La Teoría del Heartland: el núcleo geográfico del poder mundial
mayo 08, 2026
¿Y si Ucrania y Rusia estuvieran
atrapadas dentro de una vieja profecía geopolítica convertida en doctrina?
A principios del siglo XX, el
geógrafo Mackinder elaboró una teoría para comprobar qué potencia dominaría el
mundo, ya que observaba que el control del espacio geográfico era la clave del
poder. Desde el Imperio ruso a la Alemania nazi, pasando hoy por el gigante
chino, nadie ha conseguido cumplir esa profecía geopolítica, aunque todos
intentaron aproximarse a ella.
En 1904, Halford John Mackinder,
quien es considerado uno de los padres de la geopolítica, ideó una teoría
generalista sobre el pasado, presente y futuro del poder mundial, pues
pretendía encontrar un patrón estable en la historia. Esta teoría, llamada del
heartland o corazón continental, venía a decir que, debido a que quien
controlaba la zona de Asia central, Rusia central y Siberia obtenía una
posición privilegiada, entonces tenía bastantes probabilidades de controlar
tanto el resto de Asia como el resto de Europa, de modo que lograría el dominio
mundial.
En su conferencia “El pivote
geográfico de la Historia”, Mackinder introdujo la idea de que, si se observaba
el proceso histórico, el poder se había expandido por un medio geográfico
determinado. Precisamente porque hasta la Edad Moderna (siglo XV) la expansión
se había dado a través del medio terrestre gracias al caballo y los ejércitos
montados, añadió que todas las grandes invasiones que habían sufrido Europa o
Asia provenía de una región concreta: Asia central. Así pues, Mackinder
sostenía:
“Quien domina el este de Europa,
domina el Heartland; quien domina el Heartland, reina en la ‘Isla del Mundo’;
y, por consiguiente, quien domina la ‘Isla del Mundo’ gobierna el mundo
entero”.
Esta especie de profecía
geopolítica nunca ha llegado a producirse realmente, aunque es cierto que en
varios momentos de la historia ha estado cerca de cumplirse. Por ejemplo,
cuando los océanos eran dominados por la marina británica, ello era crucial para
que una isla como Gran Bretaña sostuviera su gran imperio. Sin embargo, llegó
un avance que le dio vida al heartland: el ferrocarril, ya que gracias a este
invento se empezaba a reequilibrar la carrera entre la tierra y el mar. No cabe
duda de que el ferrocarril ha sido uno de los puntos de inflexión en la
historia mundial, puesto que acortaba el tiempo de desplazamiento de ejércitos
y productos y aumentaba la capacidad de transporte, especialmente cuando se
trataba de sitios alejados del mar. Mackinder pensó que esta situación se
encontraba amenazada, por lo que fue ahí donde comenzó a profundizar más sobre
lo que él llamaba el “Heartland” de Eurasia. Esta zona abarcaba las áreas
agrícolas de la parte europea de Rusia, se extendía por vastos territorios hasta
Asia central y llegaba hasta los bosques y las llanuras de Siberia, tratándose
de un territorio rico en recursos sin explotar como el carbón, la madera y
otros minerales. Mackinder pensó que un área tan extensa y rica, que además
podía ser recorrida con un sistema ferroviario, era una zona clave para los
países con ansias de poder.
Quince años después, tras la
Primera Guerra Mundial, los líderes se reunieron en Versalles para rediseñar
las fronteras del mundo, expandir la democracia y acabar la guerra para
siempre. Pero Mackinder pensó que, para poder llevar eso a cabo, había que afrontar
la realidad geográfica y tomar ciertas precauciones. De lo contrario, temía, le
dejarían la puerta abierta a Rusia o Alemania para que dominaran el Heartland y
lo convirtieran en una base militar gigante.
En Múnich, otro geógrafo y
veterano de guerra, Karl Haushofer, estaba estudiando los trabajos de Mackinder
porque temía y odiaba al victorioso Imperio británico, al que veía como un
estrangulador mundial. Así que convirtió la teoría del Heartland en una estrategia,
ya que pensó que su país, humillado tras la gran guerra, podía formar una gran
alianza con Rusia y Japón a fin de cortar los tentáculos del poder naval
británico. Esta teoría intrigó a uno de los estudiantes de Haushofer, Rudolf
Hess, quien era miembro del nuevo partido nacionalsocialista. En 1923
intentaron tomar el poder, pero Hess terminó en la cárcel, adonde lo visitó
Haushofer para ofrecerle tutorías tanto a él como a su compañero de prisión, el
líder nazi Adolf Hitler. En 1933 los nazis consiguieron llegar al poder y,
cuando en 1941 Hitler decidió invadir la Unión Soviética (Operación
Barbarroja), lo hizo porque buscaba esa profecía política inspirada en
Mackinder y con el fin de hacerse de una vez por todas con el Heartland.
En 1945 Alemania perdió la
guerra, de modo que el régimen nazi se rindió de forma incondicional y el país
fue dividido en dos zonas por los aliados. Mackinder advirtió que, si la Unión
Soviética salía de la contienda como conquistadora de Alemania, se convertiría
en la gran potencia terrestre del mundo, pues así se cumpliría su modelo. El
modelo de Mackinder pasó a presagiar el enfrentamiento Este-Oeste de la Guerra
Fría, ya que Occidente y la Unión Soviética se convirtieron en enemigos otra
vez. Después de que fuerzas prosoviéticas absorbieran Polonia, Hungría, Rumanía
y otros países, el poder que dominaba el este de Europa y el Heartland no era
Alemania, sino la Unión Soviética, por lo cual en las universidades de la Ivy
League de EE. UU. los académicos impulsaron el estudio de los trabajos de
Mackinder para confrontar el riesgo de que un país dominara la “Isla del
Mundo”.
Ahora que los soviéticos se
estaban expandiendo, las ideas de Mackinder llegaron al diplomático
estadounidense George Kennan, quien propuso que, para prevenir que la URSS
dominara la gran masa de tierra euroasiática, había que contenerla de algún
modo. En consecuencia, Estados Unidos estableció una serie de bases alrededor
de los bloques dominados por los soviéticos, desde Alemania hasta Italia,
Turquía, Corea del Sur y Japón, conformando posteriormente lo que conocemos
como la OTAN.
En 1991, los pasos hacia la caída
de la URSS habían desencadenado demandas independentistas en varias repúblicas
soviéticas, de manera que nada pudo detener la desintegración del bloque
socialista del este. Terminada la Guerra Fría, la teoría de Mackinder tomó otro
matiz, pues el contraste fue agresivo y para muchos rusos supuso un caos y una
humillación. Por eso nuevos pensadores políticos comenzaron a emerger.
A raíz de su liberación del
dominio soviético, varios países del este de Europa hicieron fila para unirse a
la OTAN y a la Unión Europea, porque temían una futura agresión rusa. Pero si
el este de Europa se preocupó de Rusia, entonces Rusia se preocupó de la OTAN.
¿Por qué? Porque ambas quieren el Heartland, solo que la OTAN se aproxima más a
ello.
En 2011, el presidente Vladimir
Putin propuso la formación de la Unión Económica Euroasiática con el objetivo
de fortalecer las relaciones y crear una contención para que Occidente no se
acercara al Heartland. Así, en 2014, en la ceremonia celebrada en Astaná
(capital de Kazajistán), se firmó un acuerdo entre este país, Bielorrusia y
Rusia.
Aquí entra el papel fundamental
de Ucrania, porque es el puente que conecta Europa con Asia; en pocas palabras,
es el camino para llegar y hacerse con el Heartland. La situación en Ucrania
aumenta cada vez más, hasta el punto de que a estas alturas ni Estados Unidos
ni Rusia pueden darse el lujo de perder, y mientras tanto la tensión de esta
guerra aumenta y hace que el mundo duerma con un ojo abierto.
¿Ya se entiende por qué Rusia no
le quita los ojos de encima a Ucrania y Occidente la defiende? Porque Rusia la
necesita para su supervivencia como imperio euroasiático, ya que de lo
contrario su hegemonía caería. Del otro lado, Occidente la necesita para
debilitar a Rusia y penetrar en la zona euroasiática y así fortalecerse más,
incluso contra China.
Aunque Rusia controle gran parte
del Heartland, ello no significa que controle la “Isla del Mundo” en su
totalidad, pues el territorio euroasiático ha sido testigo del crecimiento de
un nuevo poder, un nuevo pretendiente al control de la región: China. Por eso,
si Mackinder viviera hoy, quizás estaría preocupado por las extensas redes
ferroviarias que China está construyendo a lo largo de todo el continente. Las
relaciones entre China y Rusia son buenas, sí, pero dadas las experiencias del
pasado, nada asegura que se mantendrán así en el futuro, porque la geopolítica
suele imponerse a las alianzas coyunturales.
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