De la fallida batalla cultural a la geopolítica: el parasitismo intelectual de Agustín Laje
marzo 04, 2026
Durante un largo tiempo, mi
círculo de amistades y otras personas vinculadas a los ámbitos de las
relaciones internacionales y la geopolítica hacíamos un chiste recurrente, una
especie de apuesta clandestina para ver cuándo reventaba la burbuja: ¿cuánto tiempo
más podría seguir Agustín Laje chupando tranca de la pseudobatalla cultural?
Porque había que verlo: daba pena y daba risa, como un actor de reparto al que
se le acabó el libreto, pero sigue en el escenario moviendo la boca. ¿Cuántas
temporadas más aguantaría esa serie de Netflix ideológica donde el villano era
una amalgama entre el Foro de São Paulo, Judith Butler y un Hugo Chávez
espiritista manejando los hilos desde ultratumba? Lo gracioso, lo realmente
cómico, era que esas mismas academias occidentales que él denunciaba como
infiltradas resultaron siempre ser financiadas por las altas cúpulas liberales
que él tanto defiende y ser el altavoz perfecto de las disidencias controladas
para las mismas agendas que decía combatir. Un emprendimiento ideológico
bastante rentable.
Ya todos saben que yo no meto un
dedo por la izquierda woke, me parece un esperpento anglo-filosófico digno de
una novela de terror de tercera categoría, pero hay que ser honestos: Agustín
Laje hizo mucho rédito de esa mierda. Escribió libros enteros que hoy están en
el basurero de la historia, donde deberían estar, junto con las copias de
"Mi lucha" que nadie quiere y los manuales de autoayuda de los
noventa. Yo reseñé uno de sus libros, La batalla cultural, y no encontré más
que basura, bodrio infecundo, sí, irrelevante para estos tiempos, profundamente
vacuo, un artefacto prehistórico que solo sirve para apuntalar mesas cojas.
Entonces Laje, como el buen
parásito que huele la sangre podrida, ya dio el salto. Resulta que ahora está
en la nómina de algún lobby israelí o de los servicios de inteligencia de la
demoníaca civilización de Epstein, o de quien ponga la chequera más gruesa.
¿Y tú qué pensarías? ¿Que un
adalid de la derecha conservadora dura, un soldado de la cristiandad, iba a
apoyar a otros conservadores del mundo? Vengo a informarte que no, pedazo de
iluso. Agustín Laje y su camarilla, su puticlub de lambiscones desesperados, se
han puesto al servicio y en la nómina de los amigos del liberal empobrecedor
Milei, sí, y de sus servicios de inteligencia.
No olvidemos que Agustín Laje
tiene estudios en contraterrorismo en Estados Unidos y ganó una beca. Ojito,
ojito, pongan ojo acá, no se vayan a hacer los giles, porque ese tipo de becas
no las dan para que pienses, las dan para que obedezcas. ¿Ustedes creerían que
él, al final, se pondría del lado de los conservadores de otros países, de esos
que al menos tienen el valor de sostener una teocracia, aunque sea iraní? No,
no, no, no, no, vengo a romperte la burbuja, goyím. Laje está al servicio,
obviamente, de Israel y, por lo tanto, está en contra de la teocracia iraní.
Y ahí viene la joya de la coronación. Tú dirás, con toda la lógica del mundo, ¿qué hace un hombre conservador, un supuesto paladín de la tradición, atacando un régimen conservador como el iraní? Es una gran pregunta, ¿sí?, una que le explotaría en la cara si tuviera un mínimo de dignidad.
Está del lado de Israel, un
seudo-país condenado por crímenes genocidas contra la humanidad que, mientras
él calla como una puta, celebra muchas de las agendas woke, las desfila en sus
calles y las normaliza en su ejército. Pero Laje no te habló de eso ni te va a
hablar de esto nunca en la vida, porque hacerlo sería reconocer que su cruzada
moral es un traje que se pone y se quita según quién pague.
Entonces Laje va a demonizarte la
teocracia iraní con el odio del neófito de segunda mano, la va a reducir a un
montón de mulás locos, porque el dinero manda y Laje tuvo que prostituirse de
alguna manera para no desaparecer del mapa. Y ha reunido un puticlub alrededor
de esta nueva causa, un harén de opinadores que le mastican el discurso y lo
regurgitan en redes.
Durante mucho tiempo Laje se
abstuvo de hablar de temas de geopolítica, porque sabía que en esa cancha le
iban a romper el culo. Como ve que ya no puede seguir chupando tranca de la
batalla cultural y de las agendas Woke, porque ese enemigo ya está hasta en la
sopa, ya no asusta a nadie, ya no vende libros, entonces necesita un nuevo
enemigo. Ya no puede hablar más de este enemigo ficticio porque ya no es real,
y la última vez que pudo chupar y mamar de ese hueso fue cuando le dijeron que
hablara de los Therians, una cabronada tan grande que hasta sus seguidores más
fieles levantaron una ceja.
¿Y qué carajo hacía hablando de
cabronadas adolecentes de manual cuando el mundo se está incendiando? Ahora, en
su nueva fase de «experto en defensa», Laje empieza a hablar de armas súper,
hiper, mega, de tecnología de Star Wars, de las armas de Dune. Está empezando a
decir que las está empleando Estados Unidos para ganar guerras... Claro, Laje,
contra pueblos del sur global bajo duras sanciones. Contra países asfixiados
económicamente, aislados diplomáticamente y convertidos en laboratorios
geopolíticos donde la “superioridad tecnológica” no es ninguna hazaña, sino más
bien un abuso. Porque es muy fácil vender épica a otros tercermundistas cuando
el adversario pelea con las manos atadas.
Y es aquí donde el ridículo
alcanza dimensiones épicas. Cualquiera que se siente a leer auténticos
académicos, sí, de relaciones internacionales y geopolítica y, específicamente,
estudiosos del mundo armamentístico, te das cuenta de que Laje viene a difundirte
propaganda de cuarta. Laje te está hablando de El Imperio contraataca, no te
está hablando de Estados Unidos; es decir, te está narrando la trama de una
película de ciencia ficción como si fuera un documental de la historia. No te
está hablando de un país real con problemas reales, sino de una fantasía sacada
del baúl de los juguetes.
Estados Unidos no tiene las armas
que Laje te está describiendo, te está vendiendo mierda envuelta en papel
celofán. La mayoría de las armas de las que Laje podría presumir, creo yo,
están ahora seis metros bajo tierra en las estepas de Ucrania; que quede claro
esto: enterradas en el barro junto con los cuerpos de los pobres diablos que
creyeron en la OTAN. La gente de Ucrania está viendo cómo todo ese armamento
estadounidense y europeo, tan cacareado en los vídeos de Laje, se oxida en las
trincheras o es pasto de las llamas.
Entonces Laje te está hablando de
fantasías, de estupideces para el típico latino incauto e ignorante que no sale
de su burbuja continental y mental y se cree que puede entender el complejo
tablero mundial con eslóganes de cuatro minutos y gráficos de videojuego.
Entonces Laje se ha subido ahora, con su puticlub de nuevos conversos a la
geopolítica, a querer pretender hablar de estos temas. Y que quede claro: no
sabe un carajo, pero sí de desinformación y contraterrorismo.
Por favor, persigan sus estudios,
analicen sus métodos, pregunten siempre: ¿a quién sirve? ¿A quién beneficia
esta narrativa de opereta? Se ha subido al carro de la civilización de Baal, a
los adoradores de Satanás del capitalismo bananero y el nihilismo tecnológico,
a esta civilización satánica e infecunda llamada Occidente, que devora todo lo
sagrado en su afán de poder.
Ahora ya sabes en qué tono debés
abordar sus nuevos ensayos: con el vómito listo y la carcajada a flor de piel,
desmenuzando sus falacias con uno que otro matiz filosófico que nos recuerde
que, al final, toda política sin ética es simplemente otra forma de
prostitución del intelecto, y Laje, amigo mío, se cree la puta más cara del
barrio.
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