El Bloqueo, la Amenaza Militar y las Reformas: ¿Qué Pasa Hoy en Cuba?

agosto 11, 2026

 



Sesenta y tantos años después, Cuba continúa siendo una anomalía difícil de explicar para quienes durante décadas anunciaron su inminente desaparición. El sistema ha cambiado, la sociedad ha cambiado y el mundo alrededor de la isla ha cambiado todavía más. Pero Cuba no desapareció. Y quizá esa sea la primera pregunta que conviene hacerse antes de hablar de su presente: ¿por qué?

 

Ustedes habrán oído hablar del bloqueo. Seguro que, en las noticias, entre el fútbol y el pronóstico del tiempo, sueltan alguna cifra: "Cuba sufre dificultades económicas". Como quien dice que el Titanic tuvo un pequeño contratiempo con un iceberg. Pero la cosa, claro, no es tan simple. El bloqueo no es un castigo divino ni un desastre natural. Es una decisión política, un mecanismo de asfixia tan refinado que haría palidecer a los inquisidores de la Edad Media. Ellos quemaban en la hoguera; estos queman en la aduana, en los bancos, en las navieras. Es menos vistoso, pero igual de efectivo.

 

¿Qué les parece la situación? Imaginen que un vecino poderoso decide que no pueden comprar comida, ni medicinas, ni piezas para reparar su coche. Y no solo eso: además, le dice a todos los demás vecinos que si les venden algo, se enfrentarán a su ira. Eso, amigos míos, no es un bloqueo; es un cerco medieval. Y Cuba, como un castillo sitiado, tiene que ingeniárselas para sobrevivir. Pero aquí viene lo interesante: el castillo no se rinde. Envía médicos a otros reinos, construye sus propias vacunas, cinco, nada menos y los campesinos cultivan donde pueden. ¿Y qué hace el vecino poderoso? Endurece las condiciones. Porque, claro, si el castillo resiste, es que el cerco no es suficientemente fuerte.

 

La semana pasada, mientras ojeaba un periódico, me encontré con un dato que me dejó pensando: el setenta por ciento de la población sufre apagones a diario. Setenta por ciento. Esa cifra, si la leen en un informe técnico, puede parecer abstracta. Pero cuando la traducimos a la vida cotidiana, significa que una madre no puede calentar la leche del niño; que un enfermo necesita oxígeno y las máquinas no funcionan; que un estudiante estudia a la luz de una vela. Y todo porque un barco petrolero no llega. No porque no exista petróleo en el mundo, sino porque las navieras tienen miedo. Miedo a las sanciones, a las represalias, a ese dedo acusador de Washington que convierte a cualquier empresa en sospechosa.

 

Pero, ¿saben lo que más me intriga? Que nunca se habla de la causa. Se habla de la crisis, de la escasez, de las dificultades. Pero la causa, el elefante en la habitación, queda elegantemente silenciado. Es como si alguien te estuviera estrangulando y tú explicaras que te falta el aire. Sí, claro, te falta el aire. Pero lo que realmente pasa es que hay manos alrededor de tu cuello. ¿No les parece que hay una diferencia importante?

 

Ahora bien, el gobierno cubano no se ha quedado de brazos cruzados, y en eso hay que reconocerles un mérito considerable: cuando te aprietan las tuercas, aprendes a bailar en el espacio que te dejan. Han puesto en marcha una serie de reformas económicas que, en otro contexto, podrían leerse como un manual de supervivencia. MIPYMES, se llaman. Pequeñas y medianas empresas privadas. Ya pueden imaginar la discusión: para unos, el principio del fin del socialismo; para otros, una concesión tardía a la realidad. Pero yo, como viejo observador, siempre he preferido el pragmatismo a la pureza doctrinal. ¿O acaso los primeros cristianos no se adaptaron al Imperio Romano para sobrevivir?

 

Estas reformas, sin embargo, tienen un aire de necesidad más que de convicción. El Estado mantiene el control de sectores estratégicos (salud, educación, defensa) pero abre la puerta a inversiones privadas en hoteles, transportes, incluso importación de combustibles. Y eso, queridos lectores, es una decisión de supervivencia, no una rendición ideológica. O, parafraseando a aquel refrán: "De la necesidad se hace virtud", aunque en este caso sea más bien "De la asfixia se hace respiración asistida".

 

Pero no nos engañemos. La política de Washington no va a cambiar porque en Cuba se abran pequeñas empresas. Al contrario, Marco Rubio, ese político tan aficionado a Cuba como un gato a un baño, se ha convertido en una suerte de azote implacable, endureciendo las sanciones día tras día. ¿Recuerdan el personaje de Al Pacino en El Padrino, esa mezcla de ambición y rencor? Pues Rubio es algo así, pero sin el carisma y con un odio más visceral. Cada día propone nuevas medidas; cada día insiste en que Cuba es un "Estado patrocinador del terrorismo", como si el terrorismo consistiera en enviar médicos a países pobres. Pero el razonamiento de Washington, ya lo sabemos, tiene sus propias reglas.

 

No pierdan de vista a la mafia de Miami. Esa sombra alargada que se extiende desde la Florida hasta la Isla, con un rencor que no entiende de tiempos ni de generaciones. Llevan décadas financiando pequeñas acciones de desestabilización: promesas de dinero, de teléfonos, de motocicletas. Cosas que en un país donde falta lo básico pueden parecer tentadoras. Pero Cuba, aunque maltrecha, ha creado una suerte de anticuerpos sociales. Hay una solidaridad vecinal que, curiosamente, se fortalece en la adversidad. Como cuando en las películas de catástrofes los desconocidos se unen para sobrevivir. Salvo que aquí no es ficción.

 

¿Y qué me dicen del peligro real de una invasión militar? El secretario de Estado, desde su despacho, amenaza. Misiles, aviones, tecnología de punta. Pero Cuba ha desarrollado algo que a veces olvidamos: la "guerra de todo el pueblo". No es un eslogan. Es una estrategia que implica que cada ciudadano, cada barrio, cada rincón sabe qué hacer si las botas extranjeras pisan la tierra. ¿Podría Estados Unidos causar una devastación enorme? Sin duda. Sería como un terremoto precedido de bombas. Pero ¿podría ocupar el país? Ahí está el quid de la cuestión. Porque, aunque parezca un cliché, la historia está llena de imperios que subestimaron el poder de la resistencia popular. Vietnam, Afganistán, Argelia... La lista es larga y sangrienta.

 

Alguien podría decir: "Pero la tecnología militar es abrumadora". Cierto. La tecnología siempre lo es. Pero la tecnología no puede ocupar las calles, no puede silenciar la conciencia de un pueblo que ha aprendido a sobrevivir con poco. ¿O acaso los tanques pueden con la memoria de una Revolución? Eso, amigos, no lo compran en el Pentágono. Y aunque suene a discurso de los años sesenta, a veces lo viejo sigue vigente porque no ha sido superado: la dignidad no se negocia, no se compra y no se bombardea.

 

Pero volvamos a las reformas. Esa pregunta que siempre surge como un fantasma: ¿significa esto el retorno del capitalismo en Cuba? Les confieso que me sonrío cuando oigo este debate. Porque, ¿qué es el socialismo? ¿Un manual escrito en piedra? ¿Un conjunto de dogmas inmutables? Yo diría que el socialismo, como cualquier proyecto humano, es un proceso. Se adapta, se transforma, se reinventa. Y si para salvar los hospitales y las escuelas tienes que permitir que un empresario importe combustible, ¿acaso eso es una traición o un acto de inteligencia?

 

Los antiguos romanos tenían un refrán: "Necessitas non habet legem", la necesidad no tiene ley. Pero eso no significa que todo valga. Cuba sigue garantizando educación gratuita, salud pública gratuita, espectáculos culturales. Sigue priorizando al ser humano sobre el capital, aunque el capital se haya vuelto necesario para sostener al ser humano. Es una paradoja, sí, pero las paradojas son las que mueven el mundo. ¿O acaso el agua no es a la vez suave y poderosa?

 

Ahora bien, ¿van a aceptar Estados Unidos estas reformas? Ni por asomo. Washington ha pasado sesenta años boicoteando cualquier iniciativa cubana, como un mal vecino que no soporta que el otro arregle su jardín. Y no lo hará ahora. Porque el bloqueo no es una respuesta a lo que Cuba hace, sino a lo que Cuba es: una excepción en el patio trasero del imperio. Mientras esa excepción exista, el cerco continuará.

 

Y, sin embargo, algo ha cambiado en el aire. Se percibe un cansancio nuevo, pero también cierta lucidez. Los cubanos saben que están solos en gran medida, que muchos gobiernos amigos tiemblan ante la sombra de Washington y que incluso los más solidarios terminan mirando de reojo sus propios intereses comerciales. ¿Quién los culparía? Cuando tienes un banco en Nueva York y otro en La Habana, el primero suele pesar más. Es la ley de la gravedad financiera.

 

Pero hay otra cosa: una conciencia de que el mundo ha cambiado. China, con sus paneles solares, sus inversiones y su creciente presencia económica, asoma como un faro en la tormenta. Y en el sur, países que durante décadas miraron casi exclusivamente hacia el norte comienzan a girar también hacia el este, buscando alternativas, mercados y márgenes de maniobra. No significa que hayan roto sus dependencias ni que exista un nuevo bloque perfectamente articulado; significa, simplemente, que el monopolio de las opciones comienza a resquebrajarse. Todo esto, en el gran tablero, suma pequeñas piezas. ¿Suficientes para dar jaque mate al imperio? Probablemente no. Pero sí para seguir moviendo la partida.

 

Y en este punto, querido lector, permíteme una confidencia. Cuando oigo a los políticos hablar de "soluciones", me acuerdo de aquella frase de Bertolt Brecht: "Ante las desgracias, todos los gobiernos se vuelven mendigos". Pues bien, Cuba no ha mendigado. Ha negociado, ha buscado alianzas, ha abierto su economía. Pero sin arrodillarse. Y eso, en la jungla de las relaciones internacionales, es casi un milagro.

 

¿Qué podemos concluir de todo esto? Que Cuba, como una isla y como un símbolo, sigue navegando en aguas tempestuosas. El bloqueo no cede, las carencias se acumulan y la amenaza militar está siempre en el horizonte. Sin embargo, el pueblo (esa palabra tan gastada y tan cierta) se mantiene. No con euforia, no con cánticos revolucionarios de cartón piedra, sino con la rutina de quienes han convertido la resistencia en forma de vida. Una resistencia no solo de tanques y trincheras, sino de colas en las bodegas, de vecinos que comparten un fogón, de científicos que inventan vacunas entre apagones.

 

Y mientras tanto, allá en Miami, en Washington, los estrategas del asedio seguirán diseñando nuevos mecanismos de presión. Pero, como dice el refrán: "Nadie aprieta el puño contra el que ya no tiene nada que perder". Cuba lo ha perdido casi todo excepto su dignidad. Y esa, lo sabemos por la historia, suele ser la última trinchera.

 

Así que, ya ven, la historia continúa. No hay final feliz ni final trágico. Hay una apuesta diaria por la supervivencia. Y tal vez, solo tal vez, en esa apuesta resida la única victoria posible: la de seguir siendo, contra todo pronóstico, uno mismo. Como aquella canción que decía: "Pero si el río suena, agua lleva". Y si Cuba sigue respirando, aunque sea con dificultad, es que algo la mantiene viva. Y eso, queridos amigos, es más que una metáfora. Es un hecho.

Fuente:

  • "Reafirma Díaz-Canel: Cuba no representa una amenaza, pero tiene derecho a defenderse" – Granma
  • "«Cuba no amenaza ni desea la guerra»" – Granma
  • "Desde el periódico Granma, también la firma por la Patria" – Granma
  • "«Cuba es la prueba viviente de que se puede enfrentar ...»" – Granma
  • "Graham signals Cuban liberation ‘close at hand’ as tensions simmer" – The Hill
  • "El régimen cubano teme una agresión militar de Washington" – Ansa.it
  • "China urge a EEUU a no difamar relaciones con Cuba" – CNC TV Granma
  • "Relatores de la ONU exigen a Estados Unidos cesar hostilidad contra Cuba" – CNC TV Granma
  • Titulares de otros medios:
  • "¿Cómo afecta el bloqueo de EE.UU. al sector de las comunicaciones y la informática en Cuba?" – ACN
  • "Avanza restablecimiento gradual del sistema eléctrico en Cuba tras desconexión total" – teleSUR
  • "Díaz-Canel agradece a China apoyo para cambiar matriz energética de Cuba" – Xinhua
  • "«La realidad nos impone cambios urgentes y necesarios ...»" – Granma
  • "Marrero Cruz: «Estas transformaciones no constituyen una ...»" – Granma
  • "Industria Alimentaria potencia los encadenamientos con todos los actores económicos del país" – Granma
  • "Microcrédito «Crece» impulsa a Mipymes en Granma" – Granma
  • Titulares de otros medios:
  • "Cuba aprueba 176 medidas en un nuevo intento de ..." – The Conversation
  • "Díaz-Canel anuncia reformas para liberalizar la economía ..." – El País

 

 

 


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