Se está gestando una perestroika en Venezuela. ¿Y la izquierda hondureña? Silbando en la loma
enero 26, 2026
Pareciera increíble, pero las izquierdas latinoamericanas están guardando un silencio escandaloso sobre lo que ocurre en Venezuela. Más han sido los medios del globalismo y de la derecha los que han denunciado que la propia cúpula chavista está traicionando todos sus ideales, dando una vuelta de tuerca a todo lo que Chávez estableció en favor de Estados Unidos, vendiéndose prácticamente al mejor postor.
El silencio de estas izquierdas, o su empeño en no reconocer lo que está pasando, es elocuente: quieren mantener una apariencia de normalidad, sostener la retórica bolivariana, mientras la realidad los desmiente de manera brutal. Sus influencers, académicos y activistas universitarios se mantienen casi callados, elaborando seminarios y performances en sus cuevas académicas, incapaces de enfrentar la verdad.
Y la verdad es esta: Venezuela está siendo diezmada por Estados Unidos con total impunidad, y uno de los faros de la izquierda latinoamericana se derrumba ante sus ojos. Lo que está ocurriendo en Venezuela ya no es un discurso o una ideología, es una tragedia política concreta, y el silencio o la fantasía de la izquierda hondureña solo evidencia que han perdido el norte, que viven en un mundo irreal mientras la geopolítica real avanza sin que ellos levanten un dedo.
Cuando el tres de enero de dos mil veintiséis los comandos estadounidenses irrumpieron en el Palacio de Miraflores y se llevaron a Nicolás Maduro y a Cilia Flores rumbo a Nueva York, no ocurrió una batalla épica de resistencia antiimperialista, ni una defensa heroica de la soberanía nacional, ni siquiera una digna declaración de principios. Ocurrió algo mucho más siniestro y revelador: una transición pactada, un cambio de guardia maquillado de crisis, donde la actual cúpula del chavismo derrumbó décadas de discurso antiimperialista, que no eran más que retórica de supervivencia, fácilmente desechable cuando la presión real se hizo sentir.
Lo que vino después no ha sido la defensa del legado de Chávez, sino su liquidación metódica, y ante este espectáculo de traición, la izquierda hondureña, esa que se pavonea con pins del Che Guevara y banderas de Venezuela en las universidades, ha optado por el silencio más cobarde, por la mirada gacha, por el mutismo de quienes prefieren discutir sobre inteligencia artificial y los peligros de la tecnología antes que enfrentar el realismo político que les resulta incómodo.
La evidencia de la traición no es sutil, no requiere de análisis sofisticados ni de lentes académicos. Basta con observar los hechos concretos que han transcurrido en las semanas siguientes a la captura de Maduro. El quince de enero, la presidenta encargada Delcy Rodríguez, recibió en Caracas al director de la CIA, John Ratcliffe. Sí, de la Agencia Central de Inteligencia, ese organismo que durante décadas fue presentado como el demonio mismo, como la encarnación del imperialismo que asesinó a Allende, que intentó derrocar a Chávez en el dos mil dos, que ha desestabilizado gobiernos progresistas en toda América Latina.
Allí estaba Delcy, estrechando la mano del enemigo histórico, discutiendo oportunidades de colaboración económica y recibiendo instrucciones sobre cómo Venezuela ya no podía ser refugio de narcotraficantes. La foto, ya una declaración de intenciones, va más allá de lo que se dice: representaba una verdad más profunda. El chavismo actual, cuya cúpula son solo los típicos acomodados que puedes encontrar en cualquier país de América Latina, se arrodillaba ante Washington, y lo hacía sin rubor, sin excusas ideológicas, con la frialdad de quienes negocian la entrega de un país.
¿Cómo es posible que alguien como el capitán Juan Escalona, que formaba parte de la guardia presidencial de Nicolás Maduro y cuya actuación debió ser cuestionada ante cualquier fallo, haya sido ascendido a ministro en lugar de enfrentar castigo o destitución? ¿En serio? ¿En qué país del mundo esto no sería un escándalo, un bochorno nacional, un motivo de risas nerviosas y titulares sangrantes? Pero aquí no. Aquí, parece, el chavismo tiene su propio calendario de recompensas y castigos, completamente ajeno a la lógica y al sentido común.
Y si esto ya resulta desconcertante, agárrense: apenas Delcy Rodríguez toma las riendas de su flamante poder, sacude el tablero como si estuviera jugando ajedrez borracha. General Javier Marcano Tábata, responsable directo de la seguridad física de Maduro, destituido; en su lugar, Gustavo González López, alias “El Sabueso”, un personaje sancionado por Occidente (vamos, si Donald Trump se da la mano con un tipo que cortaba cabezas en Siria, aquí no hay que engañarse), recibe carta blanca para mandar, mientras el jefe de inteligencia con sus errores garrafales que permitieron la captura del presidente no solo no es castigado, sino que lo premian con el control absoluto de la seguridad presidencial. Bravo. Cualquier persona con una minima lógica de seguridad entenderia que este hombre debería estar destituido. Pero no, aquí lo que importa es consolidar la nueva élite chavista y jugar al circo de poder con la impunidad como regla.
Mientras tanto, los movimientos estratégicos dentro del chavismo pasan desapercibidos ante el público, como un teatro de sombras donde ascensos y destituciones no hablan de lealtad ni de incompetencia, sino de pactos internos, juegos de poder y tal vez transiciones que nadie se atreve a nombrar.
Y si la reunión con la CIA es apenas la punta del iceberg de este vodevil, ¿qué otros movimientos internos, invisibles y silenciosos, están diciendo más sobre la consolidación del poder y la nueva élite chavista que cualquier titular oficial? Todo huele a estrategia, complicidad y un desdén absoluto por la lógica de la justicia, la moral y la decencia mínima.
Y mientras tanto, la reforma petrolera, esa que los oficialistas intentan vender como una mera adaptación a la realidad, es en realidad la liquidación del legado de Chávez. Los nuevos Contratos de Participación Productiva permiten que empresas privadas, incluyendo a las mismas transnacionales que Chávez expulsó en el dos mil siete, operen campos petroleros asumiendo todo el riesgo y costo, con regalías reducidas del treinta al quince por ciento, con derecho a comercializar directamente su producción y a llevarse las ganancias a cuentas bancarias en el extranjero. Es la privatización encubierta, la entrega del oro negro a quienes durante años fueron denunciados como saqueadores del patrimonio nacional. Es, en esencia, un retroceso a la época prechavista, pero peor, porque ahora se hace con la firma de quienes se llaman herederos de la revolución bolivariana.
La izquierda hondureña, esa que se autoproclama chavista y paladina de la soberanía antiimperialista, desaparece justo cuando más sentido tendría existir. Después de años de ausencia, resurgen revueltas feministas en Honduras reciclando consignas importadas del Partido Demócrata estadounidense: LGBTQ, feminismos y seminarios en burbujas universitarias, fantaseando con ser como Noruega o Suecia , todo ello desconectado de la realidad concreta del país y de las urgencias políticas reales.
Mientras tanto, Venezuela no solo se desploma, sino que queda completamente subordinada a potencias externas. La “soberanía” que alguna vez fue bandera retórica del chavismo hoy es letra muerta: el país se encuentra bajo presión directa de Estados Unidos, que prioriza el control de sus recursos estratégicos, incluyendo el petróleo, y asegura que la política venezolana sirva a sus intereses. La entrega del país al capital petrolero internacional y la subordinación de su política a agendas externas evidencian que lo que se defendía como revolución se ha convertido en supervivencia de élites y complicidad con el poder del glogalismo occidental.
Pero la izquierda hondureña, fiel a su costumbre, prefiere teorizar sobre algoritmos, inteligencia artificial y “democracia digital” antes que enfrentar la evidencia de que su modelo de referencia ha colapsado y ha sido instrumentalizado por quienes siempre persiguen su propio beneficio.
Mientras los anglosajones siguen reconfigurando instituciones latinoamericanas y ejerciendo su poder con impunidad, ellos se aferran a seminarios, hashtags y discursos vacíos. La lucha antiimperialista y los principios ideológicos, en la práctica, son palabras sin contenido, coreografías para consumo interno, no herramientas de poder real. El mundo político real, el de la geopolítica, no espera a quienes viven en fantasías universitarias, y ellos lo saben, pero prefieren el confort de la burbuja.
Aquí radica el problema central de la izquierda latinoamericana actual: abandonó el realismo político por una blandenguería pseudo‑humanista, una retórica de derechos humanos que la hace inofensiva frente al poder efectivo. Creen que portar un pin de la bandera palestina o una camiseta del Che Guevara es combatir, que marchar por víctimas de gobiernos que ellos mismos apoyaron es coherencia, que el activismo es un performance de Instagram en lugar de una lucha por el poder concreto.
Mientras tanto, Estados Unidos
demuestra, una vez más, que en América Latina gobierna a sus anchas, secuestra
presidentes, impone gobernantes y reconfigura economías sin que nadie en la
llamada izquierda vernácula ni se atreve a nombrar al demonio por su nombre, ni
reconoce que estamos siendo aplastados bajo su yugo.
La derecha liberal
latinoamericana, por su parte, es igual de patética. Esos conservadores de
pensamiento alternativo, esos guerreros de la «batalla cultural», celebran la
caída de Maduro pero se horrorizan de la forma, como si hubiera una manera
elegante de ser dominado por el imperialismo anglosajón. Claman que no debió
ser así, que no debió haberse cedido a poderes extranjeros, pero sus
alternativas son inexistentes, su análisis es vacío, su patriotismo es de
cartón piedra. La derecha en América Latina siempre ha sido basura, eso es un
hecho histórico, pero lo verdaderamente deprimente es descubrir que la
izquierda no es mejor, que es incapaz de defenderse, que ante la agresión real
prefiere el silencio complaciente o la autocomplacencia académica.
Los discursos de soberanía han
quedado en letra muerta. América Latina es un territorio de pueblos podridos,
de élites traicioneras, de izquierdas que prefieren teorizar sobre la ética de
la inteligencia artificial mientras sus referentes políticos entregan los
recursos naturales a las transnacionales. Y Honduras no es la excepción. Aquí,
la izquierda está perdida, silbando en la loma, sin norte claro, cualquier cosa
con tal de desviar la atención del público, de mantener las pasiones latinas
ocupadas en peleas insignificantes mientras los anglosajones reorganizan la
región a su antojo. Porque eso es lo que somos: pueblos cuyas pasiones son
fáciles de manipular, fáciles de desviar, fáciles de aplacar con shows de
moralina mientras nos roban el futuro.
Estamos jodidos. No porque nos
falten recursos, no porque nos falte historia o cultura, sino porque nos faltan
élites políticas con dignidad, porque nuestra izquierda prefiere el silencio
cómodo a la verdad incómoda, porque hemos permitido que el antiimperialismo se
convierta en una mercancía de exportación, en un discurso para turistas
políticos, mientras en la práctica nos arrodillamos ante quien nos patea. Y
mientras tanto, en Venezuela, el chavismo se desmorona revelando su naturaleza
real: una estructura de poder que nada tuvo que ver con el pueblo, todo con la
preservación de sus privilegios, y dispuesta a vender hasta el último barril de
petróleo con tal de mantenerse en sus puestos.
La traición está consumada, y
aquí, en Honduras, los que decían ser sus herederos miran para otro lado,
ocupados en sus juegos de inteligencia artificial, en sus performances de
activismo vacío, en su incapacidad crónica para entender que, en política
internacional, o tienes poder real o eres una colonia. Y nosotros,
definitivamente, no tenemos poder real.
Fuente:
- Rodríguez nombra ministro de Presidencia a edecán de Maduro y designa otro para Ambiente - Swissinfo
- Designado Juan Escalona como nuevo Ministro para el Despacho de la Presidencia - Aporrea
- La Fuerza Armada de Venezuela rechaza la captura de Maduro pero no informa sobre los militares caídos en el operativo de EEUU - Infobae
- Las nuevas caras del gabinete de Delcy Rodríguez en Venezuela - El Nuevo Día
- CIA Director Met With Venezuela's New Leader - The New York Times
- Un escolta de Maduro entra al gobierno interino - Noticias Yahoo
- Presidenta encargada de Venezuela designa a Juan Escalona como nuevo ministro - Xinhua
- Perfil | Juan Escalona, nuevo ministro del Despacho de la Presidencia - El Universal
- Delcy Rodríguez designó al capitán Juan Escalona como el nuevo Ministro del Despacho de la Presidencia - Polianalítica
- Chavismo 3.0: Quiénes forman parte del círculo de Delcy Rodríguez - BBC Mundo
- El Capitán Juan Escalona ha sido designado como Ministro del Despacho de la Presidencia - Correo del Orinoco
- Quién es Gustavo González López, el nuevo jefe de seguridad de Delcy Rodríguez - Infobae
- Gustavo González López - Wikipedia
- Rodríguez nombra ministro de Presidencia a edecán de Maduro y designa otro para Ambiente - Swissinfo
- Asamblea Nacional de Venezuela aprueba en primera discusión reforma parcial de la Ley de Hidrocarburos - Swissinfo
- Asamblea Nacional de Venezuela aprueba en primera discusión reforma parcial de la Ley de Hidrocarburos - EFE
- Delcy Rodríguez se blindó para la era post-Maduro - Transparencia Venezuela
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