Hondurasgate: romper con Pekín y Moscú para imponer un neoplan Cóndor

mayo 04, 2026

 



El término “Hondurasgate” todavía no resuena con la fuerza de otros grandes escándalos mundiales, pero las filtraciones que han comenzado a circular en canales alternativos y en ciertos sectores del periodismo de investigación apuntan a algo mucho más profundo que un simple caso de corrupción local. De hecho, abordarlo como un mero escándalo sería caer en una trampa. Lo que está emergiendo, al observar con lentes geopolíticos, es la creación de un nuevo Plan Cóndor para América Latina, una operación de recolonización blanda cuyo propósito central es expulsar a China y a Rusia de la región, romper cualquier intento de acercamiento al bloque BRICS y reinstalar la Doctrina Monroe en su versión más depurada y letal del siglo XXI. En el centro de este tablero, cumpliendo el rol de punta de lanza, aparece una vez más Honduras, ese país al que la historia ha convertido en el judas latinoamericano por excelencia.

 

El “Hondurasgate” no nace de la nada. Es la culminación de un proceso subterráneo que se viene formando al aprovechar el desgaste de los denominados gobiernos progresistas (o cualquier gobierno que no esté bajo el mando anglosajón) en la década pasada, pero ahora con una sofisticación inusual. Las conversaciones filtradas, atribuidas al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández (condenado a 45 años por narcotráfico y luego indultado por Donald Trump) y al actual mandatario Nasry Asfura, revelan un entramado diseñado para sabotear cualquier atisbo de soberanía real, en lugar de dirigir el país. El objetivo confeso, según los audios que circulan, es doble: por un lado, garantizar que ninguna nación latinoamericana con recursos clave pueda firmar acuerdos de cooperación militar o tecnológica con Pekín o Moscú; por el otro, desestabilizar internamente a aquellos gobiernos que muestren señales de independencia. En uno de los fragmentos más reveladores, Hernández menciona explícitamente que “la Presidencia tiene que regresar a las manos correctas y el presidente Donald Trump es lo que quiere él”. El hedor rancio que ya se percibía en la crisis venezolana, ahora se ha multiplicado a Centroamérica con un olor aún más nauseabundo: el del estado que se vende por completo.

 

Honduras es, en este sentido, la pieza idónea para el tablero estadounidense. No es nuevo, no es extraño. Es un judas histórico. Basta recordar que fue desde territorio hondureño, desde sus pistas y desde su complicidad institucional, que despegaron las aeronaves que bombardearon Guatemala para derrocar a Jacobo Árbenz en 1954. Desde entonces llegamos a la parte más caliente de la guerra fría en Centroamérica que fueron los años ochenta; por ende, crearon una nueva base en 1981, la de Palmerola, y hasta hoy es el núcleo de la presencia militar estadounidense en la región. Y no solo eso: Honduras fue la cuna de suministros de la contra nicaragüense en los años ochenta y el territorio que permitió la conspiración contra el sandinismo. Incluso el golpe de Estado contra Manuel Zelaya en 2009, orquestado con la bendición de Washington, tuvo en la clase política hondureña a sus mejores ejecutores. Lo que estamos viendo ahora no es una anomalía, sino la continuidad de una tradición: Honduras como el portaaviones rentado, la colonia que no reniega, la que dice “sí” a todo lo que venga de Occidente.

 

El escenario, por otra parte, se ha vuelto aún más crítico. El 27 de enero de 2026, Nasry “Tito” Asfura asumió la presidencia de Honduras para el período 2026-2030, sucediendo a la izquierdista Xiomara Castro en un giro conservador que contó con la presión pública del presidente estadounidense Donald Trump durante los comicios del 30 de noviembre de 2025. Las elecciones estuvieron marcadas por denuncias de fraude, fallas en el sistema de conteo y acusaciones de irregularidades por parte de varios actores políticos, mientras que el propio Trump advirtió antes de los comicios: “Si Tito Asfura gana la presidencia de Honduras, Estados Unidos le brindará un gran apoyo. En caso de no ganar, Estados Unidos no malgastará su dinero”. La exmandataria Castro, quien calificó al nuevo Ejecutivo como un “gobierno de facto” salido de un fraude, prometió respetar los resultados sancionados por el Consejo Nacional Electoral. Con la llegada de Asfura al poder, la hipótesis que sostengo ahora encuentra su confirmación más contundente: el judas no solo ha sido invocado, sino que ha sido entronizado.

 

El problema, y aquí está el verdadero peligro, es que muchos sectores progresistas y gobiernos aún confían en los gestos institucionales de Honduras. Confían en sus declaraciones diplomáticas, en sus votos en organismos multilaterales, en su retórica mercantilista y de buen vecino ocasional. Pero la evidencia histórica y las filtraciones del “Hondurasgate” demuestran que ese país es, en esencia, un aparato de poder profundo yanqui. Sus fuerzas armadas, su poder judicial, sus principales empresas y una parte sustancial de su clase política funcionan como una extensión del aparato de seguridad estadounidense. Es un estado que ha interiorizado su propio servilismo, hasta convertirlo en un acto institucional. Cualquier gobierno que intente desmarcarse termina chocando con un muro de obstrucción interna: jueces que bloquean, fiscales que archivan o persiguen de forma selectiva, y una prensa capturada que amplifica el desorden y dirige el foco según convenga. No es una conspiración en sentido clásico, sino un sistema de inercias alineadas que neutraliza cualquier desviación del guion establecido.

 

Lo que está en juego, por lo tanto, no es un escándalo menor. Es un nuevo Plan Cóndor, pero sin dictaduras militares visibles. En lugar de tanques y personas que hacen desaparecer a otras, usan la deuda, la cooperación policial, los memorándums de entendimiento con el Comando Sur y la infiltración de organismos de justicia. Las filtraciones detallan cómo se proyecta una expansión regional de la táctica, con el objetivo de presuntamente desestabilizar gobiernos contrarios a las ideologías estadounidenses: “Se vienen unos expedientes contra México… contra Colombia… y lo más importante, contra…(coloque aquí cualquier gobierno que no esté alineado a los gringos)”. También se discuten supuestos acuerdos de inversión y proyectos de importancia, incluyendo la posible instalación de bases vinculadas a inversión estadounidense en zonas como Roatán y Comayagua, y el polémico proyecto del tren interoceánico que Xiomara Castro había impulsado. El objetivo final es impedir que América Latina tenga una voz autónoma en el concierto de naciones. Que no pueda realizar acuerdos con los BRICS, recordemos que Honduras, bajo el gobierno de Castro, había solicitado oficialmente su ingreso al Nuevo Banco de Desarrollo. Que no pueda desarrollar su propia tecnología satelital con ayuda china. Que no pueda explorar rutas comerciales al margen del dólar. Y en ese plan, Honduras es la puerta de entrada, el laboratorio, la base de acciones. Con la llegada al poder de Asfura, el sistema ya ha consolidado en ese país un gobierno títere incondicional, desde donde podrá proyectar presión hacia el sur, hacia Nicaragua, hacia Venezuela, hacia los movimientos sociales de toda la región.

 

Por eso el llamado es a no subestimar esto, a no dormirse en la retórica diplomática. Honduras no es un país más; es el eslabón más débil de la cadena, y justamente por eso es el más peligroso. Su clase política ha demostrado una y otra vez que está dispuesta a traicionar cualquier principio de integración latinoamericana con tal de mantener prebendas, financiamiento y el respaldo de Washington. Ahora, con el fantasma de un nuevo Plan Cóndor acechando bajo la administración de un presidente abiertamente respaldado por la Casa Blanca y validado a pesar de las denuncias de fraude, ese país se convierte en el traidor que ya ha abierto la puerta a una ola represiva continental. Los audios filtrados, las conexiones con el Comando Sur, los movimientos sospechosos de ciertos jueces y el silencio cómplice de los grandes medios son las señales de humo que anuncian el incendio. No podemos permitirnos el lujo de no creerlo. Hay que tener a Honduras vigilado, muy vigilado, y más aún a sus entidades políticas. Porque cuando el portaaviones rentado zarpa, siempre lo hace contra el resto de América Latina.

Fuente:

  • "Hondurasgate" – Filtración de audios de WhatsApp, Signal y Telegram, enero–abril 2026. Publicados en hondurasgate.ch por Canal RED. Detalles recogidos por RTVC Noticias (2026).
  • Departamento de Justicia de EE. UU. – "Juan Orlando Hernandez Sentenced to 45 Years in Prison for Conspiring to Import Cocaine into the United States", 26 de junio de 2024.
  • Trump, Donald – Indulto presidencial concedido a Juan Orlando Hernández, 1 de diciembre de 2025. 
  • Ochoa, Marlon – Declaraciones a Infobae, 5 de diciembre de 2025.
  • Hernández, Juan Orlando – Conversaciones filtradas por Canal RED, publicadas por hondurasgate.ch, 2026. Incluyen mención sobre la presidencia en las "manos correctas" y solicitud de apoyo a Donald Trump.
  • Congreso Nacional de Honduras – Aprobación de juicio político contra Marlon Ochoa, 9 y 16 de abril de 2026. Registrado por Hondudiario (16 de abril de 2026).
  • Advertencia de Trump a Honduras sobre apoyo – Recogido en "Cómo es la base militar de EEUU en Honduras que asoma como 'ficha de cambio' ante las prometidas deportaciones de Trump", Univisión, 5 de enero de 2025.
  • Apoyo de EE. UU. al golpe de Estado en Honduras (2009) – Artículo de investigación de The Intercept, citado por varios medios en 2017.


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