El protestantismo anglosajón, sectas y derivados como extensión de la Doctrina Monroe

marzo 30, 2026

 



Cuando se evoca la Doctrina Monroe en la memoria colectiva latinoamericana, la imaginación se limita a imágenes de acorazados, dictaduras militares, sanciones económicas y el envenenamiento progresivo de nuestras sociedades a través de la comida rápida, los programas vacíos, las series de plataformas digitales, el progresismo artificial y la derecha liberal que disuelve patrias, una corriente reaccionaria traída del norte, sin perder de vista el sionismo como parte de la columna vertebral de la política exterior estadounidense. Sin embargo, esta visión, aunque parcialmente certera, omite deliberadamente el vehículo más sofisticado, penetrante y eficaz de toda la maquinaria hegemónica estadounidense: el expansionismo protestante anglosajón. Este no representa otra cosa que la Doctrina Monroe bajo un ropaje religioso, un brazo de carácter político, ideológico y cultural cuya función específica ha sido la de desmantelar redes religiosas preexistentes, particularmente el catolicismo ibérico y la ortodoxia oriental, para sustituirlas por una matriz de valores anglosajones compatible con el dominio Anglo-imperial. La evidencia histórica resulta abrumadora y sistemática: desde el siglo XIX, el protestantismo estadounidense no ha sido una fuerza espiritual autónoma; ha funcionado como un instrumento de política exterior, coordinado con las élites económicas y las agencias de inteligencia, para garantizar que América Latina permaneciera dentro de la esfera de influencia norteamericana no solo política y económicamente, también espiritualmente.

La primera gran revelación que desnuda la naturaleza colonial de este fenómeno reside en el patrón geográfico selectivo del expansionismo protestante. Los misioneros anglosajones no se dirigen a las zonas donde el cristianismo es desconocido y donde el riesgo mortal resulta real; es decir, no saturan con sus misiones los países de mayoría musulmana donde la conversión al cristianismo implica la persecución sistemática, el encarcelamiento o la muerte. Según los informes de organizaciones especializadas, países como Somalia, Yemen, Libia y Afganistán encabezan la lista de naciones donde ser cristiano equivale a una sentencia de muerte, con millones de cristianos sufriendo altos niveles de hostilidad en el mundo, la mayoría en entornos islámicos extremos o regímenes totalitarios asiáticos. Sin embargo, los gigantescos aparatos misioneros estadounidenses, con sus presupuestos de gran escala, sus predicadores televisivos y sus organizaciones transnacionales, no priorizan estas zonas donde la predicación evangélica resulta virtualmente imposible sin pagar con sangre. En cambio, concentran sus enormes recursos en países que ya fueron evangelizados hace siglos, donde existe una tradición cristiana consolidada y donde la organización estatal permite la acción sin riesgo físico: América Latina, católica desde hace más de quinientos años; Europa del Este, de tradición ortodoxa milenaria; Corea del Sur, con sus raíces budistas y confucianas pero altamente influenciable; y Japón, de mayoría sintoísta y budista pero con redes institucionales vulnerables a la penetración extranjera.

Esta selectividad geográfica demuestra que no se trata de una misión evangelizadora en el sentido tradicional de llevar el cristianismo a territorios paganos; representa un proyecto de sustitución cultural y religiosa en territorios ya cristianos, un auténtico secuestro de fieles y de soberanía espiritual. En América Latina, la operación fue explícita y se enmarcó directamente dentro de la Doctrina Monroe. Tras la Guerra de Secesión estadounidense, cuando Washington volvió sus ojos al sur del continente como mercado para su excedente productivo y zona vital para su seguridad, comprendió que el control político y económico no sería suficiente mientras persistiera el monopolio cultural y religioso de la Iglesia católica, legado de la expansión española. Para romper este denominado “antiguo orden colonial” e introducir los valores estadounidenses, el protestantismo fue desplegado como fuerza de choque espiritual. Los predicadores protestantes fueron utilizados por los poderes económicos y políticos de Estados Unidos para quebrar el monopolio católico, aliándose incluso con compañías comerciales para abrir nuevos mercados mientras predicaban, generando una retroalimentación entre interés religioso y expansión capitalista. La cúspide de esta vía ocurrió en 1916 con el Congreso de Panamá, donde el Comité de Cooperación para América Latina coordinó a las iglesias y misiones norteamericanas para establecer una agenda de trabajo que integrara la evangelización con los intereses hemisféricos de Washington. Esto sentó las bases para que el pentecostalismo posterior funcionara como agente de anglo-americanización en las zonas donde el Estado latinoamericano no llegaba, creando redes que luego se traducirían en poder político y electoral.

La Doctrina Monroe, lejos de ser meramente una política de contención militar, fue explícitamente extendida al campo religioso durante la Guerra Fría en lo que se denominó “diplomacia misionera”. El informe sobre la calidad de vida en las Américas de Nelson Rockefeller, resultado de un viaje encargado por Richard Nixon en 1969, dejaba claro que la Iglesia católica latinoamericana, particularmente la vertiente de la Teología de la Liberación, era vista como susceptible de “penetración subversiva” y peligrosa para los intereses estadounidenses. La recomendación fue clara: reemplazar a los católicos por “otro tipo de cristianos”, es decir, las agrupaciones fundamentalistas pentecostales estadounidenses. El Congreso de los Estados Unidos aprobó un envío creciente de misioneros y destinó sumas elevadas a la construcción de templos evangélicos y programas televisivos, utilizando el protestantismo como arma contra la influencia de la izquierda en el continente. Esto no constituye una interpretación conspirativa; se trata de documentación histórica: el pentecostalismo fue promovido deliberadamente desde Washington para debilitar a la Iglesia católica popular y evitar que el discurso de la justicia social amenazara los intereses norteamericanos en la región.

Este modelo de colonización religiosa no se limitó a América Latina; se replicó en Asia como extensión de la hegemonía estadounidense. Corea del Sur constituye el caso paradigmático de cómo el protestantismo fue implantado como instrumento de control geopolítico. Tras la división de Corea en 1945 y la guerra de 1950-1953, Estados Unidos transformó al sur de la península en un protectorado militar y cultural. En ese entorno, el cristianismo protestante, especialmente las versiones evangélicas y pentecostales, fue promovido masivamente por misioneros estadounidenses que establecieron escuelas, universidades, hospitales y orfanatos, creando una infraestructura paralela al Estado que formaba élites locales identificadas con los intereses de Washington. Desde apenas un 4% de cristianos en los años cincuenta, Corea del Sur pasó a tener más de un tercio de su población identificándose como cristiana, predominantemente protestante, convirtiéndose incluso en la segunda nación del mundo en envío de misioneros, solo detrás de Estados Unidos. Este fenómeno no fue espontáneo: respondió a la necesidad estadounidense de crear un aliado cultural y religioso sólido en la región asiática, un “baluarte cristiano” frente al comunismo del norte y la influencia china. La industria evangélica coreana, con sus grandes templos y su fervor capitalista, fue favorecida y protegida por los gobiernos militares apoyados por Washington, como el de Park Chung-hee, quien proclamó sectores vinculados a grupos cristianos como fundamentales para el país.

El caso japonés, particularmente el vínculo entre la familia de Shinzo Abe y la Iglesia de la Unificación, ilustra la faceta más política de este expansionismo religioso. Aunque la Iglesia de la Unificación fue fundada en Corea del Sur en 1954, su expansión en Japón estuvo directamente facilitada por el abuelo de Abe, Nobusuke Kishi, quien como primer ministro contribuyó a la llegada y asentamiento del grupo en el archipiélago japonés. Esta organización se convirtió en una máquina de recaudación de fondos y en una fuerza política de primer orden, infiltrando el partido Liberal Democrático y manteniendo lazos estrechos con la clase política japonesa. El asesinato de Shinzo Abe en julio de 2022 por parte de Tetsuya Yamagami no fue un ataque político convencional; representó un acto de venganza personal motivado por el resentimiento contra la agrupación, ya que Yamagami sostenía que su familia había sido arruinada económicamente por las donaciones forzadas y señalaba a Abe por proteger a la organización. La revelación de estos vínculos provocó una crisis política que obligó al gobierno de Fumio Kishida a investigar los lazos del Ejecutivo con la agrupación, descubriendo una red de influencia que operaba desde hacía décadas. En marzo de 2025, un tribunal de Tokio ordenó la disolución de la rama japonesa de la Iglesia de la Unificación como organización religiosa, reconociendo explícitamente que sus actos dañaban el bienestar público. Este caso demuestra cómo los movimientos religiosos vinculados al mundo anglosajón-protestante funcionan como redes de influencia política que trascienden lo espiritual para convertirse en operadores de intereses geopolíticos y económicos.

La misma vía de penetración se observó en Europa del Este tras la caída del comunismo en 1989. Mientras que la Iglesia ortodoxa rusa emergía debilitada de setenta años de supresión soviética, con sus redes debilitadas y su clero escaso, las organizaciones protestantes estadounidenses, bautistas, pentecostales, adventistas, entraron masivamente en Rusia, Ucrania y las repúblicas bálticas no para evangelizar paganos; llegaron para “rescatar” fieles de la ortodoxia. Aprovechando el vacío espiritual y la ausencia de formación que sufrió la Iglesia ortodoxa durante el régimen soviético, cuando el número de iglesias activas cayó drásticamente, los misioneros protestantes establecieron una presencia agresiva que muchos consideraron una invasión espiritual. Esta expansión no fue bienvenida por las autoridades ortodoxas, que vieron en ella una continuación del imperialismo cultural occidental, una nueva versión de la Doctrina Monroe aplicada al espacio post-soviético, donde la libertad religiosa se convirtió en sinónimo de libertad para que agrupaciones estadounidenses captaran adeptos entre los cristianos ortodoxos desorientados por el colapso del sistema soviético.

La evidencia conduce inexorablemente a la conclusión de que el expansionismo protestante anglosajón no constituye una empresa meramente religiosa; representa una forma sofisticada de dominación cultural y política que opera en sincronía con los intereses de Estados Unidos. Cuando los misioneros protestantes llegaron a América Latina, no encontraron un territorio pagano esperando ser iluminado, sino una civilización cristiana consolidada durante siglos. Sin embargo, la retórica misionera insistía en la necesidad de “evangelizar” a los latinoamericanos, como si España no hubiera llevado el cristianismo hace quinientos años. Esta negación deliberada de la realidad histórica, que América ya fue evangelizada, revela la verdadera naturaleza del proyecto: no se trata de expandir el cristianismo; se busca reemplazar una forma de cristianismo, la católica, ibérica, mediterránea y comunitaria, por otra, la protestante, anglosajona, capitalista e individualista, compatible con la hegemonía estadounidense. El protestantismo funciona, así como el vehículo perfecto para importar toda la corriente cultural anglosajona: el consumismo desenfrenado, la cultura del empoderamiento individualista que destruye los lazos comunitarios, la agenda de disolución de identidades nacionales, la derecha que defiende el libre mercado absoluto, y el sionismo como pilar de la política exterior norteamericana. Representa la Doctrina Monroe en su faceta más insidiosa, porque mientras los acorazados y las invasiones militares resultan visibles y generan resistencia, la colonización religiosa opera bajo la apariencia de la espiritualidad, la caridad y la salvación. De este modo, se logra que los propios colonizados se conviertan en agentes de su propia sumisión cultural, replicando en sus países los valores, las redes y las jerarquías del anglo-imperio, y preparando el terreno para que la influencia política y económica de Washington sea recibida no como imposición extranjera; se acepta como destino providencial.

Fuente:

  • The Monroe Doctrine: Empire and Nation in Nineteenth-Century America — Hill and Wang
  • Qué es el Destino Manifiesto, la doctrina citada por Trump por la que Estados Unidos se ve como una “nación elegida” — BBC News Mundo
  • La Doctrina Monroe, el Destino Manifiesto y la expansión de los Estados Unidos — Dialnet
  • Missionary Diplomacy — Wikipedia
  • Woodrow Wilson and the Progressive Era, 1910–1917 — Harper
  • Wilsonian Missionary Diplomacy — Encyclopedia.com
  • Quality of Life in the Americas: Report of a U.S. Presidential Mission for the Western Hemisphere — U.S. Government
  • O Relatório Rockefeller vem à tona em 1969 — Nos Diario
  • El Informe Rockefeller y la sospecha permanente sobre la Teología de la Liberación — LaCronica.do
  • Templos al servicio del terror: la historia incómoda del evangelismo pinochetista — Radiolasondasdelrio.online
  • Los cambios del protestantismo latinoamericano — Teología e Historia
  • Las “sectas” protestantes y el espíritu del (anti-)imperialismo — EUMEDNET
  • Congreso de Panamá (1916) — Wikipedia
  • John R. Mott — Wikipedia
  • John R. Mott | Biography, Nobel Prize & YMCA — Britannica
  • ¿Qué es la “secta Moon” y por qué se asocia con el asesinato del ex líder nipón Shinzo Abe? — Infobae
  • Asesinato de Shinzō Abe — Wikipedia
  • Tokyo High Court upholds former Unification Church’s dissolution order — NHK World-Japan
  • Tokyo high court upholds unification church dissolution order — PNA
  • Los 10 países más peligrosos para ser cristiano — Puertas Abiertas
  • Países de la Lista Mundial de la Persecución 2026 — Puertas Abiertas
  • Fundamentalismo e imperialismo en América Latina — Tricontinental
  • Religion: Cloak-and-Dagger Stories — Time
  • Cómo el gobierno americano utilizó el protestantismo para bloquear el comunismo en América Latina — Mises Institute
  • Church Committee — Wikipedia
  • Persecución religiosa en la Unión Soviética — Wikipedia
  • La diáspora coreana y el gran siglo de las misiones — Coalición por el Evangelio
  • Corea del Sur ya no es la segunda nación que más envía misioneros — Bite Project

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