Slavoj Žižek: al basurero de la historia

abril 02, 2026


Slavoj Žižek siempre del lado equivocado de la historia. Y no me vengas con el cuento de que es un provocador genial o un marxista heterodoxo. No. Es el último reducto de las tortugas cojas, de esa izquierda caviar europea que vive de dar lecciones desde su podrido sofá mientras el mundo se quema. El payasito de la universidad, el opinólogo profesional que cobra por soltar ocurrencias hegelianas con tics nerviosos para que los becarios de Londres y Nueva York se sientan muy inteligentes. Pero cuidado: Žižek no es tonto, ni está equivocado. Él sabe perfectamente lo que hace. Encontró su nicho en la izquierda acomodada, los rojos CocaCola light, la izquierda que no quiere picar mucho, pero cobra bien por picar, y desde allí defiende al establishment occidental con la misma lealtad que un perro faldero. Así que vamos a retratarlo como se merece: como un cobarde, un trepa y un apologista del atlantismo liberal con aires de filósofo.

Empecemos por los bombardeos de Serbia en 1999, porque ahí ya nos muestra las cartas. Mientras las bombas de la OTAN caían sobre Belgrado, sobre puentes llenos de civiles, sobre hospitales y mercados, este acomodado de pacotilla declaraba sin despeinarse que apoyaba “definitivamente” la masacre. Y no contento con eso, soltó aquella joya: que habían caído “pocas bombas” y que llegaban “tarde”. ¿Pocas bombas? ¿Para ti cuántas son suficientes, pedazo de canalla? ¿Diez mil? ¿Cien mil? ¿Cuántos niños serbios muertos hacen falta para que tú, desde tu pisito en Liubliana, digas “vale, ya está bien”? Porque eso es lo que hace la izquierda blandengue: aplaude las guerras atlantistas, pero nunca, nunca pone la cara. No va a alistarse en ningún ejército, no va a sufrir el exilio, no va a ver a su familia hecha pedazos. Opina gratis, cobra por opinar, y los muertos se los carga el demonio. Ese es Žižek: el intelectual de salón que defiende las bombas ajenas.

Luego llegó Ucrania y el tipo se superó a sí mismo. Porque no solo apoyó la guerra proxy de la OTAN contra Rusia, que ya es vil, pero tuvo la desfachatez de pedir armas nucleares para Kiev. Sí, has leído bien: el filósofo que se dice comunista, el crítico del capitalismo, propone entregar bombas atómicas a un país en guerra. ¿Qué sigue? ¿Lanzar misiles contra Moscú desde su cátedra en Londres? Y encima exige que la izquierda europea se una en un “frente popular” con los neonazis ucranianos, con los seguidores de Bandera, con los fascistas confesos que pasean esvásticas por Járkov. Pero oye, todo sea por derrotar a Putin. Esta es la izquierda belicista europea: la misma que te habla de paz y derechos humanos mientras financia matanzas y se alía con los verdugos. Y Žižek, regodeándose en su crapulencia, tan cómodo, tan cobarde, desde su torre de marfil londinense. Porque él no va a ir al frente, él no va a empuñar un fusil, él no va a morir por Ucrania. Él solo va a cobrar su conferencia, a estornudar fingidamente y a seguir siendo el payaso favorito del establishment.

Pero el espectáculo más asqueroso lo ofrece ahora con Irán. Hace quince años, cuando el imperialismo amenazaba a Teherán desde la distancia, Žižek se permitió el lujo de la radicalidad barata: escribió artículos defendiendo que Irán tuviera derecho a la bomba atómica como disuasión frente al mismísimo demonio que había envenenado a su población durante la guerra con Irak. Pero hoy, cuando los misiles de Estados Unidos e Israel perforan el cielo persa, cuando el pueblo iraní sangra bajo las bombas occidentales, nuestro filósofo de pacotilla ha descubierto la prudencia. Ahora resulta que “ningún arma nuclear para Irán”, ahora resulta que hay que condenar al “clerofascismo” irani y también a los agresores, como si aplastar una cucaracha y aplastar una nación fueran actos equivalentes. Es la trampa del liberalismo europeo: equiparar al agredido con el agresor para justificar la impunidad del fuerte, desarmar al débil mientras el opresor recarga el fusil. Desde su atalaya de privilegio blanco, Žižek le exige al iraní que muera dignamente, sin defenderse, que acepte el martirio occidental con la paciencia de un santo cristiano mientras él, desde la Trinity College, redacta su próximo chiste sobre el estalinismo.

Y no nos olvidemos de su antisovietismo rancio, ese que le llevó a apoyar la terapia de shock capitalista en su propia Eslovenia. Porque mientras muchos lo toman por un comunista radical, la realidad es que este tipo se presentó a las elecciones con un partido liberal procapitalista, el mismo que aplicó el ajuste de reajuste, las privatizaciones salvajes y el desmantelamiento del estado. Habla de Lenin en sus libros para quedar bien con los progres, pero en la práctica es un perro del mundo liberal anglosajon. Es la izquierda que solo es izquierda cuando no cuesta nada. Cuando hay que elegir entre el pueblo y el poder, siempre elige el poder.

Esta metamorfosis no es ningun error, es un jugoso negocio. Žižek no es un tonto: es un traidor consciente, un oportunista que abandonó el Partido Comunista en 1988 para abrazar a los liberales capitalistas que destrozaron Yugoslavia con la terapia de shock, que se presentó a diputado por los partidos de la banca en Eslovenia, que hoy cobra en euros y dólares mientras alerta contra el “peligro” del mundo multipolar. Es el perro guardián del occidentalismo liberal, el soldado de plomo de la OTAN disfrazado de revolucionario, alguien para quien la única revolución válida es la que se discute en seminarios de París, nunca la que se pelea en las calles de Palestina o Teherán. Su antisovietismo visceral, su desprecio por los proyectos reales de liberación, su necesidad de llamar “fracasados” a quienes resisten el bloqueo, lo delatan como lo que siempre fue: un agente de la contrarrevolución cultural, un especulador que compra barato el sufrimiento de los pueblos y lo vende caro como teoría crítica.

Así que ya está bien. América Latina y el Sur global tenemos que romper con esta gentuza. Así como muchos le lamían las botas a Noam Chomsky hasta que resultó ser muy amigo de Epstein y de la élite anglosajona podrida, con Žižek pasa lo mismo: es un producto más de la izquierda caviar, un vendido, un trepa que ha hecho del servilismo a Occidente su modus vivendi. No nos engañemos: él está en contra del mundo multipolar, porque el mundo multipolar significa el fin de la hegemonía de sus amos. Él prefiere el orden unipolar, la OTAN, el FMI, todo eso que le paga las conferencias y las portadas en los medios.

Por eso digo: alejémonos de estas tortugas cojas. Que se queden en su estercolero intelectual, aplaudiéndose entre ellos mientras el mundo se va al carajo. Nosotros tenemos luchas reales, pueblos que defender y hegemonías que enfrentar. No necesitamos opinólogos cobardes que nos digan desde su sofá cómo pelear nuestras batallas. Slavoj Žižek es un payaso, un bufón, un vendido. Y, como todos los vendidos, terminará en el basurero de la historia. Pero, mientras tanto, que no nos tome el pelo. Ya sabemos quién es: siempre del lado equivocado, siempre chupándole las medias al pudridero anglo-europeo, siempre cobrando por ser el idiota útil del sistema. Que se los lleve la historia como se lleva a todos los cobardes: con un puntapié y el olvido.

Fuente:

  • “The giant of Ljubljana backs the war against his ex-bosses” - The Independent
  • “Against the Double Blackmail” - New Left Review / Internet circulation
  • “Slavoj Žižek’s slavish support of NATO”- World Socialist Web Site
  • “One should not forget that Ukraine gave up all nuclear weapons...”v - Die Welt
  • “Ukraine must go to war with itself” - New Statesman
  • “IRAN FROM HEIDEGGER TO KANT” - slavojzizek / Substack
  • “Slavoj Zizek – an apologist of Imperialism” - IDCommunism
  • “Zizek nails his colours to the imperialist mast” - Morning Star

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