La Doctrina Donroe: El último espasmo de un imperio en declive
julio 15, 2026No es casual que Donald Trump
haya bautizado su propia versión de la Doctrina Monroe con un nombre que suena
a marca de whisky barato. Donroe es, en efecto, la destilación más burda de un
imperialismo que ya no puede disimular su naturaleza extractiva. Don Monroe era
un presidente del siglo XIX que, al menos, envolvía sus ambiciones en retórica
republicana; Don Rowe es un magnate de bienes raíces que ha convertido la
política exterior en una subasta pública de territorios, recursos y soberanías.
La diferencia no es de grado, sino de época: si la Monroe nació cuando Estados
Unidos ascendía, la Donroe emerge cuando ya no puede ocultar su caída.
La Doctrina Monroe de 1823 tenía
un razonamiento defensivo, por más expansionista que fuera en el fondo. Estados
Unidos, entonces una república joven y relativamente débil, buscaba cerrar el
hemisferio a las potencias europeas que pretendían reconquistar las
independencias hispanoamericanas. Era una declaración de exclusividad comercial
y estratégica, sí, pero articulada en un momento en que Washington carecía del
poder militar para imponerla. El Corolario Roosevelt de 1904 le añadió los
garrotes: la intervención directa, las ocupaciones marinas, los gobiernos
títere. Pero incluso entonces, el imperialismo estadounidense operaba con
cierta sutileza institucional, con la retórica de la civilización y el orden.
La Donroe, en cambio, prescinde de todo velo. No hay promesas de desarrollo, ni
siquiera la farsa de la democracia. Solo hay una lista de compras: Groenlandia,
el Canal de Panamá, Canadá, el petróleo venezolano, el litio boliviano y
argentino, los minerales críticos del Amazonas. Y cuando el mercado no funciona,
entra la fuerza.
La captura de Nicolás Maduro en
enero de 2026, bautizada con el nombre pomposo de Operación Resolución
Absoluta, fue el acto inaugural de esta nueva fase. No fue una operación de
inteligencia clandestina, sino un secuestro a plena luz, con tropas desembarcando
en Caracas y el propio Trump declarando que el hemisferio occidental nunca más
sería cuestionado. El Departamento de Estado lo celebró en redes sociales con
la elegancia de un matón de barrio: Este es NUESTRO hemisferio. La diferencia
con las intervenciones del pasado es que antes, al menos, se intentaba
construir una narrativa legalista: la doctrina de la seguridad nacional, la
lucha contra el comunismo, la responsabilidad de proteger. Ahora no hay
narrativa. Solo hay posesión. El petróleo venezolano no es un recurso
estratégico que debe ser protegido de potencias hostiles; es un botín que
pertenece al vencedor, como Trump ya había declarado en 2013 sobre Irak. La
franqueza es brutal, pero también reveladora: cuando un imperio deja de
justificar sus crímenes, es porque ya no cree necesario hacerlo, o porque ya no
puede.
La Donroe se diferencia de la
Monroe en otro aspecto crucial: su enemigo no es Europa, sino China. La
doctrina original buscaba expulsar a las potencias coloniales del hemisferio
para que Estados Unidos ocupara su lugar. La Donroe busca impedir que China, a
través de inversiones en infraestructura, tecnología 5G y comercio, construya
una presencia que ya no puede ser desplazada por la competencia económica.
Washington ha perdido la batalla comercial en América Latina: China es el
principal socio comercial de Brasil, Chile, Perú, Uruguay, basicamente el
principal socio de America del sur y, el segundo en Centroamérica y México. Ha
perdido la batalla diplomática: la mayoría de los países latinoamericanos no
reconocieron a Guaidó en 2019, y muchos menos respaldaron la captura de Maduro.
Ha perdido, sobre todo, la batalla del modelo: mientras Estados Unidos ofrece
sanciones, aranceles y bases militares, China ofrece préstamos, puertos,
centrales eléctricas y satélites. La respuesta de Trump no es competir, sino destruir.
No es ofrecer una alternativa mejor, sino impedir que exista cualquier
alternativa.
Pero aquí reside la paradoja
central de la Donroe, y su principal debilidad estructural. Estados Unidos
recurre a la fuerza bruta precisamente porque ya no puede recurrir a otra cosa.
La hegemonía blanda, el liderazgo ideológico, la capacidad de atraer por el
ejemplo, todo eso se ha evaporado. El mundo ya no mira a Washington como faro
de nada; al mejor de los casos, lo tolera; al peor, lo teme y lo desprecia
simultáneamente. La Donroe es, en este sentido, un acto de reconocimiento
implícito de impotencia: si no puedo ganarte en el mercado, te invado; si no
puedo convencerte, te sanciono; si no puedo competir contigo, te prohíbo
competir. Es la política exterior de quien ha perdido la partida y voltea el
tablero.
La incapacidad de Estados Unidos
para sostener esta estrategia a largo plazo es evidente en múltiples frentes.
Primero, el militar. La ocupación de Venezuela, aunque rápida en su fase
inicial, requeriría una presencia sostenida que el Pentágono ya no puede
garantizar sin distraer recursos del Pacífico, de Europa o del propio
territorio nacional. El ejército estadounidense está sobrecargado, con
problemas de reclutamiento, de moral y de obsolescencia tecnológica relativa
frente a China. Segundo, el económico. Las sanciones masivas contra aliados y
rivales por igual, el uso del dólar como arma, ha acelerado la diversificación
de reservas y el comercio bilateral en monedas alternativas. Tercero, el
diplomático. La Donroe ha alienado incluso a gobiernos tradicionalmente
proamericanos en América Latina: Colombia, Chile, México, Brasil. Ninguno de
ellos ha respaldado públicamente la captura de Maduro, y varios han condenado
tácitamente la violación de la soberanía. La doctrina de Trump, lejos de
construir una alianza hemisférica, ha generado una solidaridad defensiva contra
Washington.
El caso de Groenlandia ilustra
perfectamente la naturaleza delirante de la Donroe. Trump ha sugerido, en
serio, la adquisición de la isla por la fuerza si es necesario, argumentando su
importancia estratégica en el Ártico frente a Rusia y China. Groenlandia es
territorio danés, miembro de la OTAN, aliado de décadas. La propuesta de
anexarla por la fuerza no solo viola el derecho internacional, sino que
desmorona el propio sistema de alianzas que Washington construyó después de la
Segunda Guerra Mundial. Es como si un propietario, para evitar que le roben la
casa, prendiera fuego al vecindario. La reacción europea ha sido de
estupefacción contenida: nadie quiere enfrentar abiertamente a Trump, pero
todos están calculando cuánto vale una alianza que puede ser anulada por un
capricho presidencial. La Donroe, en su afán de consolidar el control
hemisférico, está socavando los cimientos del orden transatlántico.
La rivalidad con China es el
telón de fondo que explica todo, pero también la contradicción insalvable de la
Donroe. Trump necesita presentar a China como una amenaza existencial para
justificar sus excesos en América Latina, pero al mismo tiempo, la economía
estadounidense depende de China en formas que ninguna doctrina puede resolver.
Los minerales críticos que Estados Unidos quiere extraer de América Latina para
reducir su dependencia de China, requieren tecnología de procesamiento que en
gran medida controla China. Las cadenas de suministro globales, que Trump
pretende romper con aranceles y sanciones, son demasiado complejas para ser
reconfiguradas por decreto. Y la respuesta china, lejos de ser pasiva, ha sido
metódica: mientras Washington amenaza de manera soberbia e infantil, Pekín
firma acuerdos de inversión, ofrece préstamos sin condicionalidades políticas
explícitas, y presenta un modelo de desarrollo que, por más problemático que
sea, al menos no incluye la amenaza de invasión.
El análisis de Vladimir Safatle
en Progressive International captura esta dinámica con precisión despiadada.
Trump, señala, habla con una franqueza que desnuda el imperialismo como nunca
antes. No hay velos ideológicos, solo intereses materiales. Pero esa franqueza
es también una debilidad: al revelar el juego, Trump está perdiendo la
legitimidad que el imperialismo estadounidense necesitaba para operar con
eficacia. Las élites latinoamericanas, incluso las más proamericanas, no pueden
alinearse públicamente con una doctrina que las trata como vasallas sin derecho
a veto. Los pueblos, por su parte, ven en la Donroe la confirmación de una
sospecha secular: que el interés norteamericano en la región nunca ha sido otra
cosa que el saqueo de sus recursos. La resistencia, por tanto, no vendrá solo
de los gobiernos de izquierda, sino de una conciencia popular que la propia
Donroe está forjando.
La pregunta que queda es si
Estados Unidos puede sostener esta estrategia sin colapsar bajo su propio peso.
La respuesta, basada en la evidencia histórica y estructural, es negativa.
Ningún imperio ha logrado perpetuar su hegemonía mediante la fuerza bruta
exclusiva. Roma necesitaba del derecho romano y de la ciudadanía; Gran Bretaña,
del libre comercio y de las instituciones coloniales; la Unión Soviética, de la
ideología comunista internacional. Estados Unidos, en su apogeo, combinó
poderío militar con atractivo cultural, liderazgo tecnológico y arquitectura
institucional global. La Donroe renuncia a todo eso. Es pura coerción, sin
compensación, sin visión, sin proyecto. Es el imperialismo de un banquero en
quiebra que intenta recuperar sus pérdidas intimidando a los deudores.
A largo plazo, la Donroe
acelerará precisamente lo que pretende evitar: la autonomía de América Latina y
el ascenso de China como potencia global. Cada intervención militar genera
resistencia; cada sanción impulsa la diversificación económica; cada amenaza
soberana fortalece el nacionalismo regional. Brasil, México, Colombia, Chile,
Argentina: ninguno de estos países puede permitirse, ni política ni
económicamente, una subordinación total a Washington. Y todos ellos, en mayor o
menor medida, están explorando alternativas. No es que vayan a alinearse con
China de forma automática o incondicional, pero sí que van a resistir la
imposición unilateral con una determinación que no existía hace una década.
La Doctrina Donroe es, en última
instancia, un monumento al miedo. El miedo de una potencia que ve cómo su
supremacía se desvanece y reacciona con la violencia del desesperado. Pero la
historia no premia a quienes aferran lo que no pueden sostener. La Monroe
sobrevivió dos siglos porque articulaba un proyecto de hemisferio que, por
imperial que fuera, tenía cierta coherencia interna. La Donroe no tiene
proyecto, solo es un apetito enfermo. Y los apetitos desatados, en política
internacional como en la vida personal, terminan devorando a quienes los
alimentan.
Fuente:
- New York Post, “The Donroe Doctrine: Trump’s Vision for the Hemisphere” (8 de enero de 2025).
- Trump, Donald, declaraciones tras la captura de Nicolás Maduro: “Ahora lo llaman la Doctrina Donroe” (enero de 2026).
- Departamento de Estado de los Estados Unidos, publicación en X: “Este es NUESTRO hemisferio y el presidente Trump no permitirá que nuestra seguridad sea amenazada”.
- Trump, Donald, declaración: “El dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a ser cuestionado”.
- Operación Resolución Absoluta (3 de enero de 2026).
- Safatle, Vladimir, «Доктрина Донро и неприкрытый империализм интервенции в Венесуэле» (Progressive International, traducción al ruso).
- Trump, Donald, publicación en Twitter: “Todavía no puedo creer que nos fuimos de Irak sin el petróleo” (enero de 2013).
- Trump, Donald, declaraciones durante los debates presidenciales con Hillary Clinton sobre “tomar el petróleo” como trofeo militar (2016).
- González Posso, Camilo, Corolario Trump a la doctrina Monroe: I Take West (Indepaz).
- The White House, National Security Strategy 2025: “Negaremos a competidores extrarregionales la capacidad de desplegar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio”.
- Arellano, Manuel, América Latina ante la “Doctrina Donroe” (Medium).
- European Council on Foreign Relations (ECFR), Venezuela, Trump’s “Donroe Doctrine” and Three Dilemmas Facing Europe.
- Le Grand Continent, Donroe: el corolario Trump a la doctrina Monroe.
- Estados Unidos, Orden Ejecutiva 14172: Renombramiento del Golfo de México como “Golfo de América”.
- Trump, Donald, propuestas para la adquisición de Groenlandia y Canadá.
- Cardoso, Gustavo, América Latina y el Corolario Trump-Monroe (Real Instituto Elcano).
- República Popular China, Documento sobre la política de China hacia América Latina y el Caribe: Comunidad de futuro compartido.
- Mantilla Quijano, Alejandro, entrevista: “Trump es una amenaza para las democracias de la región” (Bloomberg Línea).
- Diálogo Político, análisis sobre la lógica transaccional de la política exterior de Trump: Argentina, El Salvador, México y Brasil.
- Grupo Eurasia, análisis sobre la Doctrina Donroe como tercer mayor riesgo geopolítico de 2026 y las implicaciones para el derecho internacional y el precedente para otras potencias.
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