La lucha sagrada de Irán: una épica de soberanía

enero 25, 2026

 



La lucha sagrada de Irán representa un capítulo épico en la historia de la resistencia contra el imperialismo, un relato de soberanía recuperada y de un pueblo que, a lo largo de más de un siglo, enfrentó intervenciones extranjeras con una determinación que trascendió lo político y se convirtió en un mandato espiritual y moral. Desde los albores del siglo XX, potencias como Gran Bretaña interpretaron a Irán como un espacio de apropiación antes que, como una nación dotada de derechos y necesidades propias, situándolo en el centro de una batalla por la dignidad y la autodeterminación. La concesión D’Arcy de 1901 inauguró una relación tortuosa con el Occidente capitalista, en la que la Anglo-Persian Oil Company, más tarde Anglo-Iranian Oil Company, extrajo el petróleo iraní mientras consolidaba la pobreza y el subdesarrollo internos. Esta dinámica de saqueo combinó el despojo de recursos naturales con la humillación de una sociedad milenaria, transformando a los trabajadores iraníes en mano de obra barata, segregada y sometida a campamentos precarios. De ese escenario emergió una conciencia colectiva: las huelgas de 1929 y 1946 paralizaron la industria petrolera y sembraron las bases de un movimiento nacionalista y obrero que avanzó hacia la confrontación directa con el yugo anglo-imperial.

 

El punto de inflexión llegó en 1951, cuando el Parlamento iraní nacionalizó la industria petrolera bajo el liderazgo de Mohammed Mossadegh, un reformador intelectual que encarnaba el anhelo popular por la soberanía. Esta acción, respaldada por una coalición como el Frente Nacional y apoyada incluso por el Partido Tudeh, reflejaba el rechazo masivo a la explotación extranjera. Pero el imperialismo no cedió: en 1953, la CIA estadounidense, en su primer golpe de Estado, derrocó a Mossadegh en colaboración con el MI6 británico, instalando al Shah Mohammed Reza Pahlavi como un monarca absoluto. Este golpe, que The New York Times celebró como una lección contra el “nacionalismo fanático”, inauguró 26 años de dictadura neocolonial respaldada por Washington. El Shah, educado en Suiza y aliado incondicional de Estados Unidos, creó la SAVAK, una policía secreta entrenada por la CIA que torturó y eliminó a opositores, decimando a generaciones de revolucionarios, comunistas y progresistas. Mientras el petróleo fluía a consorcios occidentales, con empresas estadounidenses llevándose el 40 % de las ganancias, el régimen del Shah impulsaba una “Revolución Blanca” que hoy se llamaría neoliberalismo puro: crecimiento económico desigual que enriquecía a una élite mientras la mayoría padecía hambre, inflación y migración forzada a ciudades superpobladas.

 

Esta era de represión y alianza secreta con Israel, donde Tel Aviv compraba petróleo iraní y entrenaba a la SAVAK, culminó en el despilfarro simbólico de 1971, cuando el Shah organizó “la fiesta más cara de la historia moderna” para celebrar 2.500 años de su dinastía, importando toneladas de comida francesa mientras su pueblo moría de inanición. La censura absoluta, la prohibición de sindicatos y la vigilancia constante convirtieron a Irán en un estado policial con el peor récord de represión política, según Amnistía Internacional, con miles de prisioneros políticos y ejecuciones. Pero la llama de la resistencia no se extinguió: Ayatollah Ruhollah Khomeini, exiliado en 1964, difundía mensajes grabados en casetes que denunciaban al imperialismo estadounidense y llamaban a derrocar al Shah, circulando en 90.000 mezquitas. En 1977, las protestas comenzaron, uniendo a clérigos radicales, izquierdistas, intelectuales, trabajadores y minorías étnicas en una ola que paralizó la economía con huelgas masivas, especialmente de los petroleros. A pesar de masacres por tropas del régimen, el pueblo vestía sudarios blancos en desafío, simbolizando su disposición al martirio por la liberación.

 

La Revolución Islámica de 1979 fue el clímax de esta lucha sagrada, derrocando al Shah y estableciendo la República Islámica bajo Khomeini, aprobada abrumadoramente en referéndum. Esta victoria no solo expulsó a Estados Unidos, como lamentó un diplomático estadounidense: “Solíamos gobernar este país... Ahora ni siquiera gobernamos nuestra embajada”, , sino que alteró el equilibrio geopolítico en Asia Occidental, inspirando a oprimidos en el mundo musulmán y el Sur Global. Irán nacionalizó su petróleo, rompiendo el control imperial, y se convirtió en un baluarte contra el sionismo y el imperialismo, apoyando movimientos de liberación como Hezbolá y la resistencia palestina. A pesar de sanciones severas y la guerra impuesta por Irak (1980-1988), conocida como la “Defensa Sagrada”, donde el IRGC y los Basij movilizaron a millones en una epopeya de sacrificio, Irán emergió resiliente, desarrollando doctrinas de “defensa adelante” con misiles, drones y alianzas regionales que extienden su influencia defensiva.

 

En la actualidad, esta lucha sagrada persiste ante agresiones renovadas. En junio de 2025, Israel y Estados Unidos lanzaron ataques contra instalaciones nucleares y militares iraníes, asesinando líderes y científicos, en un intento de cambio de régimen que busca desmantelar el eje de resistencia y someter a Irán al control imperial. Sin embargo, como en la “Operación Verdadera Promesa 3”, Irán respondió con precisión, demostrando resiliencia y exponiendo las debilidades del enemigo: misiles iraníes penetraron defensas occidentales, mientras Estados Unidos agotaba reservas de Tomahawks. Esta agresión, enmarcada en el declive imperial estadounidense, busca sofocar la soberanía iraní, que desafía el petrodólar con alianzas en BRICS, China y Rusia, promoviendo un orden multipolar. Internamente, protestas por inflación (40-50 %) y reformas económicas, como la unificación del tipo de cambio en diciembre de 2025, han sido manipuladas por Occidente, con propaganda y agentes como el Mossad incitando disturbios étnicos, especialmente entre kurdos. El gobierno respondió cortando el internet y arrestando agitadores, pero reconoció las protestas pacíficas, advirtiendo a Trump que cualquier ataque haría de Israel y las bases estadounidenses serian objetivos legítimos.

 

La crítica al “marxismo occidental” resalta cómo la izquierda académica en el Norte Global denuncia al estado iraní mientras ignora su crimen real: desafiar el imperialismo. Esta “solidaridad selectiva”, arraigada en el eurocentrismo y privilegios del núcleo imperial, separa “régimen” de “pueblo”, justificando indirectamente el colapso estatal que beneficiaría a Washington. En realidad, el estado iraní es el escudo contra la desintegración, financiando salud, educación y defensa que protegen la soberanía. La Revolución Islámica, sucesora del socialismo árabe, institucionalizó el apoyo a Palestina, cerrando embajadas imperiales y oponiéndose al “Gran Satán” estadounidense, en eco a la contradicción principal de Mao o Cabral: el imperialismo como enemigo único.

 

Hoy, el concepto de guerra en Irán se desplaza del sacrificio revolucionario hacia un cuestionamiento cívico, en el que generaciones jóvenes sitúan la justicia interna como prioridad política y expresan ese giro mediante consignas como “Ni por Gaza, ni por Líbano, mi vida solo por Irán”. Esta fatiga histórica convive con la sacralidad de la lucha y se expresa como una demanda cívica que fortalece la resistencia y renueva su legitimidad interna. Irán, con 92 millones de habitantes, vastos recursos y una posición estratégica en el Estrecho de Ormuz, se consolida como un eje de multipolaridad al resguardar su territorio y sostener la idea de un mundo liberado del pillaje anglo-imperial. Su victoria en la guerra de 12 días de 2025 adquiere un sentido que trasciende lo militar y se afirma como demostración de que la soberanía, forjada en sangre y fe, posee la capacidad de desafiar al anglo-imperio en decadencia e impulsar a la humanidad hacia una emancipación verdadera.

Fuente:

  • Artículo principal de Liberation News (26 de junio 2025)
  • Estudios sobre la nacionalización del petróleo y el golpe de 1953 (documentos desclasificados)
  • Investigaciones sobre la era del Shah (1953-1979) (archivos históricos)
  • Análisis de la Revolución de 1979 (archivos históricos)
  • Estudios sobre la República Islámica (investigaciones académicas)
  • Análisis de la guerra de 2025 (informes recientes)
  • Estudios sobre protestas y estabilidad interna (investigaciones recientes)
  • Análisis del "marxismo occidental" y solidaridad colonial (estudios académicos)
  • Publicaciones especializadas en geopolítica (Foreign Affairs Latinoamérica, PressTV, HispanTV, think tanks)
  •  (The New York Times, Amnistía Internacional, documentos desclasificados, declaraciones de líderes)
  • Análisis generacionales y cambio social (estudios sociopolíticos contemporáneos)


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