Qué se pudra Patton: el anglobárbaro que quería rearmar a las SS y arrastrarnos a la Tercera Guerra Mundial

abril 20, 2026

 



Que se pudra Patton en el mismísimo fondo del retrete de la historia. Que se lo lleve la podredumbre y que su nombre sea sinónimo de alimaña con estrellas. Y que se jodan también, con la misma saña, los pobres iluminados de internet que lo convierten en un "héroe rebelde" cuando lo que tenían delante era a un dogmático de pacotilla con delirios de cruzado, un racista asqueroso que a apenas unos meses de haberse firmado la paz en la Segunda Guerra Mundial ya estaba frotándose las manos para arrastrarnos a una Tercera. Porque no es una exageración de manual: este energúmeno con pistolas de marfil y casco de opereta quería lisa y llanamente rearmar a las SS y lanzar a esos psicópatas contra la Unión Soviética. Lo dijo. Lo escupió. Lo gritó en cada maldita reunión. Y sus palabras exactas son que los alemanes eran "una buena raza" que había sido "destruida por hordas asiáticas". Ahí tienes a tu héroe: llamando "mongoles" y "salvajes" a los pueblos soviéticos que acababan de perder veintisiete millones de almas aplastando al nazismo. Pero no nos quedemos solo en los eslavos, porque el racismo de este engendro era un buffet libre de odio: también despreciaba a los judíos con una saña que haría palidecer a muchos nazis de a pie.

 

En septiembre de 1945, mientras los cadáveres de los campos de concentración aún humeaban y el olor a carne quemada todavía flotaba en el aire, Patton escribió en su infecundo diario que los judíos supervivientes eran "subhumanos" y que estaban "por debajo de los animales". Sí, leíste bien: "por debajo de los animales". Dijo que el "virus de la venganza semítica" contra los alemanes era un problema. ¡Un problema! Como si los judíos y demás pueblos de Europa, junto con minorías, no tuvieran derecho a querer matar a sus verdugos después de que les hicieran lo que les hicieron. Y como si fuera poco, como comandante militar en Baviera, aplicó esa visión de porquería: mantuvo a los sobrevivientes del Holocausto en campos de personas desplazadas bajo "guardia militar", justificándolo con que si los soltaban, "se extenderían por el país como langostas". ¿Te suena ese lenguaje repugnante? El mismo que usaban los nazis para hablar de ratas, plagas y alimañas. El presidente Harry S. Truman, que no era precisamente un santo, se enteró y explotó como una olla a presión: escribió a Eisenhower denunciando que se estaba "tratando a los judíos como los nazis los trataron, excepto que no los exterminamos". Pero a Patton le importaba un carajo. Él seguía a lo suyo: lamerle las botas a sus queridos y admirados alemanes.

 

Porque lo del favoritismo nazi de este desgraciado no tiene nombre ni calificativo en el diccionario. No solo admiraba la "buena raza" alemana como un perro chupa tranca, sino que se opuso activamente a la desnazificación con una pasión digna de mejor causa. En una rueda de prensa, este payaso homicida declaró que no veía la necesidad de "esa cosa de la desnazificación". Comparó la controversia del nazismo con "una lucha electoral entre demócratas y republicanos". Sí, leíste bien, no te tiembla el ojo: el asesinato industrial de millones de minorías y veintisiete millones de soviéticos era para este energúmeno una simple disputa política de salón. Y fue más lejos, mucho más lejos: según el historiador Ladislas Farago, Patton mantuvo intactas unidades de las Waffen-SS y conservó a exfuncionarios nazis en sus puestos. Los mismos psicópatas que habían cometido las masacres que vamos a recordar ahora, para que se te erice el pellejo. Porque para entender la magnitud de su locura, hay que entender el infierno que los nazis ya habían sembrado en la Unión Soviética. Y Patton, este decadente mental, quería aliarse con esos mismos verdugos.

 

Hablemos de Babi Yar, para que se te caiga la cara de vergüenza si alguna vez has dicho una palabra amable sobre este ser repulsivo. 29 y 30 de septiembre de 1941. En un barranco a las afueras de Kiev, los nazis asesinaron a 33,771 judíos en dos días. Hombres, mujeres, niños, bebés, ancianos: todos fueron obligados a desnudarse, caminar hacia la fosa y recibir un tiro en la nuca. Los cuerpos caían unos sobre otros, y los siguientes tenían que acostarse encima de los cadáveres aún calientes. Y no paró ahí: Babi Yar siguió siendo un sitio de ejecución hasta 1943, con un total de entre 100,000 y 150,000 víctimas, incluyendo prisioneros de guerra, partisanos y gitanos. Eso es lo que Patton llamaba "una buena raza". Luego está Jatín, Bielorrusia. 22 de marzo de 1943. Un batallón nazi rodeó la aldea de 26 casas y 156 habitantes, y los asesinó a todos. Quemaron los cuerpos. En total, en Bielorrusia, los nazis destruyeron 5,295 asentamientos y mataron a más de dos millones de personas, medio millón de ellas judías. ¿Y Leningrado? 872 días de sitio ordenado por Hitler para borrar la ciudad del mapa. Más de un millón de civiles muertos de hambre, hasta el canibalismo. Madres comiendo a sus hijos muertos. Y los 3.3 millones de prisioneros de guerra soviéticos que murieron en cautiverio alemán, muchos simplemente encerrados al aire libre hasta congelarse como perros. Ese es el "ejército honorable" que el maldito Patton quería liderar contra sus antiguos aliados. Una basura con rango.

 

Y ahora viene lo peor, lo que hace que se te revuelvan las tripas: su plan de porquería para la Tercera Guerra Mundial. Patton estaba convencido, con la arrogancia de un necio engreído, de que el conflicto con la URSS era inevitable y que había que librarlo inmediatamente. Dijo, con toda la jeta del mundo: "Vamos a tener que luchar contra ellos tarde o temprano de todos modos. ¿Por qué no hacerlo ahora, cuando tenemos el ejército aquí para hacerlo?" Y no era un farol de borracho: creía que su Tercer Ejército podía "vencer lo que queda de los rusos en seis semanas". Seis semanas, dice el genio de pacotilla. Mientras tanto, proponía rearmar a las unidades alemanas derrotadas y usarlas como "base de una Wehrmacht rearmada para contrarrestar a los soviéticos". Es decir, quería ponerle un fusil al asesino de Babi Yar y mandarlo a matar a más eslavos, a más judíos, a más "subhumanos" según su propia jerga de excremento. Y todo esto mientras los cadáveres de los millones de soviéticos asesinados por sus admirados nazis todavía se pudrían en las fosas, con la carne pegada a los huesos.

 

Pero claro, esto es típico de los anglosajones, ¿va? La guerra no la vivieron ellos en su infecundo territorio. Llegaron tarde, con la tripa llena, el culo caliente y el país intacto, a repartirse Europa como si fuera un pastel. Mientras Leningrado se moría de hambre, mientras Bielorrusia se despoblaba a tiros, mientras los Einsatzgruppen llenaban fosas en Ucrania, los generales estadounidenses como Patton estaban en sus cuarteles generales de lujo, lejos del horror, bebiendo whisky y planeando cómo rearmar a los verdugos para una nueva guerra. Gracias a Dios que dentro del propio mando estadounidense había cabezas frías, porque si no, hoy estaríamos todos hablando ruso o alemán, pero no por culpa de los soviéticos, sino por culpa de este enfermo paranoide. Eisenhower, que era un político con dos dedos de frente y un par de huevos bien puestos, le paró la bulla a este desquiciado en repetidas ocasiones. En octubre de 1945, lo relevó del mando del Tercer Ejército y lo mandó a un puesto de basura sin tropas, a hacer labores de archivo y a chuparse los dedos. Porque Patton no se callaba, el muy bocasuelta. Seguía dando discursos donde decía que los soviéticos eran "salvajes", "borrachos crónicos" y "asiáticos retorcidos". Y todo esto mientras los cadáveres de Auschwitz todavía no se habían enfriado del todo.

 

Y luego vienen los iluminados de cuarta, los conspiranoicos de salón, a decir "ay, es que su muerte fue muy extraña, ¿y si lo asesinaron?". Me importa un soberano carajo si lo mató un camión borracho, la CIA, el NKVD, el fantasma de Stalin o un pato de goma. ¡Qué bueno que te fuiste a la porquería, Patton! ¡Qué bueno que te estrellaste contra ese camión como el ridículo que eras! ¡Qué bueno que no llegaste a ejecutar tu locura de pacotilla! Si hubo un asesinato, que sepan que fue el mejor servicio a la humanidad desde la invención de la penicilina. Porque este malnacido estaba a punto de dimitir del ejército para dedicarse a hacer campaña pública contra el trato a los alemanes y a favor de una guerra preventiva contra la URSS. ¿Te lo imaginas? Un general de los vencedores convertido en vocero de los nazis derrotados y en profeta de una Tercera Guerra Mundial nuclear en 1946. Eso es lo que romantizan esos pobres desgraciados: a un enfermo mental que pensaba que el error de la Segunda Guerra no fueron los campos de concentración, ni el sitio de Leningrado, ni las masacres de Babi Yar, sino no haber seguido hasta los Urales para rematar la faena y dejar bien muertos a todos los "mongoles".

 Así que no, no me vengan con disparates. No era un "estratega incomprendido". Era un racista agitador que llamaba "subhumanos" a los sobrevivientes de los campos. Era el típico gringo ignorante dándole lástimas y simpatías a nazis que comparaba la desnazificación con una lucha electoral de pacotilla. Era un belicista enfermo y peligroso que quería rearmar a las SS para lanzarlas contra los mismos pueblos que habían sido masacrados por ellas. Era, en definitiva, un supremacista anglo con estrellas de la democracia occidental. Y hoy, todavía hay imbéciles que lo llaman héroe. Que se pudran ellos también, que se pudran en el mismo estercolero. Que se pudra Patton seis metros bajo tierra, y que su nombre sea escupido cada vez que alguien se atreva a pronunciarlo. Porque lo único que ese anglobárbaro demoníaco, esa carroña con rango, esa alimaña con correaje, iba a traer era más fosas comunes, más sitios, más hambrunas, más bebés desnudos camino de una fosa, más de todo el horror que los nazis ya habían demostrado ser capaces de infligir. Y por eso, con toda la bilis que tengo en el cuerpo y con todo el desprecio que merece: que se joda Patton para siempre, que se pudra en el infierno, y que su legado apeste a lo que es: excremento, Amén, y que no vuelva ni en pintura, ni en sueños, ni en el recuerdo.


Fuente:


  • Patton, George S. – Carta a su esposa, julio de 1945. Citado en Blumenson, Martin (ed.) – The Patton Papers 1940-1945 (1974).
  • Patton, George S. – Diario, mayo de 1945. Citado en Ricks, Thomas E. – “Travels with Patton: Hello, Russkies!” en Foreign Policy (22 de junio de 2010).
  • Patton, George S. – Diario, septiembre de 1945. Citado en “Patton’s Prejudices” en The New York Times (9 de marzo de 1986).
  • Patton, George S. – Carta a su esposa, agosto de 1945. Citado en “Patton’s Plan on Terrorists and Terrorism” (rafaelbrom.com).
  • Patton, George S. – Carta a Charles R. Codman, 4 de octubre de 1945 (Christie’s, lote 146).
  • Patton, George S. – Rueda de prensa, 22 de septiembre de 1945. Citado en “General Patton questions necessity of Germany’s ‘denazification’” en History.com.
  • Blumenson, Martin – Patton: The Man Behind the Legend 1885-1945 (1985).
  • Hirshson, Stanley P. – General Patton: A Soldier’s Life (2002).
  • Farago, Ladislas – The Last Days of Patton (1981).
  • Axelrod, Alan – “Patton: The Warrior, The Myth and the Legacy” en The History Reader.
  • Tent, James F. – Mission on the Rhine: Reeducation and Denazification in American-Occupied Germany (University of Chicago Press, 1983).
  • Wilcox, Robert K. – Declaraciones en intelNews.org (21 de diciembre de 2008) y The Sunday Telegraph (20 de diciembre de 2008).
  • Einsatzgruppen – Informe oficial sobre la masacre de Babi Yar, 29-30 de septiembre de 1941. Citado en “Germans Kill Thousands of Jews in Mass Shooting Outside Kiev” (newspapers.ushmm.org).
  • Yad Vashem – “80 photographs of Jews murdered at Babi Yar” (wwv.yadvashem.org).
  • United States Holocaust Memorial Museum – “Mass Shootings of Jews During the Holocaust” (encyclopedia.ushmm.org).
  • Harry S. Truman – Carta a Dwight D. Eisenhower, 1945. Citado en The Patton Papers de Martin Blumenson.
  • Eisenhower, Dwight D. – Orden de relevo de Patton, 28 de septiembre de 1945. Citado en “Patton: The Warrior, The Myth and the Legacy” de Alan Axelrod.


También te podría gustar

0 comentarios

Déjanos tu comentario

Síguenos en Facebook