¿Debería importarnos el problema migratorio de Inglaterra? La respuesta es no. Y aquí explico por qué
junio 08, 2026
¿Debería importarnos si
Inglaterra sucumbe a una crisis interna provocada por su propia gestión
migratoria? La respuesta es un no rotundo, sin matices ni compasión, porque
todo lo que hoy le ocurre es el resultado directo de decisiones tomadas por sus
élites financieras y políticas, las cuales han estado respaldadas siempre por
el voto de sus propios ciudadanos en una de las democracias liberales más
presuntuosas y arrogantes del mundo; pues ellos diseñaron las leyes, abrieron y
cerraron fronteras según sus intereses, manipularon las cifras y jugaron con la
vida de millones de personas ajenas a su territorio, de modo que ahora, cuando
la situación se les vuelve en contra y enfrentan tensiones sociales, desorden o
descomposición institucional, no tienen derecho a pedir comprensión, ni
nosotros tenemos ninguna obligación de dársela, ya que es estrictamente su
problema, la cosecha de lo que ellos mismos sembraron durante siglos de
historia que ha estado marcada por la explotación, la intervención y el caos que
han regado por todo el planeta.
Escúchenme bien: dejen de hacer
el ridículo de una vez por todas. Me da una rabia inmensa, y hasta risa por lo
absurdo que es, ver a tantos latinos preocuparse como si fueran los dueños de
Inglaterra o Francia. Lloran porque llegan africanos, porque hay más hindúes o
porque dicen que el nombre más común allá es Muhammad (todo por las tasas de
nacimientos). ¿Se dan cuenta de lo patético que es eso?
Ustedes viven en países que son
un verdadero infierno, llenos de problemas graves que ni siquiera empiezan a
resolver. En lugar de ocuparse de lo suyo, de lo que les duele y les afecta
cada día, pierden el tiempo metiéndose en asuntos de naciones occidentales que,
para empezar, ni siquiera los consideran parte de su mundo; desde ahí ya
deberían desechar esa idea equivocada. Para ellos no son más que sudacas,
marrones de más, gente sobrada que no pinta nada allá. Si entran a Inglaterra,
para los ingleses son iguales a cualquier otro extranjero: lo mismo que ese
“Mustafa” que tanto les preocupa, solo otro inmigrante indeseado. ¿Les entra
eso en la cabeza o no? Los ingleses no quieren a ningún inmigrante, punto. Si
llega un latino, pasa lo mismo: no lo quieren ahí. ¿Por qué defienden y se
preocupan por quienes los rechazan de entrada? Dejen ya de ser tan ciegos y
serviles.
Me dirán: “Es que lo que pasa
allá está mal, no se ve bien, hermano”. ¡Váyanse a quejar de lo que sí importa!
¿Dónde está su indignación cuando entidades sionistas, grupos anglosajones o
europeos de cualquier tipo llegan a gentrificar sus países, cambiarlo todo y
echarlos de sus propios barrios? Contéstenme: ¿alguna vez han visto a esos
europeos preocuparse por lo que pasa en América Latina? ¿Les importa acaso su
tierra, su vida o sus problemas? ¡Ni por casualidad! Para ellos lo que ocurre
aquí no vale nada, ni siquiera existe. Entonces, ¿por qué ustedes sí se
desviven por lo de allá?
Ocupen su tiempo en la realidad
de su gente, en lo que les duele a los suyos. Dejen de mirar a Londres o a
cualquier ciudad europea como si fuera el centro del universo y ustedes sus
defensores oficiales. Dejen de perder el tiempo y hacer el ridículo, porque esa
actitud es una hipocresía que insulta la inteligencia.
Es vergonzoso ver a quienes viven
en naciones donde todavía hay barrios sin agua potable, la educación pública es
una porquería, el acceso a la salud es un privilegio y la inseguridad y la
pobreza son el pan de cada día (problemas que sus propios gobiernos ni intentan
resolver) ponerse a opinar en redes, hacer videos de horas quejándose de la
inmigración o hablar en reuniones como si fueran expertos en la vida europea.
Lloran por una supuesta “invasión” de extranjeros, por la pérdida de la
identidad inglesa o por las dificultades que dicen sufrir los de allá. ¿Y acá?
¿Acá no sufren? ¿Acá no muere gente por falta de medicinas, por la violencia o
por hambre? Eso a ustedes les da igual, pero se ponen del lado de quienes
históricamente nos han saqueado, robado y tratado como basura.
Les preocupa la supuesta “carga”
de los refugiados en Inglaterra, pero no les quita el sueño que en su propia
tierra miles de personas tengan que irse corriendo, dejando todo atrás,
precisamente por las políticas que esa misma esfera anglosajona ha impulsado y
apoyado en nuestra región. Se sienten más cercanos a la élite londinense que a
su propio vecino que no tiene qué comer. Repiten como loros lo que les dicen
desde fuera, sin entender algo básico: para esos ingleses que defienden con
tanta fuerza, ustedes solo son sudacas, mano de obra barata o gente de segunda,
tercera o cuarta categoría.
Esa supuesta preocupación no es
más que servilismo puro: solo buscan la aprobación de quienes nunca, nunca los
verán como iguales ni los respetarán. Son tontos útiles: mientras se desvelan
por problemas ajenos, los de aquí siguen sin solución, ignorados también por
los mismos que ustedes tanto admiran. ¡Despierten de una vez!
Desde hace siglos, Inglaterra ha
sido una potencia que ha marcado la historia de Europa y del mundo a través de
intervenciones, dominación y crímenes que pocas veces se reconocen con su
verdadero nombre. En Irlanda, su huella es de dolor, división y destrucción: no
solo partieron la isla en dos, imponiendo fronteras que separaron familias,
pueblos y tradiciones, sino que levantaron barreras físicas: esos muros de la
seudo-paz en Belfast, que empezaron a construirse desde 1969 con el único fin
de separar barrios, dividir a católicos y protestantes. Son una herida abierta
y visible en pleno corazón de Europa; no tuvieron la fama mundial del muro de
Berlín, pero fueron diseñados exactamente para lo mismo: mantener el control y
perpetuar esa división que ellos mismos provocaron, una separación que sigue
marcando la realidad hasta nuestros días. A lo largo de los siglos, cometieron
masacres, despojaron de tierras, prohibieron su idioma y cultura, y reprimieron
cualquier intento de libertad con una violencia extrema. Quienes hablan del IRA
como si fuera un grupo de personas simplemente enojadas o movidas por fanatismo
religioso, ignoran toda esa historia: no surgieron porque fueran
ultracatólicos, sino como respuesta a siglos de ocupación, opresión y violación
sistemática de sus derechos; fueron la consecuencia y no la causa.
Uno de los capítulos más oscuros
y genocidas es la Gran Hambruna, entre 1845 y 1849, hace ya más de 180 años. En
ese tiempo, una plaga destruyó la cosecha de patatas, alimento básico de la
población, pero lo que convirtió una crisis en una catástrofe fue la política
británica: mientras millones de irlandeses morían de hambre o enfermedades,
Irlanda seguía exportando trigo, ganado y otros alimentos hacia Inglaterra, y
el gobierno británico se negó a intervenir con medidas reales de ayuda, guiado
por ideas económicas que dejaban a la gente a su suerte. Murieron más de un
millón de personas, y otro millón tuvo que emigrar, reduciendo la población de
la isla en casi un cuarto; muchos historiadores y sobrevivientes lo llaman
claramente genocidio, pues se sabía lo que pasaba y se decidió no actuar,
dejando morir a un pueblo entero. Como dijo entonces John Mitchel: “Dios envió
la plaga, pero los ingleses crearon la hambruna”. Esa herida nunca cerró, y
sigue siendo parte de la memoria colectiva de todo irlandés.
Pero su historia de agresiones no
termina ahí. Inglaterra fue uno de los miembros fundadores y siempre uno de los
motores más activos de la OTAN, una alianza que, lejos de ser solo defensiva,
ha intervenido repetidamente en Europa del Este y los Balcanes, provocando
guerras, destrucción y sufrimiento. Bajo su impulso y el de sus aliados,
bombardearon Yugoslavia en 1999, sin aprobación de la ONU, destruyendo
ciudades, infraestructuras y matando a civiles, y luego apoyaron divisiones que
desestabilizaron toda la región. También fueron los principales defensores de
la expansión de la OTAN hacia el este, acercando sus fronteras cada vez más a
Rusia, a pesar de que sabían perfectamente que esto rompía acuerdos anteriores
y suponía un riesgo enorme de conflicto. Todo eso forma parte del mismo
razonamiento: extender su influencia, controlar territorios y recursos, sin
importar el costo humano.
Por eso mis simpatías están
claras y firmes: con Rusia, donde he encontrado gente que me ha apoyado y
tratado con gran generosidad; con Serbia, que ha sufrido tanto por esas
intervenciones; con los pueblos de los Balcanes, que han visto sus tierras
desgarradas; y, por supuesto, con Irlanda, que ha resistido siglos de
dominación. ¿Pero sentir algo positivo por Inglaterra? Ni por un momento.
Tampoco por Francia, que ha seguido los mismos pasos en muchas ocasiones, y
mucho menos por Alemania, que hoy se comporta con la misma arrogancia y ceguera
que en otros tiempos, apoyando guerras y sanciones que solo traen miseria.
Y si hablamos de responsabilidad,
no hay excusas: cada ciudadano inglés es culpable, sin excepción, de lo que
pasa hoy en Ucrania. Inglaterra no ha sido un espectador, ha sido el motor
principal, el más agresivo y decidido a mantener el conflicto vivo hasta la
última gota de sangre ajena. Desde el primer día, su gobierno no solo aceptó,
sino que impulsó el envío masivo de armas, equipo militar, dinero y
entrenamiento, todo con un solo fin: alargar una guerra que ha destruido vidas,
ciudades y el futuro de dos pueblos. Pero lo más grave, lo que revela su
verdadera naturaleza criminal, es que fueron ellos quienes decidieron entregar
y autorizar el uso de los misiles Storm Shadow: armas de largo alcance,
diseñadas para atacar profundamente en territorio enemigo, y que se han usado
sistemáticamente para bombardear zonas civiles, hospitales, escuelas, barrios
enteros dentro de Rusia. Cada uno de esos misiles que cae y mata ancianos,
mujeres o niños, cada edificio que se derrumba, cada familia que pierde todo, lleva
la firma de Londres.
No es solo culpa de los
políticos. Cada inglés que ha apoyado estas medidas, que ha votado a quienes
las decidieron, que ha pagado los impuestos que financian esas armas, que ha
aplaudido cada paso que lleva a más violencia, es cómplice directo de crímenes
de guerra. Ellos han alimentado el conflicto, han bloqueado cualquier
posibilidad de paz, han presionado a otros países para que no negocien, y han
convertido a Ucrania en un campo de batalla donde libran su propia guerra
geopolítica, sin importarles nada más que sus intereses. Y lo más cínico de
todo: muchas personas que hoy cruzan el Canal de la Mancha en embarcaciones
precarias, huyendo de la muerte y la ruina, vienen precisamente de esas zonas
donde las intervenciones británicas, las guerras que ellos provocaron o
sostuvieron, lo han destruido todo. Se quejan de que llegan refugiados, pero
ellos mismos crearon el caos que los obliga a huir. Lloran por su seguridad,
pero son los primeros en llevar inseguridad, muerte y destrucción a cualquier
rincón del mundo donde creen que tienen algo que defender.
En medio de todo este desastre
moral y político, sobresale la figura patética y peligrosa de Tommy Robinson,
el líder supremacista blanco que se ha convertido en la cara visible de ese
discurso de odio, de defensa de la “raza blanca” y de la supuesta amenaza
extranjera, puesto que él y sus seguidores gritan a los cuatro vientos que
Inglaterra está desapareciendo, que su cultura está siendo borrada, que sus
tradiciones se pierden y que los extranjeros son el mal absoluto; se llenan la
boca hablando de patria, de identidad, de historia y de orgullo nacional, pero
ocultan deliberadamente una verdad que desmorona todo su discurso: Robinson es
un sionista declarado, un defensor entusiasta de las políticas de Israel, un
aliado incondicional de las mismas élites financieras y políticas que controlan
el poder en Londres y que diseñan todas esas intervenciones y guerras que luego
generan la migración que tanto les molesta. Es ridículo ver cómo exalta la
pureza de su tierra y su gente, mientras apoya ciegamente a un proyecto
geopolítico que responde a intereses totalmente ajenos a los verdaderos del
pueblo británico, dado que se presenta como un defensor de los trabajadores, de
los barrios, de la gente común, pero sus alianzas son con quienes han permitido
que las industrias cierren, que los servicios públicos se degraden y que la
riqueza se concentre cada vez más en menos manos.
La historia entera de Inglaterra
está escrita con sangre ajena, sostenida por la extracción constante de
riquezas, marcada por fronteras trazadas a capricho sobre mapas ajenos,
manchada por el apoyo a las peores dictaduras y sustentada en guerras provocadas
fríamente con un solo fin: aferrarse a su dominio y acumular riqueza a costa
del sufrimiento de los demás. Ha sido el arquitecto principal de todo el orden
geopolítico occidental, el cerebro detrás de la OTAN y el protagonista de
muchas intervenciones militares que ha destrozado el rumbo de naciones enteras,
desmembrado países y borrado el futuro de pueblos enteros. Y en todo ese
recorrido criminal, nunca ha asumido ni una sola parte de responsabilidad por
la destrucción que dejó a su paso: nunca ha derramado una lágrima sincera por
las tragedias que fabricó, nunca ha pagado un centavo en reparaciones por lo
que robó y destruyó, nunca ha pedido perdón por los millones de vidas que
aplastó, ni por las culturas que intentó borrar, ni por el dolor que sembró en
cada rincón del planeta donde metió sus garras.
Pero lo más cínico y repugnante
llega ahora: cuando son ellos mismos quienes tienen que enfrentar al fin las
consecuencias inevitables de sus propios crímenes, cuando sus políticas
migratorias injustas y las guerras que desataron les devuelven, como un eco
cruel, el mismo caos, la misma desolación y la misma desesperación que ellos
mismos exportaron durante siglos a todo el mundo, tienen la desvergüenza de
pedir que el resto de la humanidad les tenga lástima, que les dé solidaridad o
que los proteja. Es una pretensión no solo absurda, sino profundamente
ofensiva: quieren ser vistos como víctimas cuando han sido, y siguen siendo,
los verdugos más crueles y calculadores de la historia moderna.
Desde la perspectiva de alguien
del Sur Global, alguien que conoce la historia y que ve cómo funciona el poder,
Inglaterra no merece ni un gramo de compasión, ya que, si mañana se desmorona,
si entra en crisis profunda o si se divide, no será una tragedia para nosotros,
sino que será simplemente la justicia histórica que tarda, pero llega. Mis
simpatías y mi respeto van siempre hacia los pueblos que han sufrido sus
intervenciones, hacia quienes han resistido su dominio, hacia quienes han sido
víctimas de sus misiles y sus planes, porque Inglaterra decidió su camino,
eligió sus reglas y respaldó a quienes hoy la llevan a la crisis; que asuma el
resultado, que cargue con sus errores y que resuelva sus problemas sola, puesto
que nosotros tenemos suficientes problemas propios (causados en gran parte por
ellos) como para preocuparnos por lo que les pase a quienes nunca se
preocuparon por nosotros.
Fuente:
- “Britain’s Empire: What the British Did and Why It Matters”, Wikipedia.
- “Migration and Conflict: The Role of Foreign Policy”, Overseas Development Institute (ODI).
- “The Liberal Archipelago: A Theory of Freedom and Government”, Wikipedia.
- Sobre la visión de Occidente y la realidad en América Latina:
- “Coloniality of Power, Eurocentrism, and Latin America”, Wikipedia.
- “Panorama Social de América Latina 2025”, CEPAL.
- Sobre Irlanda, partición, muros, conflicto y el IRA:
- “Irish Partition”, Wikipedia.
- “Peace lines”, Wikipedia.
- “State Violence in Northern Ireland 1969–1972”, Wikipedia.
- “Bloody Sunday (1972)”, Wikipedia.
- Sobre la Gran Hambruna como genocidio:
- “Great Famine (Ireland)”, Wikipedia.
- “The Great Famine: A History 1845–1849”, Wikipedia.
- “John Mitchel”, Wikipedia.
- “Recognition of the Great Famine as Genocide”, United Nations General Assembly.
- “NATO expansion”, Wikipedia.
- “NATO bombing of Yugoslavia”, Wikipedia.
- “Balkans: Nationalism, War, and the Great Powers”, Wikipedia.
- “Report on the humanitarian consequences of the intervention in Yugoslavia”, United Nations Commission on Human Rights.
- “Storm Shadow”, Wikipedia.
- “United Kingdom and the Russian invasion of Ukraine”, Wikipedia.
- “UK military aid to Ukraine”, Wikipedia.
- “Ukraine: Attacks on civilian infrastructure”, Amnesty International.
- “Responsibility of States under International Law”, International Law Commission (UN).
- “Tommy Robinson”, Wikipedia.
- “Far-Right Politics in Europe”, Wikipedia.
- “Tommy Robinson, Zionism and far-right alliances”, Hope Not Hate.
- “Scramble for Africa”, Wikipedia
- “Imperialism: A Study”, Wikipedia.
- “Legacy of colonialism: economic and social impact”, UNCTAD.
- “British Empire”, Wikipedia.
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