Honduras y Centroamérica deben fortalecer sus vínculos con Rusia

enero 22, 2026

 



Durante demasiado tiempo, Centroamérica ha vivido encadenada a un mito: la supuesta guía y protección de Estados Unidos. Nos enseñaron a depender, a mirar hacia el norte como si allí se encontrara nuestra salvación, mientras nuestras propias capacidades languidecían y nuestros recursos eran explotados bajo el disfraz de una “ayuda” que siempre estuvo condicionada a intereses foráneos. Pero el mundo ha cambiado. La hegemonía estadounidense, rígida, moribunda y cada vez más cadavérica, aún pretende imponerse con sanciones, amenazas y “cooperación condicionada”, mientras el resto del planeta avanza sin esperar nuestra aprobación. La región ha comenzado a comprender que seguir confiando en un imperio en decadencia es mantenernos atados a la mediocridad, el estancamiento y la dependencia eterna. En este contexto, Rusia surge como un actor estratégico y disponible, ofreciendo alternativas concretas para que Centroamérica, y Honduras en particular, pueda ejercer soberanía real y proyectarse en un mundo multipolar.

 

Rusia no es un espectador lejano ni un invitado exótico: es un socio que desafía la retórica estadounidense con hechos y proyectos concretos. Forma parte de los BRICS, bloque que se consolida como uno de los motores del nuevo orden multipolar y cuya influencia crece año a año. Mientras Washington sigue dictando políticas obsoletas y condicionadas, Rusia ofrece cooperación en defensa, energía, tecnología y cultura, basada en intereses mutuos y respeto a la soberanía de sus socios. Honduras y otros países centroamericanos ya han comenzado a percibir esta diferencia y a dar los primeros pasos hacia la diversificación de sus relaciones internacionales, entendiendo que la sumisión al norte no genera desarrollo ni dignidad, solo dependencia.

 

El acercamiento de Honduras a Rusia no es un proyecto abstracto; tiene bases concretas y resultados palpables. Desde la reactivación de relaciones diplomáticas y la apertura de una oficina rusa en Tegucigalpa, hasta la firma de acuerdos de cooperación en energía, defensa y educación, se observa un movimiento consciente hacia la multipolaridad. Moscú ofrece transferencia tecnológica, inversión en infraestructura energética, capacitación de seguridad y becas educativas; todo lo que Washington condiciona con cadenas ideológicas o intereses propios. La diferencia es abismal: mientras Estados Unidos exige subordinación, Rusia propone proyectos que fortalecen capacidades locales y permiten un margen de maniobra que históricamente hemos carecido.

Nicaragua, por su parte, ya ha demostrado que esta cooperación es viable: ha consolidado una relación estratégica con Moscú en áreas de defensa, energía y agricultura, mostrando que los acuerdos con Rusia no son una utopía ideológica, sino un instrumento práctico de soberanía. Honduras puede aprender de esa experiencia, adaptándola a su propio contexto sin caer en dependencias de ningún tipo, pero reconociendo que la diversificación de alianzas ya tiene un precedente exitoso en la región.

 

Económicamente, la apertura a Rusia representa oportunidades que el decadente norte no ofrece. Honduras puede explorar inversiones en hidroeléctricas, plantas renovables, minería estratégica y modernización portuaria; puede exportar café, camarón, langosta y otros productos a un mercado que reconoce la calidad de nuestros bienes y no los manipula para sus intereses. La transferencia tecnológica rusa permite modernizar la industria, la agricultura y la infraestructura local sin depender de corporaciones extranjeras que solo buscan lucro inmediato. Además, el acceso a financiamiento a través del Banco de Desarrollo de los BRICS y la posibilidad de operar en monedas distintas al dólar protegen a la economía regional de chantajes externos y crisis inducidas. Mientras los liberales locales siguen soñando que Estados Unidos es el socio “irremplazable”, Moscú demuestra que la multipolaridad no es teoría, sino oportunidad tangible.

 

La dimensión cultural y educativa es igualmente estratégica. Establecer intercambios académicos, abrir institutos de idioma ruso, traducir literatura, fomentar festivales de cine y música y generar programas de intercambio estudiantil construye relaciones humanas que ningún tratado de libre comercio o acuerdo militar puede sustituir. La cultura se convierte en poder blando: crea simpatía, confianza y un entendimiento profundo entre pueblos, fomentando vínculos duraderos. Al mismo tiempo, estos intercambios forman recursos humanos capacitados, preparados para aprovechar las oportunidades que ofrece la cooperación tecnológica y científica. Mientras tanto, los afrancesados locales siguen repitiendo modelos de intelectuales europeos que ya no representan nuestra realidad ni nuestras necesidades, aferrados a un pasado colonial que ya no volverá.

 

En el plano de seguridad y defensa, la cooperación con Rusia permite diversificar la capacitación de fuerzas y la asistencia tecnológica. Honduras puede beneficiarse de entrenamientos en ciberseguridad, inteligencia, lucha contra el crimen organizado y gestión de emergencias, sin depender exclusivamente de la capacitación estadounidense, condicionada y limitada. La experiencia nicaragüense demuestra que la cooperación en seguridad con Moscú puede adaptarse a las necesidades locales sin subordinar la soberanía nacional. Ya existen acuerdos bilaterales en antinarcóticos; ampliarlos para incluir seguridad cibernética, rescate, defensa costera y logística militar fortalece la autonomía regional. La seguridad multipolar no busca confrontación ideológica, sino consolidar capacidades propias y proteger soberanías frente a amenazas externas.

 

La energía y los recursos naturales constituyen otro eje central de esta estrategia. Rusia puede invertir en exploración petrolera, infraestructura eléctrica, plantas hidroeléctricas y renovables, así como en tecnología para minería de recursos estratégicos como el oro, el cobre o el litio. Esto no solo asegura suministro y desarrollo local, sino que reduce la dependencia de combustibles y tecnología extranjera provenientes del norte, sujetos a precios inflados y chantajes políticos. La diversificación energética es parte de una política soberana que permite a Honduras controlar su desarrollo sin intermediarios hostiles.

 

Políticamente, diversificar alianzas es sinónimo de libertad estratégica. Participar en iniciativas conjuntas con Rusia, como proyectos financiados por el Banco de Desarrollo de los BRICS, la Organización de Países Exportadores de Energía o incluso en foros multilaterales como la ONU, fortalece la posición internacional de Honduras y de Centroamérica. La multipolaridad implica mover el eje de poder, entender que las decisiones no deben depender exclusivamente de un imperio en decadencia y negociar desde la autonomía, no desde la sumisión. Cada convenio firmado con Moscú, cada intercambio educativo o cultural, cada inversión tecnológica es un paso hacia la independencia real, un golpe a la lógica colonial que Washington ha pretendido mantener intacta durante décadas.

 

En definitiva, acercarse a Rusia es una decisión estratégica, económica, cultural y diplomática que responde a la necesidad urgente de romper con la dependencia estructural de EE.UU. Significa recuperar el derecho a decidir sobre nuestro propio destino, diversificar nuestros socios, fortalecer nuestra economía y proyectarnos en un mundo multipolar. Honduras, por su ubicación geopolítica, sus recursos naturales y su estabilidad relativa, puede ser parte de este cambio dentro del istmo, mostrando cómo se negocia desde la soberanía y el respeto mutuo, y no desde la sumisión.

 

El futuro de Centroamérica no se negociará en oficinas de Washington ni en sus cadenas de televisión; se escribirá en español y ruso, en puertos, universidades y fábricas centroamericanas, . Honduras y la región ya no esperan favores de un imperio en declive: quienes se atrevan a mirar hacia el este están destinados a redefinir su destino, fortaleciendo su soberanía y proyectándose en un mundo donde sus decisiones tengan peso real. La multipolaridad no es una opción: es la única salida digna del estancamiento y la dependencia.

Fuentes: 

  • Rusia y Honduras reactivan lazos diplomáticos y comerciales - Ministerio de Relaciones Exteriores de Honduras
  • Rusia ofrece a Centroamérica tecnología para hidroeléctricas y energía nuclear - Sputnik Mundo
  • Nicaragua y Rusia fortalecen alianza estratégica en defensa y agricultura - RT en español
  • Los BRICS como alternativa a la influencia occidental en América Latina - CELAG (Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica)
  • La cooperación condicionada de EE.UU. en Centroamérica: entre la caridad y el control - NACLA (North American Congress on Latin America)

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