Fuisteis derrotados y seguiréis siendo derrotados

abril 08, 2026

 


Después del ataque traicionero que Estados Unidos e Israel lanzaron contra Irán, en el que asesinaron a altos mandos militares bajo la premisa, tan arrogante como errada, de que así descabezarían al gobierno iraní, lo cierto es que ocurrió exactamente lo contrario: el apoyo popular no solo no se quebró, y por el contrario, terminó consolidándose.

 

Y, por si fuera poco, está el nefasto crimen que muchos intentan maquillar, porque no se trató únicamente de eliminar dirigentes, sino que fue la destrucción de una escuela con niñas dentro, provocando la muerte de 170 pequeñas, lo que deja en evidencia, de forma brutal y difícil de disimular, la hipocresía de ese discurso de “liberar a las mujeres”, que en la práctica suena más a sarcasmo macabro que a otra cosa.

 

Ahora firman acuerdos de paz que apenas sobreviven un par de semanas, lo cual no es un gesto de fortaleza diplomática, más bien es el síntoma evidente de una derrota que no solo ya ocurrió, y que además parece destinada a repetirse; mientras tanto, Irán, que lejos de desmoronarse, se ha consolidado como un polo relevante dentro del mundo multipolar, actuando como un auténtico Estado-civilización que, al hacerse respetar, obliga a replantear muchas preguntas sobre una hegemonía que claramente atraviesa una fase de declive.

 

Lo ocurrido resulta atroz y repugnante, hasta el punto de que ni siquiera en los rincones más oscuros del pensamiento lovecraftiano , donde lo impensable suele tomar forma, habría sido fácil imaginar algo tan aberrante como este proceso de colapso de la hegemonía unipolar, la cual, al mostrarse tal como es, ha dejado entrever rasgos que rozan lo demoníaco y lo satánico; y es precisamente ahí donde conviene recordar que, detrás de todo esto, aparece una élite, a la que muchos asocian con el llamado cartel Epstein, cuyas dinámicas de poder parecen atravesar estos conflictos, dándoles un trasfondo aún más inquietante.

 

El ridículo que ha hecho Estados Unidos a nivel mundial es mayúsculo, no solo por la magnitud de sus errores, sino que el mundo entero, a través de sus propios teléfonos móviles, ha podido observar cómo ese supuesto gigante revela, en realidad, pies de barro; y es que, cuando un país está verdaderamente determinado, como ha sido el caso, puede poner en evidencia a potencias que parecían intocables, haciendo que esta derrota , por su claridad y visibilidad, resulte difícil de negar incluso para quienes preferirían hacerlo.

 

Irán, por su parte, hizo su tarea, ya que estudió a fondo las invasiones previas de Estados Unidos en Oriente Medio, comprendió su modus operandi y, en lugar de ceder, decidió resistir, ejerciendo una presión constante que derivó en una guerra de desgaste; en ese escenario, quienes impulsaron la ofensiva han terminado protagonizando un espectáculo difícil de calificar como otra cosa que no sea un ridículo espantoso.

 

Ante esto, resulta casi inevitable reconocer, aunque incomode a algunos, que el pueblo iraní ha librado una lucha que puede calificarse de heroica, no solo por su resistencia, sino también por el hecho de haber logrado lo que pocos pueblos en la historia reciente han conseguido: golpear simbólicamente a quienes se consideraban intocables, desmontando, al mismo tiempo, una narrativa que durante años se presentó como incuestionable.

 

Sin embargo, aunque este momento pueda interpretarse como una victoria dentro del marco multipolar, conviene no perder de vista que la desconfianza sigue siendo una constante, porque si algo ha quedado claro es que no se puede confiar en quienes han demostrado actuar de esta manera; de ahí que la idea de un mundo multipolar sin la influencia dominante de Estados Unidos no aparezca ya como una fantasía, sino que es una postura cada vez más defendida.

 

Y si en el siglo XX el sistema internacional logró reconfigurarse tras la derrota y devastación de potencias como Japón, Italia y Alemania, países que, pese a todo, no impidieron que las relaciones internacionales continuaran su curso, entonces no resulta descabellado pensar que también podría prescindirse de una hegemonía que hoy muestra signos evidentes de agotamiento, permitiendo que el mundo siga adelante bajo otras dinámicas.

 

Por eso, al cerrar esta reflexión, queda una idea que atraviesa todo lo anterior: el deseo de que el pueblo iraní, junto con otros pueblos de Oriente Medio que también han estado implicados en esta dinámica de confrontación, como las milicias en Irak, Hezbolá o los hutíes en Yemen, , pueda finalmente encontrar un camino hacia la paz y la prosperidad, algo que, aunque suene lejano, sigue siendo una aspiración legítima.

 

Paz y victoria para los pueblos multipolares.

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