¿QUIÉN FUE ERNST JÜNGER?

junio 24, 2026

 



Aprovecho este artículo para evocar la figura de uno de los más preclaros pensadores que he conocido; y no solo eso, sino que, además, se trata de una persona ejemplar en todo y para todo, cuyas obras, precisamente por su hondura y atinada perspectiva, nos alumbran en los tiempos que nos ha tocado vivir. A diferencia de otros intelectuales, cuya obra pierde vigencia estando aún vivos, la de Jünger, paradójicamente, fue ganando solidez y relevancia después de su longeva y feliz vida, como si el poso del tiempo actuara a su favor.

 

Para quien no lo conozca, vamos a presentarlo ahora, a fin de que, cuando acabe este artículo, juzgue por sí mismo si merece la pena tenerlo como referente. Por mi parte, y para que no quepa ambigüedad, está claro: si de todo el pensamiento alemán del siglo pasado hubiese que rescatar un autor, y solo uno, sin duda sería él, porque encarna una coherencia intelectual difícilmente igualable.

 

Ernst Jünger fue, en consecuencia, uno de los hombres definitivos del siglo XX.

 

Orígenes

 

Aunque nació en Heidelberg, en el seno de una familia bienestante y agnóstica, y pese a que esta ciudad sea universitaria, nunca le llegó a atraer la vida académica, ni falta que le hizo, ya que desde muy joven mostraba un afán explorador que lo impulsaba a salirse de lo establecido. Cuando contaba con 16 años, se unió a una comunidad de poetas transhumantes, los Wandervögel (Aves migratorias), y, al cumplir los 18, se alistó en la Legión Extranjera, de donde solo los contactos de su padre en el Ministerio de Exteriores alemán lo pudieron sacar, debido a que entonces era menor de edad según la ley germana. De esos años formativos conservará dos aficiones para toda la vida, hasta convertirlas en sus profesiones: los bichos y las letras o, si se prefiere un término más culto, la entomología y la literatura, pues ambas disciplinas requerían la misma paciencia observadora.

 

Cuando llegó a los 19 años, se produjo el principio de lo que llegaría a ser Jünger, porque fue entonces cuando estalló la Gran Guerra. La tragedia de Europa se convirtió así en la forja en la que aquel trozo de metal humano tomó forma, ya que recibió los martillazos de herrero del mundo antiguo que moría en 1914, al tiempo que se enfrentaba a la precisión milimétrica, exacta y científica, de la Civilización Industrial que estaba presentándose en sociedad.

 

In Stahlgewittern – Soldado

 

El estudiante díscolo se convirtió en voluntario en la 19ª división hanoveriana, la cual era llamada los Gibraltares debido a su papel en uno de los asedios del Peñón durante el siglo XVIII, cuando los reyes de Inglaterra eran de la Casa de Hanóver. Cumpliendo la máxima napoleónica de que todo soldado lleva en el petate el bastón de mariscal, decidió presentarse a la escuela de oficiales, de donde salió como alférez en 1915; aunque no llegó a mariscal sino a teniente, se especializó en el reconocimiento y en la patrulla. Todas estas experiencias, y muchas más, las plasmó en su libro Tempestades de Acero –o, en el original alemán, el título de este epígrafe–, de modo que quien quiera entender la I Guerra Mundial, al menos en el Frente Occidental, debe leerlo, porque Jünger, en la presencia de la muerte, se siente más vivo que nunca, según afirmaba paradójicamente: “Lo que no me mata me hace más fuerte, pero lo que me puede matar me hace increíblemente fuerte”.

 

Ernst también vería cómo lo que empezaba siendo una guerra de caballeros, es decir, una cuestión entre hombres de honor, se convertía en algo muy distinto con el paso de los años, puesto que, si al principio un piloto derribaba un globo espía permitiendo a su ocupante saltar en paracaídas, al final de la misma ese mismo piloto ametrallaba al vigía en su camino hacia el suelo, debido a que demasiadas cosas habían pasado en esos años, demasiadas tormentas de acero, demasiadas noches durmiendo entre cadáveres, demasiadas heridas de guerra y demasiadas trincheras enemigas asaltadas.

 

En 1918, mientras disfrutaba de un permiso para recuperarse de su última herida en casa, llegó por correo un paquete con algo muy especial: Ernst Jünger recibía así el Pour le Merite, de forma anónima y sin ceremonias, que era la mayor condecoración alemana de todos los tiempos, una de esas que, como las Laureadas de San Fernando o las Cruces Victoria, suelen acabar más en los pechos de los muertos que de los vivos. Fue de los últimos en recibirla antes de la caída del II Reich y el más joven en haberlo hecho, con apenas 23 años, siendo de los pocos por debajo del rango de capitán; y cuando murió, con más de 100 años en 1998, resultó ser el último hombre vivo con una de ellas.

 

Cuando acaba la guerra, Jünger ya ha sido herido en combate varias veces, ha comenzado a escribir Tempestades de Acero y recopila especímenes de coleópteros de la zona en la que está destinado, porque el cataclismo le permitió trascender su anterior existencia con gestas de valentía sobrehumana, en las que vislumbró la existencia de un plano superior y mejor de la existencia.

 

Weimar – Trabajador

 

La época de entreguerras en Alemania fue convulsa, como sucedía en la mayor parte del mundo, ya que la experiencia transformadora del frente había destruido a muchos hombres, mientras que a otros los había forjado como en un yunque. Es la época de las luchas entre espartaquistas –comunistas– y Freikorps, de los golpes de Estado y los asesinatos políticos, de modo que alrededor de Jünger y otras figuras como Von Salomon o Carl Schmitt se articula la Revolución Conservadora, en la que también influiría Spengler. No se trataba de volver a la débil y caduca monarquía prusiana, sino de afirmar los valores inmutables y eternos: Vida, Patria, Familia, pues era un socialismo de soldados, y el mentado Spengler lo denomina “socialismo prusiano”, creyendo que sería la última creación fecunda del moribundo Occidente.

 

Jünger, en esa época, desea incorporar la experiencia del frente de modo constructivo a la vida civil, mediante el arquetipo del Trabajador: el laburante que realiza la poiesis, el acto creativo sea cual sea su campo. La potencia de la máquina y de la mente, canalizadas en un tipo humano disciplinado y capaz, no solo reconstruiría un mundo devastado, sino que lo mejoraría, porque, en vez de dejarse explotar como el soldado de la guerra técnica o las masas proletarias del socialismo izquierdista, el Trabajador debe hacerse técnica y trascender su personalidad, en un modo similar al que hoy predica Nick Land, aunque referido no a la civilización industrial sino a la informática.

 

Es una figura controvertida, sin duda, ya que los comunistas y liberales varios lo acusarán de protonazi, asqueados por su desprecio del ser humano parasitario del que tan a menudo son muestras; en cuanto a los nazis de verdad, los de Hitler, lo acusarían de anarcomarxista (¡?), debido a su rechazo de jerarquías caducas o artificiales como las impuestas por el nuevo régimen. En una Alemania llena de gente que saludaba brazo en alto, Jünger fue como August Landmesser, de manera que, cuando Goebbels le propuso un acta de diputado, Jünger la rechazó porque prefería escribir un buen verso a representar a 60.000 imbéciles. La verborrea sobre la “raza aria” o la sangre no le interesan, puesto que Jünger era un aristócrata del espíritu, y cualquier cosa que le sonara a burguesía racial pancista no iba con él.

 

Solo el prestigio de su hoja de servicios y su monumental obra Tempestades de acero impidieron que lo mataran una vez Hitler llegó al poder, con quien Jünger no colaboró, viviendo en un semiexilio interior, aunque llegaría a publicar el profético Sobre los acantilados de mármol.

 

Otra vez la Guerra – Emboscado

 

Cuando estalla la II Guerra Mundial, Jünger se reengancha en la Wehrmacht, donde sigue siendo un oficial eficaz e intachable allá donde sirve, ya sea en el Frente Oriental o en Francia. En París retoma el contacto con Carl Schmitt, aunque ya empieza a recibir el desprecio de Sartre; Jünger, por su parte, no repara en su presencia, porque considera que Sartre es otro progresor universitario que besa el culo de las autoridades de ocupación mientras estupra alumnas, aunque sí repararía en Picasso o Cocteau, siempre asistían a las tertulias intelectuales que organizaban los oficiales menos ideologizados de la Wehrmacht.

 

Sartre dijo que no le odiaba por ser alemán, sino por ser aristócrata, pero, como en todas las ocasiones en que Sartre tenía razón en algo, era sin quererlo, porque Jünger no nació en una familia aristocrática ni tuvo nunca un título nobiliario; su aristocracia, como explicó Dominique Venner, era la de verdad, la de ser un hombre mejor que los demás, la de atravesar un siglo oscuro lleno de peligros sin una sola mancha. Es normal que Sartre, que era el opuesto de Jünger, odiara lo que le superaba.

 

Comienza a circular la idea de acabar con Hitler para terminar la guerra y poner al mariscal Rommel como nuevo Jefe de Estado para negociar una paz con los aliados. La Paz es justo el único libro que escribe, además de sus diarios, durante la guerra, y en esos diarios plasma con inigualable ternura su pesar por la muerte de su hijo Ernstel (Ernestito), de un disparo por la espalda en Carrara sí, la del mármol, donde estaba sirviendo como miembro de un batallón penal del ejército alemán por su desapego frente al régimen. Su verdadero crimen era apellidarse Jünger; la excusa, seguramente, el no prestarse a cualquiera de los crímenes sobre la población civil que cometían a menudo muchas tropas alemanas, porque Ernstel, como su padre, era un caballero y además apreciaba la cultura y el pueblo italianos, aunque siempre quedará la duda de saber de qué lado vino el disparo mortal.

 

El complot del 20 de julio de 1944, como es sabido, fracasa y los conspiradores son ejecutados. Sin embargo, como el régimen nunca pudo probar que Jünger formase parte del complot, al llegar el final de la guerra seguía vivo. Las autoridades de ocupación trataron de someterlo al proceso de desnazificación, al que se negó, porque es lógico que no se pueda desnazificar a quien nunca fue nazi. Se niega a rellenar el cuestionario, aunque compañeros suyos de la Revolución Conservadora como von Salomon sí lo hicieron, y también notorios nazis como Reinhard Gehlen, al que las mismas tropas de ocupación luego harían jefe de los servicios secretos alemanes, germen del actual Bundesnachrichtendienst.

 

Jünger encuentra así la oportunidad de seguir pensando y escribiendo, de modo que en 1951 se edita La emboscadura, libro que resulta de suma utilidad como verdadero oráculo para el disidente. Texto filosófico y profundo, exalta el papel del individuo libre frente a la masa de hombres-bicho y el totalitarismo, sobre todo el democrático, puesto que el emboscado se “va al bosque”, se echa metafórica o realmente al monte, donde es libre y ejerce su independencia para espanto y terror del hombre-masa. Pero no es el último paso en la evolución de Jünger, porque aún queda otro más.

 

La culminación de un pensamiento – Anarca

 

La época de los años 50 y 60 es controvertida, pues Jünger experimenta con las drogas y su experiencia es positiva, aunque es consciente de que eso se debe a su propia naturaleza; a diferencia de Huxley o Kesey, no las consideraba una vía espiritual sino un sucedáneo a la verdadera experiencia mística, un Ersatz. Predijo que, en las épocas ateístas, aumenta el consumo de drogas, y aventura un remedio: “Toda toxicomanía lleva escondida una nostalgia: por tanto, puede curarse; con amor y con grandes ideas, con aventuras, líderes espirituales y religión”. Exalta la vida monástica y sobria en todos los sentidos, con lo que volvemos al tema del espíritu y la religión, porque se acerca cada vez más a la Cruz, al tiempo que estudia otras religiones como el islam o el budismo zen en Japón.

 

Para Jünger, Nietzsche erraba al sentenciar la muerte de Dios, ya que eso se contradice con el Eterno Retorno; Dios ha muerto en la Cruz, pero volvió, y si del mundo moderno se retira también, arrastrando consigo a todos los tipos humanos superiores para Jünger los creadores de religiones son el tipo más excelso de humano que existe, tampoco le cabe duda de que, como el Rey del que habla Arturo en la escena final de Excalibur, un día volverá, y la Espada se alzará de nuevo.

 

Retoma algunas de las preocupaciones del Trabajador, pero se opone al maquinismo y al transhumanismo en obras como Las abejas de cristal, porque su preocupación fue siempre por el hombre individual, el ser único e irrepetible que hay en cada uno de nosotros. En estos años Jünger escribe Eumeswil, una curiosa novela distópica en la que perfila el arquetipo del Anarca, el individuo soberano; en un curioso guiño a España, la sitúa como una ciudad-Estado en una zona del antiguo Protectorado español de Marruecos o Sidi Ifni y poblada por europeos. El Anarca declara su lealtad a personas y causas concretas, no a abstracciones, y reconoce la necesidad de autoridad, aunque no cree en ella; por esto mismo no pierde nunca su juicio crítico, ya que el Anarca es al anarquista lo que el Monarca es al monárquico, en palabras del propio autor.

 

Si esto les recuerda a algo, en efecto, es el sic vos non vobis de Virgilio: para ti, pero no tuyo; en el mundo, pero no del mundo, como enseña la fe cristiana. Y, en efecto, en su último año de vida Jünger recibe los Sacramentos, y muere como católico, mientras tanto le dio tiempo de descubrir ese mundo en el que siempre participó, pero al que nunca perteneció, y de acercarse a otros autores, entre ellos a Gómez Dávila.

 

En su última casa fue enterrado, ya que siempre fue contrario a la cremación, y prefirió, después de muerto, que su cuerpo fertilizase la tierra. Salvando las distancias, me atrevo a decir que, del mismo modo que su obra fecunda las mentes de quienes lo leen, fue un día de febrero, en el que cayó la última nevada de ese año. Prefiero recordarlo así, lo cual no impide evocarlo con una de las mejores canciones del repertorio alemán;

 

Ich hatt’ einen Kameraden,

 

Einen bessern findst du nit.

 

Die Trommel schlug zum Streite,

 

Er ging an meiner Seite

 

Im gleichen Schritt und Tritt…

 

A su memoria, Herr Jünger

 

Gesundheit!

 

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