísmo, mezquindad, poner los propios intereses individuales sobre los intereses de la comunidad. Koba fue llevado y alimentado por el odio y el resentimiento, resentimiento hacia los humanos que lo torturaron en laboratorios, resentimiento hacia César por lo que Koba percibe como debilidad, poniendo su violencia al servicio de sus propios intereses y pasiones en vez de la banda, en lugar de la comunidad.
El giro de Koba es predecible desde el punto de vista narrativo, pero impactante en su ejecución. No es un villano cartoonesco que quiere "destruir el mundo". Es alguien que cree, genuinamente, que está salvando a su pueblo de la debilidad de su líder.
¿Y qué pasa con la humanidad? La
película no ofrece esperanzas fáciles. Los humanos que sobreviven no son
necesariamente los mejores, más bien simplemente los inmunes. Su civilización
no ha caído para ser reemplazada por algo mejor, más bien que ha caído porque
era insostenible. Y en esto, Dawn of the Planet of the Apes se alinea
perfectamente con la visión de Donovan:
"La humanidad necesita entrar en una Edad Oscura durante unos cientos de años y pensar en lo que ha hecho."
-Jack Donovan, 2012, «What is
best in life?», The Way of Men
Como cinéfilo, valoro esta película no solo por sus efectos visuales, aunque son impresionantes, ni por la actuación de captura de movimiento de Serkis, aunque redefine lo que puede hacerse con tecnología, más bien por su voluntad de plantear preguntas incómodas sobre la naturaleza humana, la organización social y el precio de la civilización.
No es una película que te deja sintiéndote bien contigo mismo. Es una película que te hace preguntarte si, en las mismas circunstancias, serías un César, un Koba, o simplemente otro humano atrapado en las ruinas de lo que una vez fue grande.
Y eso, en el cine actual, es casi
tan raro como un mundo gobernado por simios.
Fuente:
- Jack Donovan. 2012. «The Bonobo Masturbation Society». The Way of Men.
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