Sobre el terrorismo anglosajón

abril 03, 2026

 



Vamos a llamar las cosas por su nombre. No hay eufemismo que valga, no hay «daño colateral» que disimule, no hay «guerra humanitaria» que perfume tanta sangre. Lo que Estados Unidos y su socio menor, el Reino Unido, (No hablare de Israel, este tendrá su espacio infame en otro momento) han desatado sobre el mundo durante las últimas siete décadas no es otra cosa que terrorismo de Estado anglosajón. Y es terrorismo en mayúsculas, porque cumple todas las definiciones: siembran miedo de forma metódica, destruyen infraestructura civil a propósito, matan niños, ancianos, mujeres en sus casas, en sus escuelas, en sus hospitales, y luego se vanaglorian de ello desde la Casa Blanca. La gente se escandaliza hoy viendo lo que ocurre en Irán en 2026, dicen «qué crueldad, qué ferocidad», pero lo único que están viendo es la máscara cayéndose por completo. La verdad es que el anglosajón siempre ha sido así. Siempre fue un terrorista. Solo que antes tenía mejores relaciones públicas.

 

Empecemos por Corea, porque ahí está el récord que nadie quiere mencionar. Entre 1950 y 1953, Estados Unidos convirtió Corea del Norte en un laboratorio de exterminio aéreo. Lanzaron 635.000 toneladas de bombas, más que todo el teatro del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial. Usaron napalm a discreción, 32.000 toneladas. Quemaron todas las ciudades importantes, y también algunas del sur por «accidente». El propio jefe del Comando Aéreo de Largo Alcance admitió décadas después que mataron aproximadamente el veinte por ciento de la población norcoreana, ya sea directamente por las bombas o por inanición y exposición. Hablamos de un millón, quizás dos millones de civiles. Eso no es ninguna guerra, eso es una auténtica demolición demográfica. Por eso Corea del Norte vive a día de hoy en desarrollo de ciudades bajo tierra, con túneles y refugios. No es ninguna paranoia, es memoria preventiva. Es el trauma de haber sido el blanco del bombardeo más mortífero contra civiles en toda la historia de la humanidad. Pero como Corea del Norte no tiene una hegemonía de medios de comunicación, nadie habla de eso en las escuelas de Occidente.

 

Luego vino Vietnam. Aquí el terrorismo anglosajón se volvió químico. No les bastó con bombardear más que en la Segunda Guerra Mundial, tuvieron que rociar la selva y los arrozales con Agente Naranja, un herbicida cargado de dioxina que ha causado millones de víctimas y sigue naciendo niños deformes medio siglo después. Esa es la «civilización» estadounidense: contaminar la biosfera entera de un país para siempre. Y mientras tanto, la masacre de My Lai, donde soldados gringos entraron a una aldea desarmada y asesinaron a más de trescientas personas entre ancianos, mujeres, bebés, violaron, mutilaron restos humanos, y el único castigo fue para un teniente de pacotilla. El resto, héroes. Las bombas de racimo, el napalm, las «zonas de tiro libre» donde cualquier vietnamita era considerado enemigo. Todo eso es terrorismo puro. Y ojo, no estamos hablando de errores. Estamos hablando de una política metódica de destrucción de la vida civil para forzar la rendición. Eso se llama terrorismo, aunque lo hagan aviones con bandera de barras y estrellas.

 

Saltemos a la Primera Guerra del Golfo, 1991. Aquí los anglosajones perfeccionaron la hipocresía: «guerra justa» para liberar Kuwait, dijeron. Y mientras tanto, destrozaron Irak. El bombardeo del refugio de Amiriyah es una mancha imborrable: dos bombas guiadas con láser contra un sótano lleno de mujeres, niños y ancianos que buscaban protección. Cuatrocientos ocho civiles muertos de un solo golpe. El Pentágono dijo que era «objetivo militar legítimo». Mentira podrida. Era un refugio civil marcado como tal. Luego vino la «carretera de la muerte»: miles de soldados iraquíes retirándose, muchos de ellos adolescentes reclutados a la fuerza, y también civiles que huían con sus pertenencias. Los pilotos estadounidenses describieron aquello como «disparar peces en un barril». Y para rematar, destruyeron intencionalmente toda la infraestructura civil: plantas eléctricas, plantas de agua, alcantarillado, puentes, hospitales, escuelas, fábricas de alimentos. El propio secretario de Estado de entonces amenazó con devolver a Irak a la «era preindustrial». Lo hicieron. Y las consecuencias sanitarias mataron a decenas de miles de niños por enfermedades del agua. Eso no es ninguna guerra, es genocidio por inanición y sed. Pero como no lo llaman genocidio, sigue siendo «campaña militar».

 

Luego vino la guerra de los Balcanes en 1999, con la OTAN liderada por Estados Unidos. Bombardearon Serbia durante setenta y ocho días. Atacaron la sede de la televisión pública en Belgrado, matando a dieciséis trabajadores civiles: técnicos, maquillistas, guardias. Atacaron un puente mientras pasaba un tren de pasajeros, lo hicieron pedazos. Atacaron un convoy de refugiados albaneses y mataron a setenta y cinco personas. Atacaron un mercado en Niš con bombas de racimo. Atacaron la embajada china, matando a tres diplomáticos. Y luego, el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, ese tribunal tan diligente para juzgar serbios, dijo que no había necesidad de investigar a la OTAN. Impunidad total. Eso es terrorismo anglosajón: matan civiles a mansalva y los jueces internacionales miran para otro lado porque los matones tienen poder de veto en el Consejo de Seguridad.

 

Llegamos a Irak otra vez, 2003. Esta vez ni siquiera hubo la excusa de Kuwait. Fue una invasión por mentiras: las famosas armas de destrucción masiva que nunca existieron. Y lo que hicieron allí supera cualquier límite. Más de un millón de iraquíes muertos, según estimaciones serias, la mayoría civiles. Bombardearon ciudades enteras como Faluya, la destruyeron casa por casa con fósforo blanco, un arma prohibida contra civiles. Crearon campos de prisión donde torturaron y violaron de forma constante, como Abu Ghraib. Mataron en puestos de control a familias enteras porque un soldado se asustó. Y cuando Wikileaks filtró los documentos, resultó que el propio ejército estadounidense había registrado miles de muertes civiles que nunca fueron reportadas al público. Eso no es ninguna transparencia, es encubrimiento descarado de crímenes de guerra. Y mientras tanto, los medios occidentales hablaban de «exportar democracia».

 

Afganistán fue otro capítulo inmundo. Veinte años de bombardeos, drones, operaciones nocturnas. Mataron a decenas de miles de civiles, incluyendo bodas bombardeadas, ambulancias atacadas, hospitales como el de Médicos Sin Fronteras en Kunduz que destruyeron a sabiendas. Y el colofón final: en agosto de 2021, cuando ya se iban, lanzaron un dron contra una familia en Kabul, mataron a diez civiles, siete de ellos niños, porque confundieron un tanque de agua con una bomba. Luego lo admitieron, pidieron disculpas, y no pasó nada. Nadie fue a la cárcel. Eso es el terrorismo anglosajón: puedes matar a siete niños por «error» y seguir siendo el sheriff del mundo.

 

No podemos olvidar Libia en 2011. La OTAN liderada por Estados Unidos y Reino Unido bombardeó el país durante meses bajo la bandera de «proteger civiles». El resultado: decenas de civiles muertos por los propios bombardeos, incluido un ataque a una granja en Majer donde murieron treinta y cuatro personas, ocho de ellas niños. Además, la táctica del «doble golpe»: bombardean, llegan los rescatistas, bombardean otra vez. Eso es terrorismo de manual. Y después del bombardeo, dejaron el país en un caos total, esclavitud de africanos negros en mercados abiertos, y un Estado fallido que hoy es nido de todas las milicias. Eso es la «responsabilidad de proteger» anglosajona: proteger destruyendo.

 

Y ahora estamos viendo el capítulo más reciente, el de Irán 2026. Aquí ya no hay ni siquiera la careta de la democracia. Trump dice abiertamente que quiere llevar a Irán «de vuelta a la Edad de Piedra». Amenaza con «obliterar completamente» todas las plantas eléctricas y pozos petroleros. Y lo está haciendo. El dos de abril de 2026 destruyeron el puente B1, el más grande de Irán, entre Teherán y Karaj. No contentos con eso, atacaron dos veces: la primera mató civiles, y cuando llegaron ambulancias y rescatistas, atacaron otra vez. Ocho muertos, noventa y cinco heridos. Y Trump publicó el video en su red social con orgullo: «El puente más grande de Irán se viene abajo, para no ser usado nunca más». Eso es terrorismo psicópata. Esto es celebrar la muerte de civiles como si fuera un partido de fútbol. Pero la cosa no para ahí: también bombardearon una escuela primaria en Minab en marzo de 2026, matando a más de ciento setenta y cinco personas, la mayoría niños. Destruyeron refinerías, depósitos de combustible, instalaciones de gas. Atacaron comisarías de policía. Están buscando colapsar por completo la vida civil en Irán, que no haya electricidad, que no haya agua limpia, que no haya puentes para que pasen las ambulancias, que no haya hospitales que funcionen. Eso no es guerra contra un ejército, eso es una guerra criminal contra una población entera. Es terrorismo de Estado en su máxima expresión.

 

Y mientras todo esto ocurre, la propaganda occidental habla de «defensa de Israel» o de «no proliferación nuclear». Mentiras. Es el mismo patrón de siempre: demonizar a un país, inventar amenazas, bombardear hasta que la población civil sufra tanto que se rinda o se muera. Eso hicieron en Corea, en Vietnam, en Irak, en Afganistán, en Libia, y lo están haciendo ahora en Irán. Y la gente se sorprende, como si fuera algo nuevo. Pero cualquiera que haya leído un poco de historia sabe que el anglosajón siempre fue así. Los colonos británicos en Norteamérica ofrecían recompensas por restos de indígenas, incluyendo mujeres y niños. Los estadounidenses llamaban despectivamente «indios muertos» a los restos de nativos. El Reino Unido inventó los campos de concentración en la guerra contra los bóeres en Sudáfrica, donde metieron a familias enteras y las dejaron morir de hambre y enfermedad. No es nuevo. Es una tradición. Es una cultura de exterminio disfrazada de democracia y defendiendo sus «valores» liberales.

 

Por eso digo que cualquier juicio sobre Gengis Khan o Atila o cualquier otro «bárbaro» de la antigüedad palidece ante la ferocidad anglosajona. Gengis Khan mataba enemigos, pero también perdonaba si se rendían. Construía rutas comerciales, protegía a los artesanos y científicos. Los anglosajones, en cambio, matan civiles con una enorme sofisticación tecnológica, desde cuarenta mil pies de altura, sin arriesgar sus propias vidas, y luego se jactan de ello en conferencias de prensa. Es una crueldad fría, estimada, burocrática. No es la furia de un guerrero, es la mezquindad de un contador que lleva la cuenta de restos humanos como si fueran números en un balance. Y lo peor es que han logrado que una parte del mundo los vea como defensores de la libertad. Ese es el mayor truco de propaganda de la historia.

 

Pero ya no cuela. La máscara se ha caído. La guerra contra Irán está mostrando al mundo entero lo que realmente son: terroristas, asesinos de niños, demoledores de universidades, destructores de puentes que después publican el vídeo con un dibujo. Y no se detendrán ahí. Después de Irán, vendrá otro país. Siempre hay otro país. Porque el imperio anglosajón necesita enemigos para justificar su presupuesto militar de casi un billón de dólares al año. Necesita destruir para reconstruir con contratistas amigos. Necesita sangre para lubricar su aparato de guerra.

 

Es hora de que una coalición de naciones civilizadas, verdaderamente civilizadas, ponga freno a este angloterrorismo. Es hora de que se juzgue a los responsables por crímenes de guerra, por crímenes contra la humanidad, por genocidio. No puede ser que los mismos que bombardearon una escuela en Minab sigan dando lecciones de derechos humanos en la ONU. No puede ser que los que amenazan con llevar a un país entero a la Edad de Piedra sean aplaudidos por sus aliados. El terrorismo anglosajón tiene que ser detenido. En caso de no detenerlo, no quedará ningún puente en pie, ninguna escuela sin cráter, ningún niño vivo en medio mundo. Y entonces, cuando solo queden ruinas, nos mirarán a nosotros, los que callamos, y nos preguntarán por qué no hicimos nada. Yo al menos puedo decir que lo escribí. Que lo denuncié. Que no me quedé callado ante la fiera. Y que sé perfectamente quiénes son los verdaderos bárbaros del siglo XXI: no los que luchan con fusiles en sus montañas, más bien los que aprietan botones desde una base en Qatar y celebran puentes derrumbados en redes sociales. Esos son los anglosajones. Ese es su terrorismo. Y es hora de llamarlo por su nombre.

Fuente:


  • “US dropped 635,000 tons of bombs on North Korea during the Korean War” – BBC News
  • “General Curtis LeMay: ‘We killed 20% of North Korea’s population’” – Air Force Magazine / HistoryNet
  • “Agent Orange: The toxic legacy of the Vietnam War” – BBC News
  • “My Lai Massacre: The US war crime that shocked the world” – The New York Times / History.com
  • “The My Lai Massacre: 504 unarmed civilians killed by US soldiers” – Military Officers Association of America (MOAA)
  • “The Amiriyah shelter bombing: 408 civilians killed by US smart bombs” – El País / The Guardian
  • “Highway of Death: The US attack on retreating Iraqi forces” – Wikipedia / The National
  • “US destroyed Iraq’s infrastructure: 134 bridges and 18 power plants” – UN Report / The Washington Post
  • “NATO bombed Serbian TV headquarters: 16 civilians killed” – Amnesty International / Human Rights Watch
  • “Grdelica train bombing: NATO strike kills 20 passengers on bridge” – The New York Times
  • “Djakovica convoy attack: 75 Albanian refugees killed by NATO” – El Mundo / BBC
  • “NATO used cluster bombs in Nis market: 16 civilians dead” – Human Rights Watch
  • “Chinese embassy bombing in Belgrade: 3 journalists killed by US missiles” – The Guardian / Wikipedia
  • “The Iraq War: No weapons of mass destruction found” – BBC News / Amnesty International
  • “Fallujah: US used white phosphorus against civilians” – El País / The Independent
  • “Abu Ghraib torture and prisoner abuse scandal” – Amnesty International / Wikipedia
  • “WikiLeaks Iraq War Logs: 15,000 unreported civilian deaths” – The Guardian / WikiLeaks
  • “US airstrike hits Afghan wedding party: 47 civilians killed” – El Mundo / RTVE
  • “MSF hospital in Kunduz bombed by US: 42 dead, including children” – Médecins Sans Frontières (MSF)
  • “August 2021 Kabul drone strike: 10 civilians, 7 children killed by US” – France24 / BBC / EFE
  • “NATO airstrike on Majer farmhouse: 34 civilians killed, 8 children” – Human Rights Watch / UN Report
  • “Trump threatens to bomb Iran ‘back to the Stone Age’” – RFI / France24 / La Voz de Galicia
  • “Trump celebrates destruction of Iran’s largest bridge on Truth Social” – Yahoo News / Infobae / France24
  • “US airstrike on Minab elementary school kills 175 children, says NYT investigation” – The New York Times / BBC / Democracy Now!
  • “US and Israel bomb 15 police stations in Iran” – elDiario.es / Ultima Hora (citing Bellingcat)
  • “Colonial bounties for Native American scalps: A history” – The Boston Globe / Academic studies
  • “British concentration camps during the Boer War: 28,000 dead” – Wikipedia / History of South Africa

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