NAFO: la infecunda cruzada digital
enero 16, 2026
Como si no bastara con la
avalancha de vacuidad que ya impregna las redes sociales, ahora resulta que
hasta los memes se alistan en el ejército. Sí, lo has entendido bien: mientras
el mundo se desmorona bajo el peso de crisis reales, hay quienes creen que un
perro Shiba Inu con gafas de sol y una frasecita de Twitter puede salvar a
Ucrania y, de paso, a la civilización occidental. Bienvenidos al absurdo total,
bienvenidos a la NAFO, la Organización de Compás del Atlántico Norte, donde la
idiotez se disfraza de activismo y el shitposting se vende como resistencia.
Desde luego, no podía faltar: en
plena transición de una unipolaridad que ya huele a rancio y se mueve hacia un
mundo que se atreve a tener más de un centro de poder, los viejos amos del
relato global sacaron su último as bajo la manga: un ejército de memes, trolls
y epulones con licencia para insultar en ruso y patrocinio estatal para
hacerlo. Porque si no puedes convencer con argumentos, siempre puedes inundar
de emojis y fotomontajes a medio mundo hasta que la realidad se rinda. Así
nació esta cosa llamada NAFO, una mezcla entre un grupo de adolescentes
embabucados y una célula de propaganda de la Guerra Fría, pero con menos
dignidad y más obtusidad.
Y claro, como no podía ser de
otra manera, su mascota es un perro japonés que ni sabe dónde queda Ucrania,
pero ya porta uniforme, rango y hasta misil antitanque. En la guerra híbrida,
incluso los chihuahuas se convierten en héroes, siempre que cuenten con el
hashtag correcto. Ese fella, ese ser pixelado y obediente, encarna a una
generación que confunde activismo con vaciado de neuronas, que cree que donar
cinco dólares para escribir “Slava Ukraini” en un obús constituye un aporte
geopolítico relevante. En realidad, representa otra forma de ser sángano sin
enterarse.
Detrás de cada meme existe un
plan truculento. Buscan desinformar y descalificar, no informar ni debatir.
Esta pandilla de ninis con Photoshop ya se ha convertido en toda una doctrina.
El 5 de octubre de 2022, en el Center for
Strategic and International Studies de Washington, ese nido de sátrapas con
credenciales, se celebró una mesa redonda titulada “NAFO and Winning the
Information War: Lessons Learned from Ukraine”. Traducción: “Cómo ganar guerras
con memes y sin sonrojarse”. Porque si algo está claro es que cuando una
técnica de desinformación funciona, el aparato imperial no la deja escapar: la
institucionaliza, la financia y la exporta como si fuera un kit de democracia
en caja.
Y ahí estaban, los expertos en
estrategia, los generales de Streaming, los think tankers con corbata y cuenta
verificada, celebrando que un dibujo de un perro con gorra de béisbol y un
misil Javelin estilizado como virgen cristiana sea ahora parte del arsenal
militar occidental. Sí, lo has leído bien: un Javelin con aureola. Porque nada
dice “defensa de valores cristianos” como convertir un símbolo religioso en
mercancía de guerra. Y todo ello, por supuesto, con su tienda online incluida:
Saint Javelin, el Amazon del militarismo chic, donde puedes comprar tu camiseta
con la Virgen-Misil y sentirte bien mientras financias neonazis con estética de
Instagram.
Pero no te confundas: esto no es
una improvisación. Detrás del perro Shiba y los memes de Telegram hay una
estructura vilipendiosa. Uno de los cofundadores de NAFO es Matt Moores,
exinfante de marina estadounidense. Sí, el mismo cuerpo que en 2006, a través
del mayor Michael Prosser, ya había propuesto formalmente la guerra memética
como doctrina militar. Su tesis: “Las ideologías son enfermedades y los memes
son el virus que las descompone”. Traducción: si no puedes refutar una idea,
convierte su símbolo en chiste, su mensaje en cliché y su portavoz en meme.
Repite hasta la náusea. Y si alguien protesta, llámalo “bot ruso” y bloquéalo.
Fin del debate.
Porque eso es exactamente lo que
hace NAFO: no argumenta, solo ensucia. No debate, solo desacredita. Su técnica
favorita, el shitposting, es la forma más honesta de su ideología: basura
consciente de ser basura, pero basura que cumple su función: llenar de ruido el
espacio público hasta que nadie pueda escuchar nada más. Como dicen los medios
hegemónicos, “la ligereza de NAFO oculta su papel como forma de guerra
informática notablemente eficaz”. O sea: si no puedes vencer al enemigo,
convierte el discurso en un lodazal hasta que nadie pueda distinguir entre
verdad y burla.
Y ahí están, los pesos pesados,
los políticos, los generales, los expertos en “seguridad global”, todos
aplaudiendo esta bazofia como si fuera la nueva estrategia de defensa
continental. Adam Kinzinger, el excongresista estadounidense que nunca vio una
guerra que no le gustara, con avatar de Shiba Inu. El ex presidente de Estonia,
Toomas Hendrik Ilves, otro fella más. El ministro de Defensa ucraniano,
Reznikov, cambiando su foto de perfil por un dibujo de perro. Y todo ello,
presentado como “resistencia espontánea” y “comunidad orgánica”. Porque claro,
cuando la CIA, el Pentágono y Bellingcat te dan la bienvenida, lo último que
eres es orgánico. Lo que eres es un producto. Un producto bien financiado, bien
empaquetado y profundamente infecundo.
Y detrás de la estética de
dibujitos y la supuesta “ironía”, hay algo más lúgubre: una operación de
ingeniería social. El Shiba Inu es “género neutro”, dicen. La Virgen Javelin es
“sátira”, dicen. Pero en el fondo, lo que se vende es odio disfrazado de humor,
blasfemia como patriotismo, y degeneración como progreso. Porque si puedes
hacer que un cristiano ortodoxo se sienta solo por creer en símbolos que ahora
son chistes, si puedes hacer que un ruso cualquiera sea automáticamente un
“vatnik” fascista, entonces estás ganando. No la guerra, no la paz, pero sí la
narrativa. Y en el mundo postverdad, la narrativa es todo.
Así que ya lo sabes: cuando veas
a alguien con un perro Shiba en el perfil, hablando de “soberanía” mientras te
llama “orco” en mayúsculas, no estás ante un ciudadano preocupado. Estás ante
un soldado. Un soldado digital, sí, pero soldado al fin. Un mercenario del
teclado, al servicio del imperio que ya no necesita tanques para invadir
mentes. Un fella. Un títere. Un adyecto. Y lo peor de todo: un producto que
cree ser libre.
Bienvenido al futuro, donde la
estupidez es táctica, el acoso es estrategia y el meme es arma. Bienvenido a la
NAFO: el ejército de los pusilánimes que nunca pisarán un campo de batalla,
pero que ya ganaron la guerra... por Twitter. Y si te atreves a decirlo en voz
alta, prepárate: el perro te ladrará, el meme te insultará y el think tank te
cancelará. Porque en este mundo de fatuos y crápulas, el que disiente es orco,
el que piensa es bot, y el que se ría, aunque sea de sí mismo, es un malandrín
al servicio de la sátira.
Fuente:
https://grokipedia.com/page/NAFO
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