El alto el fuego: vender paz y sostener la guerra

abril 17, 2026

 




¿Alguien se cree todavía que los altos el fuego en Oriente Medio sirven para otra cosa que no sea que los mismos de siempre se rearmen para la siguiente matanza? A mediados de abril de 2026, el espectáculo era tan previsible como absurdo: Pakistán, haciendo de intermediario, lograba un alto el fuego de dos semanas entre Estados Unidos e Irán, mientras Israel y el Líbano aceptaban sentarse a hablar en Washington. Pero a estas alturas, cualquier analista con dos dedos de frente sabe que en esta región la palabra "tregua" es una broma de muy mal gusto. El primer día del supuesto cese de hostilidades, Israel (el niño mimado de Occidente), ese país que viola metódicamente el derecho internacional con la cobertura incondicional de Washington, lanzaba su mayor ataque aéreo contra el Líbano. Y luego son los iraníes los que supuestamente amenazan la paz. Por favor. La realidad es tozuda: Israel nunca ha respetado una tregua que no le imponga la fuerza, y Estados Unidos nunca ha tenido la menor intención de contener a su aliado, porque la guerra en Oriente Medio es el negocio más rentable para la industria armamentística estadounidense y para la deriva ultranacionalista israelí.

 

Lo llaman "conflicto", como si fuera una disputa entre iguales. Pero basta con mirar Gaza, donde desde el alto el fuego firmado en octubre de 2025 ha muerto más de setecientos palestinos y han resultado heridos más de dos mil. Eso no es un alto el fuego, eso es un asesinato a cámara lenta con la autorización explícita de la comunidad internacional. El 12 de abril, Israel bombardeaba el campo de refugiados de Bureij, lleno de civiles, y se llevaba por delante a seis personas más. Y Hamás, la organización a la que Occidente se empeña en llamar "terrorista" mientras aplaude a los generales israelíes que ordenan estas masacres, tiene la osadía de exigir la apertura de pasos fronterizos y el aumento de la ayuda humanitaria. ¿Cómo se atreven? ¿Cómo se atreven los palestinos a pedir que no los maten de hambre mientras Israel controla cada gramo de comida que entra? El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos habla de "indiferencia hacia la vida palestina" y de "impunidad generalizada". Pero esa impunidad no es un efecto colateral: es el sistema. Mientras Estados Unidos vete cada resolución condenatoria en el Consejo de Seguridad, mientras los fiscales de la Corte Penal Internacional sigan mirando para otro lado, Israel seguirá matando con la conciencia tranquila. Y luego nos venden la patraña de que Irán es el peligro existencial.

 

Porque Irán, claro, es el villano perfecto. Irán cierra el estrecho de Ormuz, Irán amenaza con armas nucleares, Irán financia a los "terroristas". Pero veamos los hechos sin el filtro de la propaganda occidental. La semana pasada, cuando Israel violó estrepitosamente el alto el fuego atacando el Líbano, Irán se limitó a cerrar el estrecho de Ormuz y a advertir. Una respuesta proporcional, incluso comedida, si se compara con lo que hace Israel cada mañana. Pero la prensa occidental titula: "Irán amenaza con desestabilizar la región". Es patético. Irán ha sido víctima de cinco semanas de bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel –la llamada "Furia Épica" y "León Creciente", (nombres que parecen sacados de un videojuego adolescente) que han destruido instalaciones científicas y han asesinado a ingenieros nucleares. ¿Y qué ha hecho Irán? Resistir. No ha invadido ningún país vecino, no ha anexionado territorios por la fuerza, no ha establecido colonias ilegales en Cisjordania. Pero el mundo se rasga las vestiduras porque Irán tiene 450 kilos de uranio enriquecido en túneles subterráneos. ¿Y qué es eso comparado con el arsenal nuclear de Israel, ese que nunca ha firmado el Tratado de No Proliferación y que mantiene en la más absoluta opacidad? Israel tiene bombas atómicas desde los años sesenta, y ningún medio occidental habla de "umbral nuclear" o de "amenaza existencial". La hipocresía tiene nombre y apellidos: mientras Irán no tenga el arma, es una amenaza; en cuanto la tenga, será un disuasor. Pero eso no le conviene a Estados Unidos, que necesita mantener a su títere israelí bien armado y a su enemigo iraní bien demonizado.

 

El frente libanés es otra prueba del cinismo occidental. Israel anuncia que creará una "zona de seguridad" de diez kilómetros en el sur del Líbano. Es decir, va a ocupar territorio libanés, como ya hizo durante décadas, y lo llama "seguridad". Y Estados Unidos no dice ni pío. Luego dicen que Hezbolá es un obstáculo para la paz. Hezbolá es la única fuerza que impidió que Israel arrasara todo el sur del Líbano en 2006, y la única que hoy disuade a Tel Aviv de una invasión a gran escala. Por eso Israel se niega a negociar con ellos. No porque sean "terroristas", más bien porque son el único adversario creíble en la región. El gobierno libanés, un juguete roto en manos de las potencias occidentales, acepta sentarse a hablar en Washington, pero Hezbolá ya ha dicho que no reconoce esas conversaciones. Y tiene razón: ¿cómo va a negociar la paz quien no tiene ningún incentivo para darla? Israel no ofrece nada, solo exige el desarme de sus enemigos. Un desarme que, por supuesto, no exige para sí mismo. ¿Alguien ha oído a algún diplomático estadounidense pedir a Israel que entregue sus misiles nucleares? Ni siquiera como broma.

 

Y en medio de todo esto, Turquía que no es ningún santo pero al menos tiene la dignidad de no arrodillarse ante Washington, advierte que cualquier ataque contra Irán o el Líbano será considerado un ataque contra Turquía. Y la reacción de Israel es insultar a Erdogan, llamarle "criminal". Hermoso. El mismo Netanyahu, que tiene orden de arresto pendiente en la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra, llama criminal a otro mandatario. La proyección es impresionante. Pero lo más jugoso es la supuesta "fisura" entre Estados Unidos e Israel que algunos analistas ingenuos creen ver. Según The New York Times, Netanyahu presentó en febrero un plan para derrocar al régimen iraní, y los altos cargos estadounidenses se mostraron escépticos. Pero al final Trump dio luz verde a la guerra. ¿Fisura? Eso es teatro. Estados Unidos e Israel están perfectamente sincronizados en lo esencial: destruir cualquier amenaza a la hegemonía occidental en Oriente Medio, con Irán como objetivo prioritario. Las discrepancias tácticas, como que Netanyahu quiere arrasar el Líbano ahora mismo mientras la Casa Blanca prefiere esperar, no son más que ajustes de guion. Al final, los bombardeos siguen, los civiles siguen muriendo, y el estrecho de Ormuz sigue cerrado. La única diferencia es que Israel ha conseguido arrastrar a Estados Unidos a un conflicto que no le conviene a Washington, pero eso tampoco es nuevo: el lobby israelí ha demostrado una y otra vez que puede secuestrar la política exterior estadounidense. Y los contribuyentes norteamericanos, por supuesto, pagan las bombas que matan niños en Gaza y en Beirut mientras sus propios hospitales cierran.

 

El cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán es, por cierto, una obra maestra de la geopolítica. Con un solo movimiento, Teherán recuerda al mundo quién controla el 20% del petróleo que circula por el planeta. No necesita lanzar un solo misil para hacer subir el precio del crudo y para demostrar que la economía global depende de su buena voluntad. Los hutíes, en el Mar Rojo, hacen lo mismo: con drones relativamente baratos, financiados por Irán, están paralizando una de las rutas comerciales más importantes del mundo. Y Estados Unidos, con toda su flota de portaaviones y sus bombas de dos millones de dólares cada una, no puede hacer nada para detenerlos. Es la venganza del débil contra el poderoso, y es bellísima de ver. Mientras tanto, los israelíes se rasgan las vestiduras porque sus barcos tienen que dar la vuelta a África. Pobrecitos. Qué pena que el mundo no esté diseñado para que siempre ganen ellos.

 

El balance, a estas alturas de abril de 2026, es el siguiente: Irán sigue en pie, su programa nuclear está intacto, su uranio enriquecido sigue bajo tierra, sus centrifugadoras siguen girando. Israel ha matado a cientos de civiles, ha destruido hospitales y escuelas, ha violado todos los acuerdos imaginables, y no ha logrado ninguno de sus objetivos de largo alcance: Irán no se ha rendido, Hezbolá no se ha desarmado, Hamás no ha desaparecido. Los únicos que han ganado algo son los fabricantes de armas estadounidenses, cuyas acciones subieron un 15% durante los bombardeos, y los políticos israelíes de extrema derecha, que han utilizado la guerra para consolidar su poder interno. Pero eso es lo de siempre. El pueblo palestino, el libanés y el iraní siguen pagando el precio. Y los altos el fuego, como este de dos semanas, no son más que trampas: Israel los usa para rearmarse y para reconfigurar su plan de largo alcance, Estados Unidos los usa para aparentar que hace algo por la paz, e Irán los usa para seguir enriqueciendo uranio. Todos mienten, todos engañan, pero hay una diferencia fundamental: mientras Irán miente para sobrevivir, Israel y Estados Unidos mienten para dominar. Y esa diferencia, para quien sepa mirar, lo cambia todo.

 

Así que no, no esperemos que este alto el fuego de abril de 2026 dure más allá de lo estrictamente necesario para que cada parte recargue las baterías. En unas semanas, o quizá unos días, los bombardeos volverán a sonar en Gaza, los misiles volverán a cruzar el Líbano, y el estrecho de Ormuz volverá a cerrarse. Y mientras tanto, los medios occidentales seguirán hablando de la "amenaza iraní", y los políticos europeos seguirán condenando a Hamás y a Hezbolá, y la ONU seguirá aprobando resoluciones que nadie cumple. Es el teatro del absurdo, pero con sangre de verdad. Y al final, cuando los historiadores del futuro miren hacia atrás, se preguntarán cómo fue posible que el mundo permitiera durante tantas décadas que un puñado de fanáticos en Washington y Tel Aviv decidieran el destino de millones de personas. O quizá no se lo pregunten, porque para entonces ya estaremos inmersos en la siguiente guerra, más grande, más cruel, más definitiva. Y esta tregua de pacotilla será solo una nota a pie de página en el libro de los horrores. Bienvenidos a Oriente Medio, donde la paz es el intervalo entre dos crímenes.

  •  Fuente del articulo: https://sovereignty.com.br/security-defense/the-ceasefire-selling-peace-and-sustaining-war/

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