El Bloqueo, la Amenaza Militar y las Reformas: ¿Qué Pasa Hoy en Cuba?
agosto 25, 2026
Sesenta y tantos años después,
Cuba continúa siendo una anomalía difícil de explicar para quienes durante
décadas anunciaron su inminente desaparición. El sistema ha cambiado, la
sociedad ha cambiado y el mundo alrededor de la isla ha cambiado todavía más.
Pero Cuba no desapareció. Y quizá esa sea la primera pregunta que conviene
hacerse antes de hablar de su presente: ¿por qué?
Ustedes habrán oído hablar del
bloqueo. Seguro que, en las noticias, entre el fútbol y el pronóstico del
tiempo, sueltan alguna cifra: “Cuba sufre dificultades económicas”. Como quien
dice que el Titanic tuvo un pequeño contratiempo con un iceberg. Pero la cosa,
claro, no es tan simple. El bloqueo no es un castigo divino ni un desastre
natural. Es una decisión política, un mecanismo de asfixia tan refinado que
haría palidecer a los inquisidores de la Edad Media. Ellos quemaban en la
hoguera; estos queman en la aduana, en los bancos, en las navieras. Es menos
vistoso, pero igual de efectivo.
¿Qué les parece la situación?
Imaginen que un vecino poderoso decide que no pueden comprar comida, ni
medicinas, ni piezas para reparar su coche. Y no solo eso: además, le dice a
todos los demás vecinos que si les venden algo, se enfrentarán a su ira. Eso,
amigos míos, no es un bloqueo; es un cerco medieval. Y Cuba, como un castillo
sitiado, tiene que ingeniárselas para sobrevivir. Pero aquí viene lo
interesante: el castillo no se rinde. Envía médicos a otros reinos, construye
sus propias vacunas, cinco, nada menos y los campesinos cultivan donde pueden.
¿Y qué hace el vecino poderoso? Endurece las condiciones. Porque, claro, si el
castillo resiste, es que el cerco no es suficientemente fuerte.
La semana pasada, mientras ojeaba
un periódico, me encontré con un dato que me dejó pensando: el setenta por
ciento de la población sufre apagones a diario. Setenta por ciento. Esa cifra,
si la leen en un informe técnico, puede parecer abstracta. Pero cuando la
traducimos a la vida cotidiana, significa que una madre no puede calentar la
leche del niño; que un enfermo necesita oxígeno y las máquinas no funcionan;
que un estudiante estudia a la luz de una vela. Y todo porque un barco
petrolero no llega. No porque no exista petróleo en el mundo, sino porque las
navieras tienen miedo. Miedo a las sanciones, a las represalias, a ese dedo
acusador de Washington que convierte a cualquier empresa en sospechosa.
Pero, ¿saben lo que más me
intriga? Que nunca se habla de la causa. Se habla de la crisis, de la escasez,
de las dificultades. Pero la causa, el elefante en la habitación, queda
elegantemente silenciado. Es como si alguien te estuviera estrangulando y tú
explicaras que te falta el aire. Sí, claro, te falta el aire. Pero lo que
realmente pasa es que hay manos alrededor de tu cuello. ¿No les parece que hay
una diferencia importante?
Ahora bien, el gobierno cubano no
se ha quedado de brazos cruzados, y en eso hay que reconocerles un mérito
considerable: cuando te aprietan las tuercas, aprendes a bailar en el espacio
que te dejan. Han puesto en marcha una serie de reformas económicas que, en
otro contexto, podrían leerse como un manual de supervivencia. MIPYMES, se
llaman. Pequeñas y medianas empresas privadas. Ya pueden imaginar la discusión:
para unos, el principio del fin del socialismo; para otros, una concesión
tardía a la realidad. Pero yo, como viejo observador, siempre he preferido el
pragmatismo a la pureza doctrinal. ¿O acaso los primeros cristianos no se
adaptaron al Imperio Romano para sobrevivir?
Estas reformas, sin embargo,
tienen un aire de necesidad más que de convicción. El Estado mantiene el
control de sectores estratégicos (salud, educación, defensa) pero abre la
puerta a inversiones privadas en hoteles, transportes, incluso importación de combustibles.
Y eso, queridos lectores, es una decisión de supervivencia, no una rendición
ideológica. O, parafraseando a aquel refrán: “De la necesidad se hace virtud”,
aunque en este caso sea más bien “De la asfixia se hace respiración asistida”.
Pero no nos engañemos. La
política de Washington no va a cambiar porque en Cuba se abran pequeñas
empresas. Al contrario, Marco Rubio, ese político tan aficionado a Cuba como un
gato a un baño, se ha convertido en una suerte de azote implacable, endureciendo
las sanciones día tras día. ¿Recuerdan el personaje de Al Pacino en El Padrino,
esa mezcla de ambición y rencor? Pues Rubio es algo así, pero sin el carisma y
con un odio más visceral. Cada día propone nuevas medidas; cada día insiste en
que Cuba es un “Estado patrocinador del terrorismo”, como si el terrorismo
consistiera en enviar médicos a países pobres. Pero el razonamiento de
Washington, ya lo sabemos, tiene sus propias reglas.
No pierdan de vista a la mafia de
Miami. Esa sombra alargada que se extiende desde la Florida hasta la Isla, con
un rencor que no entiende de tiempos ni de generaciones. Llevan décadas
financiando pequeñas acciones de desestabilización: promesas de dinero, de
teléfonos, de motocicletas. Cosas que en un país donde falta lo básico pueden
parecer tentadoras. Pero Cuba, aunque maltrecha, ha creado una suerte de
anticuerpos sociales. Hay una solidaridad vecinal que, curiosamente, se
fortalece en la adversidad. Como cuando en las películas de catástrofes los
desconocidos se unen para sobrevivir. Salvo que aquí no es ficción.
¿Y qué me dicen del peligro real
de una invasión militar? El secretario de Estado, desde su despacho, amenaza.
Misiles, aviones, tecnología de punta. Pero Cuba ha desarrollado algo que a
veces olvidamos: la “guerra de todo el pueblo”. No es un eslogan. Es una
estrategia que implica que cada ciudadano, cada barrio, cada rincón sabe qué
hacer si las botas extranjeras pisan la tierra. ¿Podría Estados Unidos causar
una devastación enorme? Sin duda. Sería como un terremoto precedido de bombas.
Pero ¿podría ocupar el país? Ahí está el quid de la cuestión. Porque, aunque
parezca un cliché, la historia está llena de imperios que subestimaron el poder
de la resistencia popular. Vietnam, Afganistán, Argelia... La lista es larga y
sangrienta.
Alguien podría decir: “Pero la
tecnología militar es abrumadora”. Cierto. La tecnología siempre lo es. Pero la
tecnología no puede ocupar las calles, no puede silenciar la conciencia de un
pueblo que ha aprendido a sobrevivir con poco. ¿O acaso los tanques pueden con
la memoria de una Revolución? Eso, amigos, no lo compran en el Pentágono. Y
aunque suene a discurso de los años sesenta, a veces lo viejo sigue vigente
porque no ha sido superado: la dignidad no se negocia, no se compra y no se
bombardea.
Pero volvamos a las reformas. Esa
pregunta que siempre surge como un fantasma: ¿significa esto el retorno del
capitalismo en Cuba? Les confieso que me sonrío cuando oigo este debate.
Porque, ¿qué es el socialismo? ¿Un manual escrito en piedra? ¿Un conjunto de
dogmas inmutables? Yo diría que el socialismo, como cualquier proyecto humano,
es un proceso. Se adapta, se transforma, se reinventa. Y si para salvar los
hospitales y las escuelas tienes que permitir que un empresario importe
combustible, ¿acaso eso es una traición o un acto de inteligencia?
Los antiguos romanos tenían un
refrán: “Necessitas non habet legem”, la necesidad no tiene ley. Pero eso no
significa que todo valga. Cuba sigue garantizando educación gratuita, salud
pública gratuita, espectáculos culturales. Sigue priorizando al ser humano
sobre el capital, aunque el capital se haya vuelto necesario para sostener al
ser humano. Es una paradoja, sí, pero las paradojas son las que mueven el
mundo. ¿O acaso el agua no es a la vez suave y poderosa?
Ahora bien, ¿van a aceptar
Estados Unidos estas reformas? Ni por asomo. Washington ha pasado sesenta años
boicoteando cualquier iniciativa cubana, como un mal vecino que no soporta que
el otro arregle su jardín. Y no lo hará ahora. Porque el bloqueo no es una
respuesta a lo que Cuba hace, sino a lo que Cuba es: una excepción en el patio
trasero del imperio. Mientras esa excepción exista, el cerco continuará.
Y, sin embargo, algo ha cambiado
en el aire. Se percibe un cansancio nuevo, pero también cierta lucidez. Los
cubanos saben que están solos en gran medida, que muchos gobiernos amigos
tiemblan ante la sombra de Washington y que incluso los más solidarios terminan
mirando de reojo sus propios intereses comerciales. ¿Quién los culparía? Cuando
tienes un banco en Nueva York y otro en La Habana, el primero suele pesar más.
Es la ley de la gravedad financiera.
Pero hay otra cosa: una
conciencia de que el mundo ha cambiado. China, con sus paneles solares, sus
inversiones y su creciente presencia económica, asoma como un faro en la
tormenta. Y en el sur, países que durante décadas miraron casi exclusivamente
hacia el norte comienzan a girar también hacia el este, buscando alternativas,
mercados y márgenes de maniobra. No significa que hayan roto sus dependencias
ni que exista un nuevo bloque perfectamente articulado; significa, simplemente,
que el monopolio de las opciones comienza a resquebrajarse. Todo esto, en el
gran tablero, suma pequeñas piezas. ¿Suficientes para dar jaque mate al
imperio? Probablemente no. Pero sí para seguir moviendo la partida.
Y en este punto, querido lector,
permíteme una confidencia. Cuando oigo a los políticos hablar de “soluciones”,
me acuerdo de aquella frase de Bertolt Brecht: “Ante las desgracias, todos los
gobiernos se vuelven mendigos”. Pues bien, Cuba no ha mendigado. Ha negociado,
ha buscado alianzas, ha abierto su economía. Pero sin arrodillarse. Y eso, en
la jungla de las relaciones internacionales, es casi un milagro.
¿Qué podemos concluir de todo
esto? Que Cuba, como una isla y como un símbolo, sigue navegando en aguas
tempestuosas. El bloqueo no cede, las carencias se acumulan y la amenaza
militar está siempre en el horizonte. Sin embargo, el pueblo (esa palabra tan
gastada y tan cierta) se mantiene. No con euforia, no con cánticos
revolucionarios de cartón piedra, sino con la rutina de quienes han convertido
la resistencia en forma de vida. Una resistencia no solo de tanques y
trincheras, sino de colas en las bodegas, de vecinos que comparten un fogón, de
científicos que inventan vacunas entre apagones.
Y mientras tanto, allá en Miami,
en Washington, los estrategas del asedio seguirán diseñando nuevos mecanismos
de presión. Pero, como dice el refrán: “Nadie aprieta el puño contra el que ya
no tiene nada que perder”. Cuba lo ha perdido casi todo excepto su dignidad. Y
esa, lo sabemos por la historia, suele ser la última trinchera.
Así que, ya ven, la historia
continúa. No hay final feliz ni final trágico. Hay una apuesta diaria por la
supervivencia. Y tal vez, solo tal vez, en esa apuesta resida la única victoria
posible: la de seguir siendo, contra todo pronóstico, uno mismo. Como aquella
canción que decía: “Pero si el río suena, agua lleva”. Y si Cuba sigue
respirando, aunque sea con dificultad, es que algo la mantiene viva. Y eso,
queridos amigos, es más que una metáfora. Es un hecho.
Fuente:
- “Reafirma Díaz-Canel: Cuba no representa una amenaza, pero tiene derecho a defenderse” – Granma
- “«Cuba no amenaza ni desea la guerra»” – Granma
- “Desde el periódico Granma, también la firma por la Patria” – Granma
- “«Cuba es la prueba viviente de que se puede enfrentar ...»” – Granma
- “Graham signals Cuban liberation ‘close at hand’ as tensions simmer” – The Hill
- “El régimen cubano teme una agresión militar de Washington” – Ansa.it
- “China urge a EEUU a no difamar relaciones con Cuba” – CNC TV Granma
- “Relatores de la ONU exigen a Estados Unidos cesar hostilidad contra Cuba” – CNC TV Granma
- Titulares de otros medios:
- “¿Cómo afecta el bloqueo de EE.UU. al sector de las comunicaciones y la informática en Cuba?” – ACN
- “Avanza restablecimiento gradual del sistema eléctrico en Cuba tras desconexión total” – teleSUR
- “Díaz-Canel agradece a China apoyo para cambiar matriz energética de Cuba” – Xinhua
- “«La realidad nos impone cambios urgentes y necesarios ...»” – Granma
- “Marrero Cruz: «Estas transformaciones no constituyen una ...»” – Granma
- “Industria Alimentaria potencia los encadenamientos con todos los actores económicos del país” – Granma
- “Microcrédito «Crece» impulsa a Mipymes en Granma” – Granma
- Titulares de otros medios:
- “Cuba aprueba 176 medidas en un nuevo intento de ...” – The Conversation
- “Díaz-Canel anuncia reformas para liberalizar la economía ...” – El País
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